El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró este miércoles 10 de junio de 2026 que podría no renovar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), en el mismo día en que el gobierno mexicano reveló que los automóviles fabricados en el país enfrentan aranceles promedio de 18.75%, superiores a los que pagan competidores asiáticos, y que una delegación encabezada por Marcelo Luis Ebrard Casaubón, titular de la Secretaría de Economía (SE), viajará a Washington del 15 al 18 de junio para una segunda ronda de negociaciones formales.
Trump realizó las declaraciones durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, donde confirmó que discutía el asunto con los líderes de México y Canadá. La amenaza se produce en el contexto de la revisión obligatoria del acuerdo comercial, cuyo plazo formal vence el 1 de julio, aunque las negociaciones avanzan lentamente y es probable que no se cumpla esa fecha límite.
Ebrard Casaubón informó que la delegación mexicana estará integrada por funcionarios de la SE, el embajador de México en Estados Unidos, Roberto Velasco, y otros integrantes del equipo negociador. Precisó que el 1 de julio no representa la conclusión del proceso, sino el arranque formal de la revisión prevista en el tratado. “Lo que estamos haciendo es trabajar preparatoriamente con estas conversaciones y no esperarnos a después del 1 de julio para iniciar el trabajo. Eso fue lo que nos pidió la Presidenta y se acordó con Estados Unidos”, expuso el titular de la SE.
Uno de los principales argumentos que México llevará a Washington es la disparidad arancelaria que afecta a la industria automotriz nacional. Según un documento al que tuvo acceso Bloomberg, funcionarios del gobierno mexicano presentaron evidencia de que el arancel promedio aplicado a los automóviles mexicanos exportados a Estados Unidos es de 18.75%, frente al 15% que enfrentan vehículos procedentes de Corea del Sur y Japón. En términos concretos, eso significa que un automóvil de 50 mil dólares fabricado en México paga 9 mil 375 dólares en aranceles, mientras que uno de origen japonés o surcoreano paga 7 mil 500 dólares.
La diferencia se explica, en parte, por los acuerdos que la administración Trump firmó el año pasado con Tokio y Seúl: a cambio de comprometer inversiones conjuntas de 900 mil millones de dólares en territorio estadounidense, ambos países obtuvieron un techo arancelario del 15% para sus exportaciones automotrices, sin obligaciones de reglas de origen. México, en cambio, enfrenta aranceles de hasta 25% cuando sus vehículos no cumplen los requisitos del T-MEC, más un recargo de nación más favorecida de 2.5%.
Ebrard Casaubón señaló en un evento celebrado en mayo que la complejidad de las reglas de origen del T-MEC termina beneficiando a los fabricantes asiáticos. “Estados Unidos le pone un arancel fijo del 15% a Corea del Sur, que es un super competidor de México en materia automotriz, y a Japón, que tiene aceros de los mejores del mundo, y no les pone reglas de origen. Eso significa que pueden meter los componentes de autopartes que quieran”, afirmó. El titular de la SE añadió que en ocasiones es necesario analizar hasta 18 mil componentes de un vehículo para determinar su contenido norteamericano, un proceso cuyos costos de cumplimiento pueden representar un 3% adicional para los fabricantes mexicanos, según fuentes de la industria.
Publicidad
El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, reconoció a sus contrapartes mexicanas que los automóviles fabricados en México deberían estar en una posición más favorable que los de otros países, aunque su equipo no necesariamente coincide con los cálculos presentados por los negociadores mexicanos. Greer declaró ese mismo día a Fox Business que trabaja en protocolos sobre reglas de origen para garantizar que los productos comercializados entre ambos países “realmente se fabriquen en Estados Unidos y/o México, y no estén compuestos simplemente por una gran cantidad de piezas procedentes de China o Vietnam”.
La industria automotriz representa el 4.5% del Producto Interno Bruto de México, y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha buscado en los últimos meses impulsar el sector mediante reducciones de trámites burocráticos e incentivos fiscales. Del lado estadounidense, Trump presiona para aumentar la producción automotriz en ese país, cuya participación en el PIB cayó de cerca del 5% a apenas el 2.3% en las últimas décadas. A finales de mayo, el diario The Wall Street Journal reportó que la administración Trump buscaba que el 50% de los componentes de un vehículo sea de origen estadounidense para acceder a las preferencias arancelarias del T-MEC.
El T-MEC se negoció durante el primer mandato de Trump y entró en vigor el 1 de julio de 2020. Las señales del mercado son ya perceptibles: en octubre del año anterior, Nissan anunció el cierre de producción en su planta Compás, en México, y otros fabricantes asiáticos evalúan si mantener operaciones en el país sigue siendo rentable bajo el esquema arancelario vigente.




