Christopher Nolan se atrevió a emprender una aventura cinematográfica que es una verdadera locura: llevar el clásico de Homero a la pantalla grande.
Claro que se pierde la poesía, pero no la historia épica para un público contemporáneo que no fácilmente se concentra casi tres horas en una sala de cine.
Y es que es imposible perder de vista un detalle de esta poderosa narrativa que se vale de actuaciones geniales, un trabajo audiovisual excelso y una adaptación que se concentra en las pasiones, en la capacidad de hacer el mal y llenarse de culpas.
El punto de partida es el de siempre: Odiseo (Matt Damon) ha dejado su reinado en Ítaca para encabezar la guerra de Troya. Han pasado 20 años, aunque el conflicto bélico sólo duró una década. Esos años de ausencia exponen a Penélope (Anne Hathaway), a quien consideran la viuda de Odiseo. Muchos quieren su mano; el más ambicioso y despiadado es Antínoo (Robert Pattinson). Ante esta amenaza al reino de Ítaca, Telémaco (Tom Holland), hijo de Odiseo y Penélope, emprende un viaje en busca de su padre.
De travesía en travesía se forjan reflexiones sobre la guerra, la redención, la vileza; finalmente, es la naturaleza humana la que queda bien expuesta por Nolan y un tremendo equipo de realizadores que hacen un trabajo impecable desde el vestuario, la cinematografía, la iluminación, la banda sonora, la dirección artística, la escenografía, la edición.
Damon, Holland, Hathaway y Pattinson tienen el poder del elenco en sus manos, apoyados también por Elliot Page como Sinón, el soldado griego que es clave para la invasión con el famoso Caballo de Troya, y Zendaya promete como la diosa Atenea.
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Así es como Nolan nos entrega un largometraje espectacular, con mucha sustancia. ****
Punto final.- Qué increíblemente versátil es Tom Holland.





