Nunca en la historia de la FGR en Baja California habían trasladado a un detenido con público en la acera para ser exhibido. No lo hicieron con Mario Aburto, a quien ocultaron; como tampoco con Jesús Labra, el financiero de los hermanos Arellano Félix; ni con ningún otro narcotraficante, asesino, secuestrador o criminal de altos vuelos, como lo hicieron con Ruffo.