Basta de corrupción


 
Cartaz Lunes, 1 Septiembre, 2014 03:00 PM

De las calamidades que lesivamente han agobiado a la humanidad podría incluirse la denominada corrupción, vinculada ésta al impropio y fraudulento proceso de la acción en asuntos administrativos de la función pública de los actuales Ayuntamientos, Gobiernos de los estados, empresas descentralizadas, etcétera. Los jinetes del Apocalipsis fallaron en el compendio total de las predicciones futuras al no haber incluido un elemento devastador, depravado y miserable semejante a alguna de las plagas de las profecías del apocalipsis. La corrupción que va en ascendente escalada cobra vigencia real en pleno siglo XXI en el contexto de los acontecimientos que se suscitan en la práctica común de los malos manejos de la administración pública, contratos, obras, convenios leoninos, fraudes, robos, presupuesto, etcétera, así como acopio personal de fortunas inexplicables. Las predicciones del Apocalipsis quedan involucradas en el protagonismo dantesco del latrocinio desmedido de la corrupción como infiel componente de quebranto de miseria y de la ausencia de  paz en la vida civil ciudadana. Las imágenes lacerantes de las plagas de las profecías se han quedado cortas al no haberse percatado de esta otra pesadilla corrupción, que aqueja y ataca por igual como mal endémico a los ciudadanos y que es por hoy el reflejo de una de las causas que laceran más la economía y el bienestar del país. La guerra, la hambruna, la pobreza, la enfermedad y la muerte son pesadillas y presagios que por hoy son reales y cobran vigencia de males y de pesares perenes de múltiples generaciones que en el devenir han resentido millones de ciudadanos de muchos de los estados de la federación mexicana. La difusión mediática de las estadísticas revela que cerca de la mitad de la población padece hambre y que esta abusiva acción criminal premeditada podría aminorarse, si acaso, el desvío inmenso de caudales robados fraudulentamente pudiese haber sido invertido en la infraestructura de la creación de nuevos empleos, educación, etcétera. ¡Corrupción!, en tu nombre has manchado el espíritu de la fuerza del trabajo, has deteriorado y ofendido la tranquilidad, no tan solo en el demérito de las instituciones públicas, sino a toda la sociedad que vive precariamente en un ritmo económico sumamente ajustado a sus necesidades. Un pueblo carente de las necesidades básicas que viven al día esperanzados en las promesas de nuevos proyectos de reformas con las estructuras propicias para conformar un mejor destino de convivencia y de superación ciudadana a la que aspira el mexicano. Bien se dice que México es el cuerno de la abundancia, porque por más que la plaga de la corrupción humana ha intentado acabar con su riqueza material, aún no lo ha logrado y falta hasta dónde puede llegar así una comunidad imposibilitada, una sociedad decadente. Dicho lo anterior, sería interesante poder adentrarse en la mente y motivaciones de quienes deberían integrar el servicio público de la administración y organización de cualquier dependencia gubernamental, pero probablemente nos llevaríamos un palmo de narices al constatar que el más honesto o que parecía, ha caído en la tentación del arca abierta. “La ambición no conoce más límites, que los de la ética personal”. “Es urgente que esto cambie, no podemos seguir siendo el país de memoria corta que les perdona todo al cabo de unos años. Cuántos sexenios más habremos de padecer sin que prodigados en la capacidad, el conocimiento y el estudio proyectado a estabilizar la economía del país los ciudadanos puedan recibir estos beneficios. Pero se seguirán escuchando gritos como el de aquel Presidente que dijo. “Mexicanos, prepárense para vivir en el primer mundo”. Ya no pertenecemos a economías emergentes del tercer mundo. ¡Prepárense para vivir en la riqueza! Sí. El mismo que dijo: ya nos saquearon, no nos volverán a saquear y defenderemos como un perro nuestra riqueza. Los casos recientes de corrupción de mayor impacto que hieren lesivamente a la sociedad moderna cometen delitos de corrupción y fallan en el concepto de organización, costos de poder, atribución de contratos, planos fallidos, falta de complementación de obras, proyectos alterados, piezas y materiales adulterados, incumplimiento de garantías, etcétera. El caso Oceanía, la línea 12 de Metro, la Profe Elba Esther Gordillo, máxima ex líder de la sección del SNTE de maestros trabajadores. El caso del ex secretario de gobierno michoacano Jesús Reyna, el de Andrés Granier, solo por citar algunos. “La deuda del rescate bancario del Fobaproa ha seguido creciendo y a febrero pasado alcanzó 845 mil 616 millones de pesos (aproximadamente 65 mil millones de dólares), sin contar los más de 52 mil millones de pesos que registró el saldo del programa de apoyo a deudores que se implementó durante los años aciagos de la crisis”. Por hoy, es insólito que se sigan erogando 20 años después “miles de millones de pesos anuales del presupuesto público para pagar apenas los intereses de aquella multimillonaria deuda, que se contrajo al rescatar los bancos IPAB (Instituto para la Protección al Ahorro Bancario), deuda que sigue creciendo año con año en términos nominales”. “En los últimos años se implementó en secreto un Fobaproa hipotecario del Gobierno Federal a través de la Secretaría de Hacienda, operó un rescate del sector financiero hipotecario por más de 40 mil millones de pesos que le llevó a contratar deuda con organismos internacionales. “Colapsó no solo las finanzas de intermediarios financieros y de los grandes desarrolladores de vivienda, sino también al filo del precipicio de la Sociedad Hipotecaria Federal”. Ya hubiéramos querido que montos de ese tamaño se hubieran destinado durante este tiempo a la educación superior en México o al desarrollo de impulso de infraestructura en el país, por lo que debemos exigir, con toda la energía, que la ley se aplique y se proceda en consecuencia contra quienes más nos están envenenando. ¡Basta de impunidad! ¡Basta de corrupción!   C. P. Raúl Dueñas Díaz

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