El México bronco ya despertó

Foto: Internet/¿Cómo creerle a Meade si no puede criticar ninguna política de Peña Nieto?
 
Opinionez Lunes, 5 Febrero, 2018 12:00 PM

En 1978, con motivo del aniversario de la Constitución Mexicana de 1917, Jesús Reyes Heroles pronunció un discurso que cimbró las conciencias de aquel tiempo y que hoy se ha actualizado. Decía don Jesús: “pensemos precavida y precautoriamente que el México bronco, violento, mal llamado bárbaro, no está en el sepulcro; únicamente duerme, no lo despertemos… “Todos seríamos derrotados si despertamos al México bronco”.

Este extraordinario discurso fue una verdadera reprimenda para el gobierno, los gobernadores y todos los partidos. Convocó a “completar la democracia política con la democracia social. Sostuvo también que México no era botín de ningún partido y de ningún político, sin importar su partido”.

Emplazó a estos últimos a “evitar que una camarilla se perpetuase en el poder, pequeñas oligarquías que decidan las candidaturas y representaciones sin consulta”. Resultó profético. El México bronco ya despertó, porque el PRI se alejó de las causas populares, perdió sus banderas y principios y se convirtió en instrumento de una camarilla de corruptos que, actuando como aplaudidores del Presidente, creen que México es su botín.

De qué nos sirve que la macroeconomía del país sea muy buena, o de qué sirve que se hable de grandes inversiones extranjeras en el país, o que haya muchos postores para la explotación de nuestro petróleo, si el pueblo no se beneficia de estas acciones. Si no se refleja en la mesa de las familias o en los bolsillos de los mexicanos.

Sí, hay grandes autopistas y aeropuertos, pero solo benefician a una pequeña oligarquía de políticos y a las constructoras, muchas de ella extranjera. Sí, hoy el México bronco despertó y ha mostrado su coraje, su decepción, su rabia acumulada, su frustración por la manera en que se han manejado las cosas en el país los últimos 18 años.

Sí, la pequeña oligarquía que criticaba Reyes Heroles, hoy maneja arbitrariamente y sin consulta al pueblo, no solo las candidaturas y representaciones, sino los jugosos contratos del gobierno. Sí, este pequeño, pero poderoso grupo se ha apropiado del control absoluto del país. De ahí las críticas severas en las redes sociales, las mentadas de madre, los abucheos, las pedradas y el rechazo popular a esa pequeña oligarquía, que cree que México es su botín.

Por eso, los mexicanos masivamente se han volcado a apoyar a AMLO, porque ven en él, no solamente la esperanza, sino la oportunidad de echar del poder a quienes han medrado y robado las arcas públicas. Por eso el triunfo del PRI se ve improbable, porque ha dejado de ser el líder de la transformación del país y solo representa a un grupo de políticos del Estado de México que se creen dueños del país.

Meade es un buen hombre, un excelente y capacitado funcionario, pero, aunque se diga  que es ciudadano, va postulado por un partido que ha traicionado sus ideales y principios básicos. Sí, el PRI ya no es el de Reyes Heroles ni el de Colosio. ¿Cómo creerle a Meade que va contra la corrupción, cuando en la presentación de su iniciativa estaba flanqueado por varios de los principales corruptos del país?

¿Cómo creerle a Meade si se le acusa, con razón o sin ella, haber triangulado recursos hacia el PRI a través de universidades, empresas fantasmas o gobiernos estatales; dineros que nunca llegaron al PRI, porque se quedó la mayor parte en manos de los intermediarios, mismos que lo acompañan, con gran cinismo en su campaña?

¿Cómo creerle a Meade si no puede criticar ninguna política de Peña Nieto, porque está maniatado por la disciplina impuesta por Videgaray o por Nuño y les debe la candidatura?

¿Cómo creerle a Mead si él es el artífice del gasolinazo y de las grandes aportaciones sin control a los gobernadores? ¿Cómo creerle a Meade cuando a través de los recursos federales, condicionaba a los gobernadores bailar al son que le tocaran desde la Secretaría de Hacienda?

Por estas y muchas cosas más, el PRI está desprestigiado; sin banderas, sin liderazgo. ¿Cómo creerle a Meade cuando está rodeado de tecnócratas sin sensibilidad y panistas resentidos, sin valores y sin autoridad moral? Y los políticos del PRI, esos están en la banca o de aplaudidores, cerca del candidato, esperando que los voltee a ver, para aplaudirle a rabiar, conformándose con las migajas que les avienten los jóvenes tecnócrata sin compromiso con México y sin emoción social.

Por todo ello, México, bárbaro o no, parece que no votará por el PRI.

 

Amador Rodríguez Lozano, es tijuanense. Ha sido dos veces diputado federal y senador de la República por Baja California; fue también ministro de Justicia en Chiapas. Actualmente es consultor político electoral independiente y vive en Tijuana. Correo:amador_rodriguezlozano@yahoo.com

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