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viernes, julio 24, 2026
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El descaro morenista

Durante las últimas semanas en prácticamente todos los municipios de Baja California se ha intensificado no sólo la ola de calor, también la ineficiencia de la infraestructura gubernamental para proveer los servicios básicos a los ciudadanos, sumiéndolos en condiciones deprimentes e indignas, sin agua y sin energía eléctrica.

Hay familias en Tecate, en Rosarito, Tijuana y Mexicali que llevan dos semanas sin agua, y a la escasez del líquido han sumado horas sin luz, sin energía eléctrica, debido a los apagones que se han dado en la entidad en épocas recientes.

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En la idiosincrasia del mexicano de burlarse de sus tragedias, los bajacalifornianos suelen bromear con aquello que tanto molesta al partido en el poder, “ahora sí parecemos Venezuela”, o “Ya estamos como en Cuba”, en el comparativo de la miseria propia producida por la escasez de agua y los apagones con las carencias que se viven en aquellos países, ambos bajo dictaduras socialistas.

Foto: César René Blanco Villalón

Es notoria la ausencia de inversión en la infraestructura eléctrica en México; incluso lo reveló en su libro Julio Scherer Ibarra, quien fue consejero jurídico en el sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador, de cómo en ese lapso no se invirtió en las redes eléctricas del país, pero nada. En Tijuana, o en cualquier municipio de Baja California (seguramente en otros miles de municipios también), se ven postes de luz de madera, doblados por el viento, a punto de caer de tanto cable que han de soportar ante las inclemencias. Transformadores de los años setenta del siglo pasado, cableado visiblemente antiguo y deteriorado; subestaciones eléctricas que no crecen ni se replican acorde al crecimiento poblacional.

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La falta de inversión en materia de energía eléctrica en el país está sumiendo a las ciudades en una oscuridad enfermiza. Se va la luz y los hospitales sufren apagones en sus máquinas; las familias ven cómo los alimentos que guardaban en refrigeradores y congeladores se van echando a perder; las computadoras registran daños, igual que los electrodomésticos; los semáforos no funcionan, la luz mercurial menos.

El colapso de la infraestructura moderna que se rige por energía y chips es inmediato. No hay telefonía, no hay acceso a internet, se paraliza la prestación de servicios; un café no puede activar sus máquinas, los bancos cierran, los comercios también; la industria descansa a sus empleados, las tintorerías interrumpen sus servicios, lo mismo que los mercados, las tortillerías. En un mundo digital, han de regresar al rudimentario cuaderno para anotar las ventas y a la calculadora para sumar el total de los productos si el cliente tiene la fortuna de traer efectivo en un mundo dominado por los plásticos, las tarjetas de crédito y los pagos por aplicación.

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Foto: Rubén Vázquez

Pero nada de eso preocupa al gobierno transformador. Son apagones y cada vez más frecuentes. No se ve una obra, una extensión, un programa de mantenimiento, nada; lo único que se observa, cuando la tragedia ya pasó, son reparaciones que se ven hechizas dada la poca duración que tienen. A la siguiente ventisca, mínima lluvia o brisa, volverán a fallar los cables, los transformadores, las subestaciones, porque no hay inversión para fortalecerlas.

Con el agua se está peor. En Baja California hace rato que no se realiza una inversión grande para ampliar los ductos, darles mantenimiento a los instalados en los años noventa o expandir las redes de distribución. Únicamente parches aquí y allá en colectores cuyas estructuras colapsan como si fueran de aluminio. El corte de agua, como el de energía eléctrica, es algo ya sistematizado para un gobierno incapaz de solucionar de fondo los problemas de su infraestructura. Justifican que escasea porque se consume mucho, lo mismo que la energía eléctrica. En verano, con las altas temperaturas, la sociedad requiere más agua y energía, pero las administraciones no se han preparado para ello y optan por el apagón y el tandeo del líquido, acarreando riesgos a la sociedad.

La escasez de agua provoca enfermedades, suciedad, crisis sanitarias, limita la higiene, obliga a los ciudadanos a convivir en ambientes tóxicos en sus propios hogares, vulnerándose a toda suerte de contagios, y genera gastos, pues ante la negligencia gubernamental se invierte en el almacenamiento de agua para soportar los cortes por algunos días, aunque duren semanas.

A este caótico ambiente de negligencia en la prestación de los servicios básicos, se suma el abandono en el que los gobiernos tienen a las ciudades. Calles con más baches que señalética, oscuridad por la falta de luminarias, inundaciones por insuficiencia del sistema pluvial, banquetas sucias por una recolección de basura ineficiente y una desorganizada limpia de la ciudad, zonas áridas por falta de agua, parques secos, jardines terregosos, animales que mueren de hambre en los zoológicos municipales… pero aun así, en ese ambiente de colapso de los servicios básicos, políticos de Morena andan haciendo campaña en todo Baja California, para hacerse de la candidatura al Gobierno del Estado en la elección del 2027.

El exalcalde de Tijuana, Ismael Burgueño, el exalcalde de Ensenada, Armando Ayala, el exdelegado del Bienestar, Jesús Ruiz Uribe, el exsecretario del Gobierno del Estado, Alfredo Álvarez, la exalcaldesa de Tijuana, Montserrat Caballero; hombres y mujer que ya estuvieron en el gobierno y tuvieron en sus manos, en su tiempo y compromiso, mejorar las condiciones de la infraestructura estatal o municipal, para mejorar la prestación de servicios básicos a la población. También estuvieron en una posición desde la cual podían exigir al Gobierno de la República más inversión para la entidad, para la red eléctrica o la distribución del agua, los legisladores que aspiran a la misma posición: la exsenadora Julieta Ramírez, la diputada federal Evangelina Morena, el diputado federal Fernando Castro Trenti, el diputado local y exalcalde de la ciudad, Jorge Ramos… pero ninguno lo hizo.

Foto: Cortesía

Ninguno de los que hoy andan en campaña por las ciudades, tocando puertas de casas que no tienen luz ni agua, aprovechó la oportunidad cuando estaban en el gobierno, para hacer obra, para generar inversión, para atraer atención federal, para exigir más y mejor infraestructura eléctrica, para alumbrar las ciudades, para exigir un sistema de distribución de agua acorde a las necesidades de la población. Nada, no tienen buenos resultados que presumir, para solicitar el voto a su favor, y eso es evidente en las condiciones deprimentes en las que están las ciudades. Lo que sí tienen es descaro para prometer lo que, cuando encabezaron gobiernos, no pudieron, no quisieron o no tuvieron la capacidad para hacerlo.

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Adela Navarro Bello
Adela Navarro Bello
Directora general del semanario ZETA, Consejero de Artículo 19 y del CPJ para las Américas, entre otros reconocimientos, tiene el Maria Moors Cabot 2021 de la Universidad de Columbia.

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