Del Cártel de Sinaloa, el narcolaboratorio en medio del bosque

Fotos: Jorge Dueñes
 
Edición Impresa Lunes, 3 Septiembre, 2018 01:00 PM

En un año, el mega laboratorio encontrado por el Ejército en La Rumorosa, pudo haber fabricado hasta 73 toneladas de metanfetaminas, lo que se traduce en ventas por hasta 481 millones de dólares en Estados Unidos. Con equipo industrial de primera y miles de litros de precursores químicos, se trata de una de las principales inversiones del Cártel de Sinaloa para dominar el mercado de las drogas sintéticas en Estados Unidos, cuya demanda sigue en auge

 

El laboratorio de metanfetaminas más grande que se ha localizado en Baja California, pertenecía al Cártel de Sinaloa. No se encontraba dentro de la mancha urbana, sino en medio de árboles y pinos, en el ejido José María Pino Suarez, cerca de los poblados de La Rumorosa y El Hongo en Tecate.

Según cálculos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), este laboratorio instalado en la intemperie, pudo producir hasta 73 toneladas de metanfetaminas durante el año que operó. Esto representa seis toneladas al mes.

En términos financieros, estas 73 toneladas de cristal pudieron venderse en Estados Unidos hasta por 481 millones de dólares, considerando el costo de tres mil dólares por libra que alcanza la mejor calidad de metanfetaminas en el mercado negro de California.

Corporaciones de seguridad identifican la zona donde fue localizado el laboratorio, como parte del territorio que en Tecate controla el Cártel de Sinaloa y que se concentra principalmente en La Rumorosa y se extiende por Ensenada hasta Ojos Negros y Vizcaíno.

El dominio del Cártel de Sinaloa incluye tanto tareas de trasiego de drogas hacia Estados Unidos, como la producción de enervantes.

El reporte oficial del Ejército indica que elementos militares, específicamente la unidad perteneciente al 67 Batallón de Infantería de San Quintín a partir del operativo “El Pinalito”, dieron con el laboratorio al realizar operativos terrestres en el área. Ciertamente, semanas atrás, paseantes de la zona boscosa de Baja California, habrían alertado al Ejército de la presencia de hombres extraños en el área alrededor de donde encontrarían el laboratorio clandestino.

En un inicio, el operativo militar se concentró en reconocimientos desde unidades aéreas, pero la zona boscosa ocultaba las instalaciones, por lo que optaron por recorrer el área a pie.

Fue así como dieron con el laboratorio con capacidad para producir hasta 200 kilogramos diarios de la droga sintética conocida como cristal y con más de seis mil litros en precursores químicos y varios kilogramos de otras sustancias químicas.

Algunos de los elementos militares que participaron en el operativo inicial, narran que los gases generados por la combinación de químicos provocaron, no solo provocaron un fuerte olor en los alrededores, sino que incluso les llegó a causar irritación en la piel y los ojos, sin necesidad de contacto.

Por otra parte, a 26 kilómetros de la frontera con Estados Unidos, precisamente a la altura de Jacume, una de las principales zonas para el tráfico de personas y narcóticos entre Baja California y California, la ubicación del laboratorio resultaba estratégica para el trasiego hacia ese país.

15 tinas con una pasta rojiza a punto de convertirse en cristal

 

El coronel José Manuel Nolasco Fonseca, comandante del 67 Batallón de Infantería, explicó que la instalación de un laboratorio tan cercano a Estados Unidos representa no solo un ahorro en los costos y tiempos de traslado de la droga para la organización criminal, sino que además disminuye el riesgo de que los enervantes sean incautados.

 

Equipo con valor de más de tres millones de pesos

Desde el kilómetro 83 de la carretera federal libre Tijuana-Mexicali, en la entrada al “Bosque del Cóndor”, las unidades militares avanzaron 15 kilómetros sobre el camino principal que lleva hasta ranchos y campos turísticos.

A unos 100 metros de este camino de terracería, se instaló el laboratorio dividido en tres secciones, cubiertas por lonas a manera de techo, pero sin paredes, solo árboles y arbustos escondían el lugar.

En la primera área se encontraban diez calderas metálicas, cada una con capacidad de 500 litros, en donde iniciaba el proceso de fabricación.

Las sustancias químicas, como carbonato de sodio (en el lugar se encontraron 25 costales) e hidróxido de sodio (en el lugar se encontraron seis costales), una vez evaporadas, viajaban por tubos y se mezclaban con una sustancia líquida contenida en una piscina de plástico.

La sustancia líquida viajaba a su vez, a través de mangueras hasta dos contenedores metálicos de tamaño industrial con medición de presión y dos tubos verticales con dirección hacia arriba que emitían gases.

Otros de los químicos utilizados en esta primera etapa de elaboración es la acetona, sustancia que se encontró en un tambo lleno de 200 litros, así como el alcohol etílico distribuido en cuatro tambos metálicos de 200 litros cada uno.

Las áreas estaban conectadas a su vez por mangueras de plástico, transparentes o negras, que conducían las sustancias hacia otros dispositivos en la segunda etapa que contenía varios tambos con otras sustancias que se mezclaban para irle dando forma al producto final.

