La tercera película de la franquicia lleva a los cachorros a una isla habitada por dinosaurios en una aventura capaz de complacer a su público infantil, aunque sus diálogos rígidos y un discurso ambiental poco congruente limitan la ambición de la historia.
Hombres y mujeres que abanderan causas y derechos de minorías, o en favor del medio ambiente, se convirtieron en víctimas de la violencia ejercida por caciques, intereses de empresas trasnacionales o del crimen organizado en México, sin que, en contraparte, se aclaren los hechos por parte de las autoridades o cesen las hostilidades que frecuentemente concluyen en asesinatos de las personas comúnmente conocidas como activistas.