La autora presentó en Tijuana “El corazón tiene razones que la razón no entiende”, su libro más reciente de cuento, publicado este año por la Universidad Autónoma de Nuevo León
La escritora bajacaliforniana Rosina Conde (Mexicali, 1954) presentó en Tijuana su nuevo libro de cuento “El corazón tiene razones que la razón no entiende”, editado este año por la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), un libro escrito con el apoyo del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) en la promoción 2022-2025.
La concurrida tertulia literaria se llevó a cabo el sábado 30 de mayo de 2026, en la Galería de Arte POP que dirige Pedro Ochoa Palacio (entre la obra pictórica de José Lobo), localizada en Edificio Brik, entre calles Negrete y Madero, a unos cuantos pasos de la Avenida Revolución de Tijuana.
“Escribí tres libros en los tres años que duró la beca, terminó en noviembre del año pasado (2025). Lo que yo hice, de todos los cuentos que escribí durante el tiempo que duró la beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte, fue escoger los que consideré que ya estaban terminados, que ya estaban como a mí me gustaban, como yo quería que quedaran”, refirió a ZETA a propósito de la colección de 10 cuentos contenidos en “El corazón tiene razones que la razón no entiende”.
DEL TEATRO AL CUENTO
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Algunas escenas de los cuentos de “El corazón tiene razones que la razón no entiende” de Rosina Conde son como muy teatrales o cinematográficas en el sentido de que se pueden imaginar las escenas. En ocasiones, incluso, una escena determina la estructura de un cuento.
— ¿Qué tanto el teatro ha influido en tu obra como cuentista? O en todo caso, ¿eres consciente de la influencia del teatro en tus cuentos?
“Sí, estoy completamente consciente. Mira, a mí el teatro me encantó, me gustó siempre. Yo en la preparatoria empecé actuando, haciendo teatro y escribiendo teatro. Aquí en Tijuana, cuando yo era niña y adolescente, había mucho teatro en Tijuana, incluso había declamadores. Yo me acuerdo que iba al Cine Bujazán a escuchar a los declamadores que venían de Ciudad de México o de otros lugares o de aquí mismo, porque antes los declamadores se presentaban en los teatros, y en el Bujazán yo de niña iba a escucharlos”.

“Me gustaba mucho declamar. Yo creo que este mismo interés por la declamación y por el escenario me motivó a la actuación, y pues me solté leyendo dramaturgos como loquita. Hubo una gran parte de mi adolescencia y de mi juventud, o sea, de los años de la Facultad, en que me dediqué a coleccionar obras de teatro y a leer teatro como desaforada”.
— ¿Cuáles autores de teatro leías?
“Michel de Ghelderode, Alfonso Sastre y todo el teatro del Renacimiento, español e inglés: Calderón, Lope de Vega, Shakespeare y teatro mexicano; de mis favoritos: Magaña. Sergio Magaña para mí sigue siendo uno de mis maestros, el mismo Víctor Hugo Rascón Banda y todo el teatro que se estaba haciendo en México. Yo iba mucho al teatro en Ciudad de México, pero luego llegó una etapa en que ya no pude seguir yendo al teatro ni al cine, por el exceso de trabajo, sobre todo por la costura y por la cantada, de que cuando están las obras de teatro estaba el fin de semana, jueves, viernes, sábado, domingo cantando. Entonces, dejé de ir al teatro, de ir a escuchar a mis amigos, de ir a lecturas literarias. Y entre semana, me dediqué muchísimos años a ser voluntaria de teatro y de cabaret, pues luego me pasaba las madrugadas cosiendo”.
“PROBLEMÁTICAS FEMENINAS”
Contenidos en “El corazón tiene razones que la razón no entiende”, los títulos de cuentos como “Lucinita”, “Angelina”, “Magdalena”, “Mujer del puerto”, “Rebeca”, Eurídice”, dan un anticipo al lector de que sus personajes son esencialmente femeninos, que comúnmente la autora tijuanense llama “personajas”.
— ¿Por qué gran parte de tus personajes femeninos están escritos en primera persona del singular?
“Porque a mí me gusta que sean los personajes quienes se desnuden ante el lector, precisamente para que no intervenga un narrador en tercera persona con todos sus puntos de vista que juzga al personaje o a la personaja. También por eso me gusta mucho la narrativa dialogada, porque también son los personajes que no nada más se dan a conocer a los lectores en cuanto a su manera de pensar, sino también en cuanto a su manera de hablar. A mí, desde que empecé a escribir, me ha gustado mucho trabajar con la jerga lingüística norteña, de nosotros, y que se manifiesten y se muevan en los escenarios en donde yo pueda descubrirme y donde yo me sienta familiar, porque luego hay muchos escritores –y no los critico, cada quien tiene su estilo– que nunca han estado en París y que sus historias se desarrollan en París, o que nunca han estado en la India y que sus historias se desarrollan en la India”.
— ¿Puede decirse obviamente que hay como una continuidad en tu obra en cuanto a los temas propios de la mujer o desde el punto de vista feminista?
