Juan María Salvatierra (1648-1717)

Foto: Internet/Juan María Salvatierra
 
Opinionez Lunes, 11 Diciembre, 2017 12:00 PM

Espiritualidad del Apóstol Mariano

Del padre Salvatierra, lo podríamos recordar a partir de sus actos, como Jesús decía: “Por sus frutos los conoceréis”. El jesuita Miguel Venegas refería las dificultades para conocer la espiritualidad del padre Juan María. Gracias al trabajo de admiradores e investigadores del Padre de las Californias, podemos conocer su vida interior. Sobre ella nos describen rasgos primordiales los libros de: César Felipe Doria, Miguel Venegas, Miguel León-Portilla, Ernesto J. Burrus; Luis Sánchez Vázquez, Ignacio del Río y evidentemente en las propias Cartas del Padre Salvatierra.

Fue un hombre entregado a la oración -anota el padre Doria-, a la que le dedicaba, no solo el tiempo de las reglas, sino en sus misiones, donde empleaba las noches para tal actividad. En sus viajes frecuentaba orar, acción que adelantaba debido a otras ocupaciones necesarias.

En una carta a su amigo, el padre Juan Bautista Zappa, con quien tenía correspondencia de Espíritu, le afirmaba el padre Juan María que “nada había pedido nunca en la oración, que no hubiese obtenido”. Cuando habitaba en los colegios o donde hubiese la comodidad de una iglesia cerca, muy a menudo iba allí a adorar al Divino Sacramento, al que tanto amor le tuvo siempre, que hacía maravillarse y aun arder con sagrado fuego a cualquiera que lo veía asistir en los sagrados altares o le oía celebrar el divino sacrificio.

Nunca dejó de decir misa, salvo en casos de extrema impotencia o gravísimo impedimento; cuando celebraba estos ritos, se le veía el gozo en sus ojos, que derramaban suavísimo llanto.

Al afecto de Jesús Sacramentado, se unía un inalterable y sumo amor a la Madre de Jesucristo. A ella le consagraba todos sus sudores y misiones, a quien llamaba Reina de los Corazones y la Conquistadora de los Reinos. Singularmente, como siempre, mantuvo tal afecto a su Santa Casa de Loreto, que quiso alzarle una semejante en cualquier ciudad o tierra donde él fijase residencia o pasase solo de viaje. Vemos una fundada por él en Guadalajara.

En una de sus Cartas Fundacionales del Padre Juan María, presentadas por don Miguel León-Portilla (Loreto, Capital de las Californias). El padre escribe al Virrey: “Con el favor de María, quedaron vencedores estos pobres conquistadores”.

El jesuita Salvatierra era un sacerdote mariano, enamorado de la Santísima Virgen María. Lo vemos repartiendo rosarios a los tarahumaras.
Quienquiera que lea sus cartas -anota el padre Felipe Doria- advierte en todas un espíritu de humildad sin par. En sus discursos, jamás profirió palabra alguna que resultase en su alabanza ni para desviar el pensamiento con bromear sobre ello y ponerse en risa.

Por este mismo espíritu de profunda humildad, casi nada se sabe de lo mucho que obró en tantas misiones de los más remotos países y solo los padres, con los que vivió en nuestros colegios, lo refieren con expresiones muy significativas, las cuales hablan de lo mucho que se abajaba hasta los más viles empleos de enfermería y de oficina doméstica. Aquel vestir suyo tan pobre, ceder ante cada uno, sufrir las injurias, domesticarse con los más pobres indios y comer de lo suyo con ellos, lo hizo tener un comportamiento y manera de trabajar que nunca pareció nada altanero o altivo. (Doria, Vida del P. J. Ma. Salvatierra).

No solo entre las voces del pueblo, sino entre los más juiciosos, era recordado con un altísimo concepto de Santidad. Cuánto fue venerado por caballeros de cuenta, obispos, presidentes supremos y virreyes. Ciertamente que estaba bien fundado el común concepto de santo, el cual era corriente.

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali.

Correo: saeta87@gmail.com

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