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martes, septiembre 26, 2023
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Terror y tierra

Durante sus cincuenta a√Īos de existencia, ETA, el grupo terrorista vasco, realiz√≥ m√°s de 3 mil atentados, cobrando la vida de cerca de 900 personas y generando miles de v√≠ctimas de la peor violencia en Espa√Īa. Sangre insaciable motivada por un nacionalismo extremo y una visi√≥n pol√≠tica de una radical izquierda separatista.¬†

Hasta 1997, ya sea por la violencia o por el apoyo social de su entorno, ETA hab√≠a logrado mantener su reinado de terror con expresiones menores de repudio y condena. Todo cambi√≥ el 10 de julio: el Concejal del Partido Popular en Ermua, provincia de Viscaya en el pa√≠s Vasco, Miguel √Āngel Blanco, fue secuestrado. ETA exigi√≥ que los terroristas presos fueran trasladados en 48 horas a c√°rceles cercanas, de lo contrario asesinar√≠an al joven pol√≠tico. De manera inmediata la sociedad espa√Īola reaccion√≥ como nunca lo hab√≠a hecho, rechazaron el ultim√°tum a su vida, millones marcharon al d√≠a siguiente, cientos de miles acompa√Īaron en vigilia en las principales plazas de Espa√Īa, esperando la hora cero. Y esta lleg√≥. Maniatado y con dos disparos en la cabeza, encontraron a Miguel √Āngel Blanco; s√≥lo sobrevivi√≥ unas cuantas horas. La reacci√≥n a su muerte fue descomunal, Espa√Īa entera tom√≥ el espacio p√ļblico y dos l√°pidas colectivas nacieron ese d√≠a, mismas que marcar√≠an el inicio del declive y fin de ETA dos d√©cadas despu√©s: ‚ÄúVascos S√ć, ETA NO‚ÄĚ y el epitafio ‚ÄúEl d√≠a que ETA perdi√≥ la calle‚ÄĚ. 


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¬ŅQu√© podemos aprender en Baja California de este lejano y terrible episodio? Que una comunidad puede, cuando lo decide, tomarse de los brazos y levantar la voz para iniciar el largo y dif√≠cil camino de enfrentar al mal, con lo √ļnico que tiene para detener la violencia: su contagio colectivo. Desgraciadamente no hemos sido tocados a√ļn por la solidaridad, empat√≠a y hermandad que le debemos a esta pen√≠nsula. Y es que la tierra de nuestro estado est√° manchada de sangre, toda inocente, porque nadie tiene el derecho de arrebatarle la vida al pr√≥jimo, fuera de aquellos que por ley deben de protegernos. Y tampoco hemos sido tocados por el hartazgo, la conciencia y el asombro, de caminar sobre tierra ensangrentada. Baja California es y sigue siendo tibia ante su nueva caracter√≠stica: el terror que habita en sus entra√Īas.

La normalizaci√≥n y asimilaci√≥n de la violencia nos est√° cambiando la cara, para mal. No podemos buscar, promover o presumir el desarrollo social, econ√≥mico y urbano de nuestro entorno cuando no aceptamos nuestro pecado social: la indiferencia individual y colectiva. Es tan grave nuestra apat√≠a, que, hasta esta reflexi√≥n desde la comodidad de mi espacio, es lastimosa. Como lastimoso es que este mismo d√≠a, el Presidente de la Rep√ļblica reconozca el incremento de la violencia en nuestro Estado, sin aportar ruta de soluci√≥n concreta, pero eso s√≠, poniendo √©nfasis en resolver el rancio conflicto interno entre representantes de su falaz transformaci√≥n: su exgobernador y su gobernadora; o que esta √ļltima, anuncie con total falta de tacto y oportunidad, un viaje de promoci√≥n tur√≠stica a Nueva York; o que nuestra alcaldesa s√≥lo se distraiga de su fotograf√≠a diaria, para defender a su Secretario que anda en eventos de Morena como servidor p√ļblico en funciones. As√≠ la indolencia de los m√°s interesados en que todo pase sin el menor ruido social.¬†

Pero para su desfortuna, la delincuencia organizada no es silenciosa. 


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El descubrimiento de fosas clandestinas que a este momento suman 15 cad√°veres, encontradas por padres de familia de hijos desaparecidos, es una lecci√≥n que Mexicali no quiere asimilar, que nuestros gobernantes no quieren enfrentar y que las corporaciones policiacas no explican. El juego de voltearse hacia otro lado y pensar que la vida continuar√° como si nada hubiere pasado, ya no es soluci√≥n. A nuestro municipio le lleg√≥ el momento de definici√≥n social y solidaridad que ego√≠stamente queremos retrasar, a la espera de un agravio de mayor terror. No es posible que aqu√≠, en esta tierra, con nuestros grandes anhelos y presunci√≥n norte√Īa, ignoremos la gravedad de sepulturas comunes que significan la p√©rdida TOTAL del orden p√ļblico, ya sea por criminal complicidad o detestable incapacidad del gobierno que nos hemos dado. 

Si permitimos la ruta de la frivolidad, simpleza y desinter√©s de la totalidad de nuestra clase pol√≠tica en algo tan grave, es sin duda responsabilidad nuestra. Si el dolor y desesperanza ajena es ignorada, nos habremos abandonado como sociedad y esta tierra ver√° cosas peores, como las ha visto el resto de M√©xico. 

Y es que por la cobard√≠a de evadir el pu√Īo en alto y el grito de NO M√ĀS VIOLENCIA, qui√©n terminar√° perdiendo la calle seremos nosotros y no los terroristas de la delincuencia organizada‚Ķ y tarde, en una plaza publica a√ļn m√°s peligrosa, nuestros hijos con miedo lo recordar√°n y nos lo reclamar√°n.

Héctor R. Ibarra Calvo

Correo: hectoribarra@idlegal.com.mx Twitter: @ibarracalvo

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