En la tercera parte se encontraban 15 tinas, cada una con capacidad de 500 litros. Todas contenían una pasta rojiza con destellos verdes que era el cristal en su penúltima etapa, antes del secado, que le permitiría terminar de solidificarse.

Al aire libre, cada tina tardaría una noche en secarse, pero adicional a esto, en el laboratorio se encontraron dos centrifugadoras industriales que aceleraban el proceso a unos cuantos minutos, ya que la rotación a gran velocidad de los aparatos en forma mecánica, separaba la humedad del producto hasta dejarlo listo.

Para ello, las máquinas requerían de energía eléctrica que les era suministrada a partir de generadores.

Además de esta droga a punto de terminar, militares localizaron diez tinas, cada una de 400 kilogramos con cristal ya fabricado y en espera solo de ser trasladado.

Parte del material adicional, fueron cuatro filtros metálicos con capacidad de 80 litros, seis condensadores metálicos con mangueras de dos metros cada uno, 28 tambos metálicos de 200 litros cada uno con removedor y dos galones metálicos con la leyenda “cola”, así como múltiples tanques de gas.

Tan solo de la droga ya concluida e incautada en el aseguramiento, las pérdidas se estiman entre los 301 y 475 millones de pesos, según el valor actual de la droga en California.

No obstante, su costo en el mercado negro aumenta conforme sube al norte de Estados Unidos.

Mientras que el equipo industrial, sin considerar los precursores químicos, tiene un valor de más de tres millones 600 mil pesos.

La investigación

No cualquiera puede adquirir el material e inmobiliario necesario para fabricar esta droga sintética.

La compra de precursores químicos como el hidróxido de sodio requieren de un registro que es llevado por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). Les es permitido solo a empresas dadas de alta en el Servicio de Administración Tributaria (SAT) y que cuentan con una razón social previamente autorizada. Lo mismo ocurre con el equipo industrial.

Por ello, en las investigaciones que conduce la Procuraduría General de la República (PGR), deberá revisar el padrón de la Cofepris para identificar cuál fue la razón social que adquirió el material localizado.

Así lo explicó el coronel Nolasco Fonseca, quien indicó que le corresponderá al Ministerio Público Federal, seguir la investigación requerida para encontrar cuál fue la empresa que colaboró con el narco en la adquisición de este equipo.

Mientras que respecto a los propietarios del terreno usado para la siembra y la fabricación de drogas sintéticas, el área pertenece a tierras ejidales, por lo que en su investigación, la PGR deberá también citar a los ejidatarios para deslindar responsabilidades.

 

Tres toneladas de marihuana sembradas, el pilón

En todo operativo militar de este tipo, los elementos deben revisar los alrededores para constatar que en el perímetro no se encuentre peligro. Fue así como, a menos de 300 metros de donde se localizaba el laboratorio, inmiscuidos entre la zona más boscosa, se localizaron dos plantíos de marihuana.

El primero con una extensión de siete mil 500 metros cuadrados con plantas de hasta 1.70 metros de altura y el segundo con una extensión de 12 mil metros cuadrados y una altura de 1.20 metros.

Entre árboles y ramas, el laboratorio

En total, eran cerca de 90 mil plantas con menos de 20 días para estar listas. Esto se traduce a casi tres toneladas de marihuana con valor de casi 10 millones de pesos en Estados Unidos.

Los cálculos del Ejército indican que esta zona de producción de droga inició hace dos años al sembrar los plantíos y de ahí se le añadió la zona del laboratorio.

El primer plantío estaba delimitado por una cerca de alambre de púas y contaba con una pila de agua construida con piedras y con una lona encima para no ser detectada desde las alturas.

Del pozo, colocado en una zona con más altura que los plantíos, salían mangueras gruesas, cada una con una botella de plástico perforada con varios hoyos, que trasladaban el agua hasta las plantas.

Ya que las plantas estaban casi listas para ser deshojadas y recortadas, algunas de estas mangueras habían sido deshabilitadas por los propios encargados del sembradío. Después de que se escogen solo las plantas hembra, precisamente de donde sale el cáñamo o fruto, mejor conocido como colas, estos trozos son acumulados y trasladados a otras instalaciones en donde, con ayuda de un compresor mecánico, se comprimen y se les da una forma rectangular para envolverlos en cita canela y transportar la marihuana en bloques o paquetes.

El Ejército detectó también que las semillas de las plantas pudieron haber sido manipuladas genéticamente, puesto que en un lapso de tres meses alcanzaron la madurez que en otro tipo de cannabis llega hasta los seis meses.

Las 90 mil plantas fueron arrancadas de raíz y sobre una cama de palos, incineradas en su totalidad, en un operativo militar.

Los campamentos y las tareas de halconeo

Si bien, en el área de laboratorio había un espacio dedicado a la cocina de alimentos y con casas de campaña, era en el segundo plantío donde se encontraba el campamento principal con una cocina que incluía un fogón improvisado de un tambo metálico y una mesa colocada entre ramas de árboles.

