Sexenios, quinquenios, trienios y hasta bienios de gobiernos estatales y municipales van y vienen, todos afirmando que una de sus prioridades es reducir y abatir la violencia e inseguridad en Baja California y sus municipios, pero hasta el momento ninguno lo ha logrado.
Tan solo dos son los días que le restan a la “administración” del mini gobernador Jaime Bonilla Valdez, sin embargo, el desastre que deja tras su breve paso por el gobierno de Baja California es grande y perjudicará a la entidad y a sus habitantes por mucho más tiempo que su corto -pero caótico- mal gobierno.
En sexenios pasados, un día sí y otro también, en los noticieros de televisión, la radio y los periódicos impresos aparecían inveteradamente como nota principal la imagen, las palabras y los mensajes del Presidente de la República en turno; tanto que casi todos los diarios “cabeceaban” igual sus notas, en las que le “echaban porras” al Ejecutivo Federal. No fallaban; luego venia la otra información.
A quienes nacimos en Baja California o residen aquí desde hace mucho tiempo, nos duele -y harto- ver las condiciones desastrosas en las que han dejado esta entidad diversas administraciones estatales y municipales que han desfilado por el poder; destaca entre todas ellas la actual, por lo corto de su gestión, el rosario de pifias, errores y abusos acumulados.
Estos son los ingredientes para preparar un “sabroso” y problemático caldo o sopa (según se prefiera), con ingredientes de origen nacional y otros traídos del resto de nuestro continente -también de más allá- y que dan como resultado una posible crisis humanitaria cuya solución va para largo.
Uno.- Salta a la vista. En el Gobierno Federal y en algunos estatales encabezados por Morena, basta con que el Presidente López Obrador comente, reniegue, critique, sugiera o diga algo sobre algún asunto de su muy particular interés, para que más rápido que ya, se haga lo que él quiere. Lo obedecen sin chistar, a veces sin apegarse al marco legal.
Para iniciar la semana, el Presidente López Obrador arremetió de nuevo contra la clase media. La llamó egoísta, clasista, racista y ladina; antes, tras las elecciones intermedias de junio, la había calificado como aspiracionista, individualista, materialista, manipulable, partidaria de la corrupción.
Uno. - Dos situaciones relativamente recientes, pero harto importantes, evidencian que algunas de las ideas y acciones impulsadas por el Presidente López Obrador no son siempre tan legales. Resultan innecesarias, pero le son útiles para -aquí el refrán de la nonagenaria abuela- “medirle el agua a los camotes”.