Más de 70 años después de la última adaptación de “La Odisea” realizada por Hollywood, Christopher Nolan retoma el poema épico de Homero con una producción que lleva a la pantalla grande su magia, dramatismo y acción.
La cinta se presenta como una de las mayores apuestas cinematográficas del año y, aunque está construida con solidez, tarda en conectar emocionalmente con el espectador.
Al estilo característico de Nolan, el ritmo avanza mediante una narración fragmentada en la que el propio Odiseo, interpretado por Matt Damon, alterna al pasado desde un presente en el que ha quedado náufrago y solo tras la victoria en Troya.
El conflicto se desencadena cuando quebranta la ley de Zeus, basada en el deber de brindar hospitalidad y respetar tanto a quien recibe como a quien es recibido, al idear el caballo de madera como una falsa ofrenda para entrar en la ciudad y destruirla desde el interior con su ejército, hecho que termina por maldecir su camino de regreso con su familia.
A pesar de contar con un gran elenco, los personajes de mayor relevancia son Odiseo, interpretado por Matt Damon; Penélope, encarnada por Anne Hathaway, esposa del protagonista y reina de Ítaca; y Telémaco, interpretado por Tom Holland, hijo de ambos, quien nunca conoció a su padre porque este porque este partió a la guerra y no regresó.
El protagonista es el personaje más desarrollado y ocupa casi el 90 por ciento del tiempo en pantalla. En comparación, varios actores destacados del Hollywood actual parecen desaprovechados, aunque reunirlos sea un lujo que no cualquier director podría permitirse. Zendaya, Mia Goth, Lupita Nyong’o, Elliot Page, John Leguizamo y Jon Bernthal aparecen muy poco y, en el caso de la protagonista de Euphoria, apenas cuenta con algunos diálogos, lo que resta profundidad emocional a varios personajes.
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Holland y Hathaway, pese a ser quienes tienen mayor protagonismo después de Damon, se ven opacados por Robert Pattinson, quien interpreta a Antínoo, uno de los pretendientes de Penélope y un personaje cuya muerte realmente se llega a desear. Algo común en la filmografía de Nolan es la limitada profundidad o relevancia de sus personajes femeninos. En esta cinta, gran parte de ellos se define por sus vínculos sentimentales con los hombres y su desarrollo depende principalmente de esas relaciones.
Aunque el guion escrito por el británico podría verse limitado por la cantidad de personajes que intenta integrar en una cinta de 172 minutos, las actuaciones tampoco contribuyen a darles mayor profundidad y, en comparación con la solidez de otros aspectos de la producción, algunas quedan cortas.
En particular, el personaje de Holland resulta plano y transmite poca expresión o desarrollo emocional. La cinematografía, acompañada por la contundente música orquestal de Ludwig Göransson, se apodera de la atención de los espectadores y mantiene al límite de la ansiedad durante distintas escenas de acción.
Muchas de estas secuencias fueron realizadas mediante efectos prácticos y rodajes en locaciones reales, una práctica que ya es habitual en el cine de Nolan.
El CGI sí fue utilizado, aunque en menor medida, principalmente para criaturas y elementos mitológicos, como el cíclope (que fue en hecho con un animattonico) y las transformaciones en animales. Cada adversario presenta características propias y, pese a que la película encadena una batalla tras otra, las secuencias no se sienten repetitivas, pero a grandes rasgos, la historia podría percibirse alargada.
La historia es moralista, en términos sociales, logra representar mediante la mitología la corrupción de una sociedad en la que los intereses individuales buscan imponerse a toda costa, causando dolor y destruyendo la armonía colectiva.
Se trata de una historia que se sostiene por sí sola, pero que Nolan logra actualizar mediante el uso de cámaras IMAX, convirtiéndola en una experiencia cinematográfica de gran escala.
Con un presupuesto reportado de alrededor de 250 millones de dólares, “La Odisea” se encuentra entre las producciones más costosas del año y ha sido señalada como una de las películas con clasificación R más caras de la historia del cine.





