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lunes, septiembre 14, 2026
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Jefes

En una oficina, el jefe está contando chistes y todos los empleados se están riendo. Todos excepto uno.

El jefe se percata de esto y pregunta en voz alta.

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– Qué pasa. ¿Por qué no te ríes? ¿No te hacen gracia los chistes?

El empleado, muy seguro de sí mismo, contesta:

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– Es que yo ya tengo base y contrato firmado.

– ¡Querida! ¡me mandó al cuerno mi jefe! – dice el hombre a su mujer.

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– ¿Y tú qué hiciste?

– ¡Vine inmediatamente a ti!

Autor: Un empleado.

 

Dos periquitas

Llega una señora a confesarse y le dice al cura:

– Padre, tengo un problema.

– Dime hija, ¿cuál es tu problema?

– Fíjese padre que tengo dos periquitas muy bonitas, pero lo único que saben decir es: “¡Hola! Somos de cascos ligeros, ¿quieres divertirte un ratito?”

Le contesta el padre:

– Eso está muy mal, hija, pero le propongo algo: yo tengo un par de periquitos a los que he enseñado a leer la Biblia y a rezar, tráigame sus periquitas, las ponemos en la misma jaula con mis periquitos y ellos les enseñaran a rezar y leer la Biblia.

La señora, encantada con la idea, le lleva las periquitas al día siguiente. Al llegar, ve que los periquitos del padre están en su jaulita concentrados, rezando el rosario.

Meten a las periquitas en la jaula que, fieles a su costumbre dicen:

– ¡Hola! Somos de cascos ligeros, ¿quieres divertirte un ratito?

Y uno de los periquitos del cura contesta:

– Hermano, ¡guarda los rosarios, nuestras oraciones han sido escuchadas!

Autor: Un periquito muy feliz.

 

El buen sastre

Este es un hombre que va a una sastrería de las que hacen trajes en una hora para hacerse un traje. Le toman las medidas y vuelve al rato a por el traje:

– Oiga, que esta manga me queda larga.

– Pues alargue ese brazo, ¡hombre! -dice el sastre.

– Hey, la pierna derecha me queda corta.

– Pues ¡estírala!

Y así sale de la sastrería: con una pierna encogida y el brazo alargado, renqueando, y en esto que lo ve otro y dice:

– Ve, que tipo tan deforme y lo bien que le queda el traje.

Autor: Una costurera.

 

El caso de Gil

Gil y Sam, dos amigos de la tercera edad, se veían en el parque todos los días para alimentar a las palomas, observar las ardillas y discutir los problemas del mundo.

Un día Gil no llegó.

Sam no se preocupó mucho pensando que quizá tuvo un resfrío o algo parecido.

Pero después de una semana que Gil no venía, Sam realmente se preocupó.

Sin embargo, siempre se juntaban solo en el parque y Sam no sabía dónde vivía Gil, por lo que no podía averiguar qué le había sucedido.

Pasado un mes, Sam fue al parque y sorpresa, ahí estaba Gil.

Sam estaba muy excitado y alegre de verlo, y le dijo:

– Por lo que más quieras Gil, dime qué te pasó.

Gil le contestó:

– Estuve en la cárcel.

– ¿En la cárcel? -replicó Sam- ¿Qué te pasó?

– Bueno -dijo Gil- ¿Conoces a Susi, la linda mesera rubia de la cafetería donde voy seguido?

– Claro -dijo Sam- Yo la recuerdo. ¿Qué pasa con ella?

– Bueno, un día me demandó por violación. A mis 87 años, yo estaba tan orgulloso que, cuando fui al juzgado, me declaré culpable y el maldito juez me sentenció a 30 días de cárcel por mentiroso.

Autor: Susi.

 

Pues adivinen

Se abre el telón y aparece un marino con un bat.

Se cierra el telón, se levanta el telón y aparece el marino sin el bat.

¿Título de la película?

¡Sin-bat el marino!

Autor: Un simpatías.

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Redacción Zeta
Redacción Zeta
Redacción de www.zetatijuana.com

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