La tercera cinta de la franquicia animada canadiense, “PAW Patrol: La Dino Película”, promete cierta ambición narrativa al hablar del extractivismo, pero su planteamiento termina siendo poco congruente con el discurso que intenta transmitir aunque lo suficientemente redonda para complacer a su público meta.
La historia sigue nuevamente a los cachorros creados por Keith Chapman, aunque ahora el dálmata Marshall toma el protagonismo para explorar sus inseguridades a raíz de sus errores y torpezas, los cuales terminan por limitar el desarrollo de la trama de dinosaurios.
Todo comienza cuando, después de un rescate marítimo, una tormenta provoca que el barco en el que viaja la patrulla naufrague en una isla tropical desconocida, donde sus integrantes conocen a Rex, un cachorro parapléjico que ha permanecido varado durante dos años y se ha convertido en un experto en estas criaturas prehistóricas.
El equipo celebra el hallazgo y lo anuncia al mundo, donde todos se enteran, incluido su archirrival, el alcalde Humdinger de Foggy Bottom, quien, recién salido de la cárcel, se aventura en busca de extraer todos los diamantes del lugar.
La actividad minera desencadena accidentalmente la erupción de un volcán dormido, por lo que la patrulla debe emprender una serie de rescates para evitar la destrucción del ecosistema.
Visualmente, la producción resulta agradable y lograda con mucha acción; no obstante, sus diálogos son entrecortados, casi robotizados, además de tan plásticos y genéricos que algunos podrían superponerse en distintas escenas sin que hubiera mayor diferencia.
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La cinta critica el extractivismo en la isla, pero solo cuando lo ejerce el villano y no cuando los propios cachorros anuncian al mundo la existencia de un territorio habitado por animales que se creían extintos, con la intención de que sea explorado y sus especies estudiadas. De esta manera, la obra condena la explotación de los recursos naturales, pero no cuestiona la responsabilidad de sus protagonistas al exponer ese ecosistema al resto del planeta, una decisión que precisamente da origen al conflicto.
Además, “nunca rendirse” se convierte en la lección que más se repite y adquiere mayor peso, aunque se trata de un mensaje genérico que podría pertenecer a cualquier otra historia, incluso a una sin dinosaurios. Actualmente, producciones infantiles como “Transformers One” o incluso “Hoppers” abordan temas considerados políticos porque asumen que su público tiene la inteligencia para comprenderlos y presentan posturas más claras y congruentes.
Aunque las cintas dirigidas a las infancias no tienen la obligación de adoptar esa posición crítica, resulta satisfactorio cuando estos asuntos están bien planteados, sobre todo si la propia obra termina hablando directo al espectador sobre la importancia de “cuidar el planeta”, como lo hace esta dinopelícula.
Rex, también destaca las ventajas de vivir sin televisión ni wifi; una idea que tendría mayor fuerza si, al final, esa forma de vida no quedara desplazada por los aparatos electrónicos y autos que le brindaron los otros cachorros guardianes.
Por otra parte, la interpretación de Beth Cast como Harper suena, por momentos, plana y artificial que recuerda a una voz generada mediante inteligencia artificial: carece de emoción y se distingue con facilidad de las demás. Sin embargo, llega un punto en el que resulta difícil determinar si esto se debe a su interpretación o al propio guión. Ariadne Díaz y Marcus Ornellas suenan un poco más naturales, siendo este último quien tiene uno de los diálogos más cómicos, aunque tampoco logra escapar por completo de la rigidez de los diálogos.
La cinta fue dirigida por Cal Brunker, quien también escribió el guión junto con Bob Barlen.
“PAW Patrol: La Dino Película” se encuentra actualmente en cines.





