La violencia en Culiacán cobra trágicamente la vida del bebé Juan Alejandro y de otros menores, desatando el dolor de familias inconsolables y la exigencia ciudadana urgente de justicia y paz
La inocencia más pura se apagó de la manera más cruel la noche del pasado sábado, cuando el pequeño Juan Alejandro, de apenas dieciséis meses de edad, perdió la vida tras quedar atrapado en medio de una balacera.
El bebé se encontraba disfrutando de un momento cotidiano junto a su familia en la colonia Prados del Sur, al sur de Culiacán, cuando la violencia irrumpió sin previo aviso.
En cuestión de segundos, la tranquilidad de la calle se transformó en una escena de horror que dejó una profunda herida en el corazón de la comunidad y un saldo irreparable de vidas perdidas.
LA TRAGEDIA EN LA CALLE MAR DE CORAL Y LOS ESFUERZOS VANOS POR SALVARLE LA VIDA
Eran aproximadamente las 20:30 horas cuando la metralla alteró la paz de los vecinos en la arteria Mar de Coral. Un grupo armado abrió fuego de manera indiscriminada, convirtiendo una pacífica reunión familiar en un escenario de pesadilla.
Gravemente herido en el cráneo, el bebé fue llevado de emergencia por sus desesperados familiares a la Cruz Roja. Los médicos hicieron todo lo humano y médicamente posible para reanimarlo, pero la gravedad de la lesión hizo imposible mantenerlo con vida, sumiendo a sus seres queridos en un dolor inconsolable.
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UN LLAMADO DESGARRADOR A LA JUSTICIA: “MI HIJO NO NACIÓ EN GUERRA”
Ante el dolor indescriptible por la pérdida de su primogénito, su madre, Alejandra Armenta, alzó la voz con profundo desconsuelo para exigir que la memoria de su hijo no sea tratada como una simple cifra más.
Con palabras marcadas por la desolación, recordó que tanto ella como su esposo son personas de bien, trabajadoras, dedicadas por entero a ofrecerle un futuro digno a su pequeño. La exigencia de justicia resonó con fuerza, convirtiéndose en el eco de una sociedad indignada que observa con impotencia cómo los más pequeños continúan pagando el precio más alto de una crisis que vulnera los hogares más humildes.
EL SILENCIO DEL DOLOR Y UNA REALIDAD QUE LIGA A LA INFANCIA CON LA VIOLENCIA
La partida de Juan Alejandro se suma a una dolorosa lista de menores de edad cuyas vidas han sido truncadas por las balas en el estado, dejando vacíos imposibles de llenar en sus familias.
- Abelardo (8 años, junio de 2026): Resultó herido por la esquirla de un proyectil de arma de fuego durante un intento de despojo de vehículo perpetrado contra su familia en la colonia Guadalupe, en Culiacán.
- Menor de 3 años en la colonia Siete Gotas (junio de 2026): Fue lesionado a balazos junto con sus padres mientras se desplazaban a bordo de un automóvil que fue atacado por civiles armados, apenas dos días después del caso anterior.
- Wilbert (3 años, agosto de 2026): Quedó lesionado de gravedad por impactos de bala durante una agresión armada desatada en medio de una reunión familiar en Lomas de Tamazula.
- Sol Natalia (15 años) y Jesús Eduardo (17 años, diciembre de 2024): Sol falleció tras agonizar más de un año con quemaduras en el 80% de su cuerpo, provocadas cuando un grupo armado incendió un dispensario en la colonia Lázaro Cárdenas el 3 de diciembre de 2024, ataque en el que Jesús Eduardo perdió la vida instantáneamente a causa de heridas de bala.
- Alexander (9 años, enero de 2025): Perdió la vida en enero de 2025 después de que sujetos armados dispararan contra el vehículo en el que se trasladaba en compañía de su padre y su hermano en el sector Los Ángeles.
- Alexa (7 años) y Leidy (11 años, mayo de 2025): Las dos hermanas fueron asesinadas en mayo de 2025 durante una agresión armada registrada en la zona serrana de Badiraguato.
- Ricardo Mizael (15 años): Fue alcanzado de manera mortal por las balas en Culiacán cuando salió de su domicilio con el propósito de comprar leche y un biberón para alimentar a unos animales callejeros que había rescatado, un crimen que derivó en profundas protestas y marchas pacíficas de la sociedad civil exigiendo justicia.
Las muestras de solidaridad y los reclamos de justicia no se hicieron esperar por parte de ciudadanos y colectivos, quienes exigen un alto definitivo a la violencia que arrebata los sueños de la infancia. Mientras las autoridades continúan con las investigaciones para esclarecer los hechos, el recuerdo del pequeño permanece como un recordatorio desgarrador de la urgente necesidad de proteger a los niños y devolver la paz a las familias.





