“Viajé a Lisboa (Portugal) con mi dinero y sin descuidar mis responsabilidades”, afirmó al ser cuestionado, cosa que solo sería posible si tuviera el “don de la ubicuidad”.
Estas actitudes y conductas de excesos de la clase morenista son criticables precisamente porque su líder moral, fundador del partido y expresidente, Andrés Manuel López Obrador, pregonaba otra cosa, evangelizaba con vivir en la “justa medianía”, decía un día sí y los siguientes también, hasta el cansancio, que “no al derroche, es un cambio en la forma de vida, en general; no al dispendio, no al lujo, que lo que tengamos se use para lo indispensable”.
Adán Augusto López se mareó en su propia ola del tsunami lopezobradorista, y se creyó poderoso. Comenzó a impulsar a un grupo dentro del partido, y a ejercer el poder que creía tener al ser nombrado, como premio de consolación, senador y líder de la bancada de Morena en la Cámara Alta.
El Frente Nacional por las 40 horas llevará a cabo una manifestación el 8 de junio en Tijuana para exigir la votación inmediata de la iniciativa de reforma constitucional. Coparmex pide implementación gradual de entre 15 y 10 años.
El desencuentro entre los líderes de las bancadas morenistas, López y Monreal, no es por cuestiones ideológicas, por candidaturas, cargos para el equipo de uno o de otro, o por discordias en ideas legislativas o reformas en puerta. El encontronazo fue por lo único que pueden pelear: por dinero.
las opiniones de los flamantes legisladores del señor AMLO no son ni las más sabias ni las más exactas, si las comparamos, por sólo citar un ejemplo paradigmático: el Dr. Diego Valadez, inteligente, conocedor, centrado, claro y sencillo en su exposición, y tremendamente comprometido con México y su Constitución.
Y lo que es peor, destruyendo vidas y arrebatando patrimonios. En estos importantes casos, “acusar con la madre o la abuela”, según idea del señor Presidente, no ha servido de nada.