Tal parece que la tragedia que dejó el paso de la tormenta tropical “Rachel” por Ensenada no sirvió de lección a las autoridades. Menos, las diez pérdidas de vida ocurridas en Maneadero, zona compuesta por cuatro ejidos: Sánchez Taboada, Esteban Cantú, Antonio Meléndez y El Pípila. En la localidad habitan alrededor de 90 mil personas, en su mayoría migrantes provenientes de Chiapas, Guerrero y Oaxaca, quienes trabajan en la siembra y la cosecha. Ante las carencias de las familias y la falta de un techo donde dormir, los asentamientos irregulares abundan en la zona. Incluso antes de la tragedia, decenas de familias vivían cercanos a los cauces de los arroyos Oaxaca y El Pípila, pese al riesgo que esto representaba. Cuando la tormenta “Rachel” azotó Ensenada el sábado 10 de octubre, la mayoría de las casas improvisadas fueron arrastradas por la corriente. Decenas de familias se quedaron sin hogar, sin pertenencias, sin nada. Pero ni siquiera han transcurrido dos semanas desde la desgracia y los vividores ya comenzaron a aprovecharse de la situación. Durante la presente semana, sobre el arroyo El Pípila, un área federal presuntamente administrada por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y vigilada por Protección Civil Municipal, aparecieron de la noche a la mañana por lo menos tres casitas improvisadas. A un costado del arroyo hay un gran letrero que, aunque tiene la lona destruida, todavía permite leer la leyenda: “Venta de terrenos en abonos, enganche desde 3,000 pesos”, y un número telefónico. Una de las casas parece estar a medio construir. Está edificada con pedazos de madera que lucen nuevos, tiene dos ventanas y en su interior se alcanzan a distinguir juguetes, cobijas y algunos muebles. Otra incluso tiene un automóvil estacionado frente a la construcción; está delimitada por una cerca de madera y alambre. Como techo, tiene láminas tipo teja, además de plástico y bloques que sirven como protección. “No cabe duda de que las familias desafían a la naturaleza”, comentó una de las personas que pasaban por el lugar.
¿Cómo es posible que las autoridades, tanto federales como locales, no se hayan dado cuenta de que el arroyo comienza a poblarse nuevamente? La prevención no consiste únicamente en desplegar brigadas de búsqueda después de una tragedia, sino en impedir que vuelva a ocurrir. Alguien debe explicar quién permite la instalación de estas viviendas y quién se beneficia de la presunta venta de terrenos.