“Sí, porque yo trato de trabajar temas que no han sido explorados en la literatura; problemáticas femeninas que aunque hayan sido trabajadas en la literatura fueron trabajadas por hombres, desde la psicología de un hombre, con los prejuicios, los valores y los juicios morales de los hombres. Entonces, a mí me interesa trabajar con personajes tanto femeninos como masculinos desde un punto de vista que no es el de la sociedad o que no es el del tratamiento tradicional de la literatura escrita por hombres”.
“HISTORIAS QUE MEZCLO”
Uno de los cuentos emblemáticos de “El corazón tiene razones que la razón no entiende” es indudablemente “Magdalena”, una prostituta que cuenta su historia a manera de monólogo.

— ¿Cuál es el origen de tus cuentos, como el de “Magdalena”?
“Pueden ser varias historias que mezclo, conjugo y que las convierto en un personaje. Por ejemplo, en el caso de ‘Magdalena’, la narradora es una prostituta vieja; ella cuenta a partir de los años 40, 50, más o menos, cuando el ser violada o haberte acostado con el novio antes del matrimonio, aunque lo hayas hecho conscientemente con consentimiento, pues ya estaba marcada, ya no servía para nada, ya no la podían ofrecer al mejor postor, su virginidad había desaparecido, entonces ya no tenía un valor como persona”.
“Entonces, en este caso yo conjugué algunas charlas que tuve con algunas prostitutas en La Merced allí en Ciudad de México. En La Merced hay muchas prostitutas de 60, 70, 80 años, que tienen clientes de hace 40, 50 años, y que los siguen atendiendo porque ya es más una atención psicológica y emocional que sexual. Entonces estas prostitutas que la hacen de psicoterapeuta, de mamá, es impresionante porque es una visión que luego no se tiene del servicio que prestan las sexoservidoras. Aquí ella está narrando desde cómo la violan, le quitan al hijo y luego se va a buscar una prima porque la corren de la casa, y pues la prima anda ya en las esquinas; ella es la que la mete a trabajar cuando ella tiene 14 años”.
“Es increíble que uno piensa que eso ya no existe. Luego te encuentras con casos actuales de muchachitas de zonas marginadas o de los pueblos de la provincia de México en donde les sigue sucediendo lo mismo, en donde siguen estando estos prejuicios en relación con la virginidad y en relación con su valor como mujer, su valor económico, su valor en moneda”.
— ¿Qué posibilidades de creación te da el monólogo?
“El monólogo es un flujo de conciencia, entonces, como flujo de conciencia el personaje lo que está sacando es todo eso que tiene enterrado ahí adentro y que le está mordiendo la boca del estómago o que le está haciendo un pellizco en el hígado que no la deja vivir. El flujo de conciencia es una forma de catarsis. El personaje está, para mí, en un estado de catarsis en el que está soltando todo aquello que le lastima, todo aquello que no le permite tener una vida tranquila; es lo que hace la gente cuando va con el psicólogo: hablar, hablar, hablar, hablar y vomitar todo lo que le abruma, todo lo que le molesta, todo lo que le lastima, todo lo que le hiere. Una vez que vas soltando, conforme más hablas de lo mismo, pues llega un momento en que te depuras, te limpias. El flujo de conciencia es una manera de psicoanalizarse, yo creo”.
“SI MIS CUENTOS FUERAN AUTOBIOGRÁFICOS, SERÍA UNA ESQUIZOFRÉNICA”
En cuanto a narrativa, Rosina Conde es autora de títulos como “Arrieras somos…” (Difocur, 1994, Premio Nacional de Literatura “Gilberto Owen” 1993), “Embotellado de origen” (Coordinación Nacional de Descentralización e Instituto Cultural de Aguascalientes, 1994), “La Genara” (CECUT/Conaculta, 1998), “Como cashora al sol” (Desliz Ediciones, Fósforo, Tipográfica, 2007), “Desnudamente roja” (Asociación de Libreros de Tijuana, UABC, Desliz, Instituto Municipal de Arte y Cultura de Tijuana, 2010), “Apostar la vida” (audiolibro en Storytel, 2024) y “El corazón tiene razones que la razón no entiende”.
— ¿Qué buscas lograr en un cuento?
“A mí lo que más me preocupa es que el personaje sea redondo, o sea, que todo lo que se presente del personaje sea creíble, independientemente de que el cuento sea realista o fantástico o lo que sea, el personaje tiene que ser creíble; todo lo que se diga tiene que tener una función dentro del texto, el diálogo tiene que hacer avanzar la acción. En la novela o en el cine puede haber diálogos que no trasciendan. En el cuento lo que importa es lo medular y todo aquello que tiene una funcionalidad”.
— ¿Por qué tus cuentos no son autobiográficos?
“He trabajado a lo largo de mi vida personajes muy diversos: amas de casa, prostitutas, empleadas de la maquila, vagabundas, profesoras universitarias, costureras, con personalidades y con problemas muy diversos todos. Entonces, si yo fuera todas ellas, si yo hubiera vivido todas esas vidas, sería esquizofrénica, o sería de personalidades múltiples; si mis cuentos fueran autobiográficos, sería una esquizofrénica”.





