Absurda, divertida y con algunos destellos de frescura son las palabras que mejor describen a “El final de la calle Oak”, la nueva película de David Robert Mitchell, que recupera el espíritu de “Jurassic Park” en un momento en el que la longeva franquicia de dinosaurios ha mostrado dificultades para renovar su fórmula.
La historia se sitúa en 1982, aunque el año se especifica casi hasta el final. Antes de esa revelación, canciones como “Hit Me With Your Best Shot”, de Pat Benatar, y “Turning Japanese”, de The Vapors, se encargan de establecer la época y sostener la ambientación ochentera.
El vecindario donde vive la familia Platt es trasladado, mediante una misteriosa esfera de luz, a una isla prehistórica. El fenómeno ocurre sin una explicación aparente y la producción tampoco se detiene a profundizar en sus causas, pues prefiere concentrarse en la supervivencia de los personajes y en la manera en que el peligro transforma sus relaciones.
Los dinosaurios aparecen a buen ritmo, una vez que los protagonistas han sido presentados y comienzan a establecerse los vínculos entre ellos. Esa decisión permite que el peso de la historia no recaiga únicamente en las criaturas y que la amenaza prehistórica se incorpore a un conflicto familiar previamente desarrollado.
El CGI juega algunas veces en contra de la experiencia debido a que ciertas imágenes resultan descaradamente artificiales. Sin embargo, no arruinan la cinta. Algunos animales, como el velocirráptor emplumado, incluso muestran mayor cercanía con las representaciones paleontológicas actuales.
Uno de los aspectos más sólidos se encuentra en los conflictos de la familia. Denise y Greg, interpretados por Anne Hathaway y Ewan McGregor, atraviesan un matrimonio deteriorado por el paso del tiempo, dificultades económicas y sus distintas ambiciones. El guion también enfatiza los patrones de conducta que han profundizado el distanciamiento entre ambos, lo que les brinda una complejidad psicológica mayor a la esperada dentro de una aventura de dinosaurios.
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Las historias de sus hijos, Audrey y Brian, son más convencionales: ambos enfrentan los conflictos propios de la adolescencia, como la búsqueda de identidad y la incertidumbre sobre el futuro. Aunque estas líneas narrativas no alcanzan la misma profundidad, funcionan como un engranaje emocional para conectar a la familia con el espectador.
Las muertes de vecinos y personas cercanas a los protagonistas son mostradas sin piedad. La violencia introduce situaciones traumáticas y un humor oscuro que alejan por momentos al largometraje del tono seguro de una producción estrictamente familiar.
En el apartado técnico, la fotografía recurre a ángulos específicos, composiciones cuidadas y encuadres estéticos. Cuando la amenaza prehistórica invade por completo el vecindario, la imagen adopta una textura granulada que recuerda a una cinta antigua y refuerza una identidad retro.
El ritmo llega a caer ocasionalmente en la repetición de persecuciones y escapes. No obstante, ese movimiento constante resulta coherente con la situación en la que se encuentran los personajes y se compensa mediante el humor, la tensión y algunos giros deliberadamente absurdos.
Su estreno coincide con el de “Paw Patrol: La Dino Película”, con la que comparte parcialmente al público familiar. También llega después de varias entregas de “Jurassic Park” y “Jurassic World”, por lo que su principal acierto no radica en presentar nuevamente dinosaurios, sino en colocarlos dentro de un vecindario ordinario y utilizarlos como detonantes de una crisis doméstica.
El desenlace es complaciente y cursi. La historia no explica con claridad cómo los personajes llegan hasta ese punto ni cuáles deberían ser las consecuencias de las alteraciones en el espacio-tiempo. Sin embargo, ese vacío lógico resulta congruente con una producción que nunca muestra demasiado interés por explicar el fenómeno científico, sino por emplearlo como una oportunidad para recomponer a la familia.
“El final de la calle Oak” no reinventa las historias de dinosaurios ni resuelve todas las interrogantes que plantea, pero encuentra suficiente personalidad en la nostalgia, conflictos familiares, violencia y humor absurdo para ofrecer una experiencia ligera y entretenida.






