Capítulo 1
Fui un niño gordito, qué difícil es, nada de lo que te regalan te queda, los botones te botan, las llantitas se te ven por todos lados, en las fotos los “cachetitos” se te ven y donde llegas y hay comida, siempre hay un personaje que te dice “Pepito no comas de esto, no comas pastel, no comas churros” y ¡caramba! Es lo que más me gusta comer, no es fácil.
No puedes jugar con los niños porque tu peso te estorba, eres el peor deportista de la clase, eres el menos estimado como amigo y aunque definitivamente eres un buen estudiante, eso no te hace popular, mucho menos con las niñas porque el ser gordito te hace igual que feo, les das un poco de pena a tus padres y un poco de pena a los que se atreven a ser tus amigos; pero no te preocupes, ahí debajo de esa grasa hay un muchacho esbelto, guapo, con pegue y gran deportista, nomás hay que escarbarle un poco, en mi caso el cambiarme a la Ciudad de México y a un nivel de altura de dos mil metros, más el descubrimiento de que tenía problemas con la tiroides; más unos ejercicios que fueron añadidos a todo lo anterior y desde luego no a ninguna dieta, seguí comiendo igual, pero bajé de peso, me volví esbelto, me volví fuerte, me volví deportista y si quieres amigo lector, me volví hasta guapo.
Aprendí a ser líder y me convertí altamente popular, todos querían ser mis amigos, algunas querían ser mis novias, algunos me temían, pues era bueno para los “cates”, aprendí a hablar en público, aprendí a dirigir equipos y de pronto el ser gordito ya no fue problema, seguí comiendo igual, seguí siempre comiendo igual, de vez en cuando un pastel, de pronto una torta con ligera moderación, pero que agradable fue escaparme del caparazón, qué feliz fui, aunque sinceramente, por ahí quedan los complejos y reflejos de mi antigua gordura (gordurez).
Capítulo 2
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En mi salón de secundaria, los chicos más guapos, que de paso eran los más deportistas y populares, jugaban muy bien voleibol y nos ganaban todos los juegos a los gorditos y malos, entonces me senté con mi equipo de gorditos y malos y les dije “siempre con el equipo de voleibol hay entre los 6 contrarios el menos bueno o el malo, primero que nada, tenemos que detectarlo. En segundo lugar, dedicar tiempo a entrenar y pasar la bola y lograr que caiga en el punto que queremos. Tercer lugar, no habrá personas listas, es equipo, en cuarto lugar, tenemos que localizar al “perdedor del equipo contrario” la cancha y dispararle todas las bolas a él, en la posición que se encuentre de trasero o de delantero pues debemos habernos vuelto buenos en nuestra misión de castigarlo constantemente. Obviamente, al principio perdíamos, pero poco a poco la calidad de “¡equipo!” se fue imponiendo y empezamos a ganar todos los juegos, pues todas las tardes platicábamos y todas las tardes planeábamos como golpear al jugador débil y en el campeonato inter escolar nos volvimos buenos, y yo gordito o no, adquirí la calidad de líder, lo que con mis triunfos y los del equipo me dieron seguridad y me dieron el liderazgo que simultáneamente con la bajada de peso me hizo el anhelado popular.
Después por una extraña razón que no comprendo ni comprendí entonces empecé a correr, descubrí que tenía aire y podía correr largo tiempo y largas distancias, empecé a competir y empecé a ganar en lo único que podía hacer bien aparte de voleibol.
Con estos dos instrumentos mi popularidad creció, más una buena habilidad para pelear que me logró uno que otro triunfo con la bajada de peso con los triunfos de voleibol y de carreras, empecé a ganar y empecé a tener popularidad, bajé de peso y fui feliz.
Échale ganas amigo gordito, haz ejercicio, enamórate de una muchacha, haz la dieta que se te pegue la gana y quizás tendrás la oportunidad de la vida de escapar de la prisión incomoda del sobrepeso, pero no pierdas tu carácter, tu entusiasmo, tu alegría, “el dulce vivir”, pues lo demás pasará como resultado de hormonas, de ejercicio, de dieta, de amor y estoy seguro amigo gordito, hermano del alma que serás feliz.
Y por primera vez en tu vida vas a poder gozar de camisetas cortas mostrando músculo y de buenas asoleadas sin pena de aquello que no tienes la culpa pero que pagas el precio “las llantitas”.
José Galicot es empresario radicado en Tijuana, B.C.
Correo: [email protected]