Elementos militares calculan que cada semana, las diez personas que habitaban ahí y se encargaban tanto de la fabricación de la droga como del mantenimiento de los plantíos, recibían alimentos para cocinar, así como agua y cervezas.

Esto, debido a la frescura de algunos artículos como huevos y tortillas. De igual forma, contaban incluso con una prensa para hacer tortillas.

A diferencia de otros plantíos, en este campamento, la basura estaba contenida en bolsas negras que seguramente eran llevadas por las mismas personas que les dejaban los alimentos, para así evitar ser detectados por personas que transitaran en la zona.

Como forma de comunicación, utilizaban radios de frecuencia, de los cuales solo quedaron los cargadores en algunas de las mesas.

Después de esta cocina mejor equipada, al subir una cuesta de unos 200 metros se encontraba un campamento más. Seis colchones colocados en el suelo y rodeados por lonas para simular una casa de campaña conformaban el área de descanso de los halcones.

La división de tareas era tan precisa que una persona se quedaba de guardia fuera del campamento y con una vista directa hacia la carretera y los caminos principales. Esto lo dedujeron militares al encontrar una almohada y una cobija debajo de un árbol en esta área.

Profesionales, quienes manejaban el equipo

En el mismo punto había artículos de higiene personal, como pasta y cepillo de dientes. De igual forma, había marcas dejadas con latas y otros objetos en diversos puntos en la zona más alta para vigilar los alrededores.

En parte gracias a la logística que el personal mantenía, sospechan los militares, es que pudieron operar durante tanto tiempo sin ser descubiertos.

De igual forma es que debido a este campamento en las alturas, pudieron huir al ver el ingreso de unidades militares, ya que no se reportaron detenciones.

 

¿Cómo se desmantela un laboratorio de este tipo?

Luego de que la PGR realiza el aseguramiento de los precursores químicos y la droga, así como la toma de muestras para su investigación, la dependencia federal contrata los servicios de una empresa especializada en manejo de residuos tóxicos.

Esta compañía, la cual recibe seguridad por parte del Ejército Mexicano durante el retiro de las sustancias y equipo, se encarga tanto del traslado como del almacenamiento o en su caso, desecho de los residuos del laboratorio de drogas.

Para ello, por ejemplo, utiliza camiones con plataformas para poder llevarse los aparatos de tamaño industrial.

Dejan ir al hijo del “Señor de los cielos” 

El estigma de ser el hijo de un connotado narcotraficante, como el extinto Amado Carrillo Fuentes “El Señor de los Cielos”, y haber estado preso varios años, no termina para Vicente Carrillo Leyva “El Ingeniero”, quien tras ser interceptado en un puesto de revisión en la Ciudad de México e identificarse con una licencia de conducir federal falsa, no fue impedimento para que pudiera continuar su camino.

El hecho se convirtió en todo un escándalo al interior de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina, pues los policías preventivos involucrados ahora son investigados por desobedecer la orden de retener al personaje y ponerlo a disposición del Ministerio Público por el uso de documento oficial apócrifo. Incluso, algunos mandos presentaron su renuncia y se desconoce su paradero.

El asunto se conoció una semana después de que el 23 de agosto, policías comisionados en un puesto de revisión en Avenida Presidente Masaryk y Mariano Escobedo, interceptaron una camioneta negra con vidrios polarizados para su inspección. En la unidad viajaban dos hombres, uno de ellos fue identificado como Vicente Carrillo Leyva, a pesar de que se identificó con una licencia de conducir expedida por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes a nombre de Andrés Favela Vega.

Los uniformados dieron aviso a sus superiores de la anomalía y cuando recibieron la orden de que no dejaran ir a Carrillo Leyva para que un fiscal conociera del asunto, ya era demasiado tarde, pues habían permitido que el heredero de Amado siguiera su camino. La Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México inició una carpeta de investigación contra cuatro policías y dos de sus mandos.

Alan de la Peña y Wilfrido Márquez, director y subdirector de la Coordinación de Unidades de Apoyo Técnico del Estado Mayor Policial de la SSP, presentaron su renuncia y ahora son buscados para conocer su versión de los hechos.

Vicente Carrillo Fuentes estuvo preso en el penal de máxima seguridad de Puente Grande por delitos derivados de su apellido. Primero fue detenido en 2009 por portar una credencial de elector falsa y después fue juzgado por el delito de lavado de dinero por tener en sus cuentas dinero de su difunto padre y por disfrutar de los bienes que éste le dejó, los que por cierto no estaban sujetos a algún aseguramiento ministerial.

En su momento, “El Ingeniero” declaró que usó el nombre falso de Alejandro Peralta Álvarez, ya que tras la muerte de su padre en 1997, tuvo que cambiar su vida y dejar de estudiar “porque fui perseguido y acosado por las corporaciones policíacas y nunca pude seguir estudiando”.

“También me obligaron a cambiar de nombre para poder llevar una vida lo más normal posible, ya que al presentarme con mi verdadero nombre, se me negaba la entrada a instituciones de estudios y de trabajo, obligándome así a cambiar mi identidad para poder trabajar y sostener mi persona y mi familia”, dijo la ocasión anterior Carrillo Leyva.

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