Después de la fiebre decembrina, de las compras, de las largas fila para cruzar a Estados Unidos, de las reuniones con familiares y amigos (a pesar de que no se recomendaban) en Navidad, Año Nuevo, Día de Reyes y demás celebraciones, llegamos a la primera quincena de enero del 2022 para encontrarnos con otros “regalitos”, cortesía de la gobernadora Marina del Pilar y del Congreso (sin H) local.
Tratándose de gobierno, cuando se deben tomar decisiones siempre hay que sopesar aquello que resulta de mayor beneficio para los gobernados, nunca lo que más provecho trae para el gobernante.
Imposible olvidar al “año viejo”. Y no me refiero a la popular canción del mismo nombre, compuesta por el colombiano Crescencio Salcedo y grabada originalmente en 1953 por Tony Camargo, pues a ellos, de perdida, les dejó cosas muy buenas: una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra.
Tiempo ha habido de sobra en estos casi dos años de padecer la pandemia, para reflexionar y redactar algunas ideas que van fluyendo; la percepción de una aparente seguridad en cuanto al Covid y las fechas decembrinas, son un motivo para compartir por esta vía tan solo una de las muchas que hay en el tintero:
Encuestas recientes dadas a conocer en forma profusa por los medios locales, y desde luego, por los respectivos equipos de comunicación de las interesadas, colocan a la alcaldesa de Tijuana, Montserrat Caballero, y a la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, como las mejores en su posición a nivel nacional.
Es lo menos que se puede decir del Presidente López Obrador y de quien, en los hechos, dirige la Secretaría de Salud, el doctor Hugo López-Gatell, ante el anuncio de la variante Ómicron del coronavirus; el primero llamó a celebración masiva y minimizó -otra vez- la pandemia que aún padecemos, en tanto que el segundo, fiel a su costumbre, dijo al respecto: “...tiene una mayor transmisibilidad que las variantes previamente conocidas, pero se ha exagerado su peligrosidad”.
Es uno de los refranes preferidos de mi nonagenaria y siempre sabia abuela, cuando se trata de indicar que alguien se muestra generoso, alegre y solidario con los de afuera, en tanto que con los de casa se comporta de manera distinta, sin importarle cómo se sienten: “Candil de la calle, oscuridad de la casa”.
En las primeras semanas de su administración la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila Olmeda, ha tratado de imprimir su sello personal al difundir las acciones que realiza. “Con el corazón por delante” parece ser la frase de su estrategia publicitaria, con la que intenta hacernos olvidar los pésimos resultados de los desgobiernos de “Kiko” Vega y Jaime Bonilla.
Sexenios, quinquenios, trienios y hasta bienios de gobiernos estatales y municipales van y vienen, todos afirmando que una de sus prioridades es reducir y abatir la violencia e inseguridad en Baja California y sus municipios, pero hasta el momento ninguno lo ha logrado.
Tan solo dos son los días que le restan a la “administración” del mini gobernador Jaime Bonilla Valdez, sin embargo, el desastre que deja tras su breve paso por el gobierno de Baja California es grande y perjudicará a la entidad y a sus habitantes por mucho más tiempo que su corto -pero caótico- mal gobierno.