El Poder judicial, con su descaro y resistencia regresiva, formó blindajes para defender los privilegios inauditos en un país con enfermedades curables, y una trinchera ideológica.
Andrés Manuel sabe de historia y sabe cómo distorsionarla, sabe cómo ser parcial. Así, vanaglorió a Lázaro Cárdenas, un personaje que transitó sin pena ni gloria por la lucha revolucionaria de inicios del siglo XX; aun así, lo equiparó con Flores Magón, Francisco Villa, Emiliano Zapata, y Francisco I. Madero.
Hace algún tiempo, el jefe del Ejecutivo dijo no estar de acuerdo que la situación económica del país sea medida a través del indicador denominado Producto Interno Bruto, aduciendo que ese indicador no refleja la realidad; y en su lugar propuso utilizar el nivel o grado de felicidad.
Hace falta la opción política de la clase obrera, la mujer trabajadora, la juventud trabajadora, los pueblos indígenas, los campesinos pobres, los migrantes, los desempleados, los que viven de su fuerza de trabajo.
Millones de mexicanos nunca habíamos creído que esta Patria nuestra llegaría a tener un Presidente tan especial como el que habita en Palacio Nacional. Se le admite todo, se aceptan sus descalificaciones; acusa, insulta, menosprecia y siente terror de que “le falten el respeto a su investidura”.
Es célebre la anécdota de un poderoso que, viendo a la Madre Teresa de Calcuta limpiar y besar las heridas de un enfermo pobre, el fulano le dijo a la religiosa: “Yo no haría eso ni por un millón de dólares”. “Tampoco yo ni por dos... Yo lo hago por amor a Cristo en la persona del necesitado”, le respondió.
El número de tomas clandestinas detectadas a lo largo de la actual administración representa un incremento de huachicol del 117% respecto al mismo lapso comprendido en el gobierno de Enrique Peña Nieto, cuando la paraestatal reportó 28 mil 835 tomas clandestinas, según el periódico El Universal.
La soberbia es, pues, todo lo opuesto a la “humildad”. Una bien llamada virtud que consiste “en el (re)conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento”. Algo que para los pseudopolíticos, resulta ajeno y que debería de ser una obligación, pues, al final, la naturaleza de la política radica en la colectividad.
Xóchitl Gálvez trae de ejemplo a Beatriz Paredes Rangel, ex senadora, ex dirigente del PRI. Usa la misma imagen, ropa de pueblo, chales coloridos, muecas, modos y discurso; se ampara en su vida pasada, sus luchas, su estudio y su pobreza de gelatinera.