El poeta Jorge Ruiz Dueñas fue el encargado de reseñar “El corazón tiene razones que la razón no entiende” (UANL, 2025) de Rosina Conde, el pasado 30 de mayo en la Galería de Arte POP de Tijuana.
Para empezar, de acuerdo con Ruiz Dueñas, que leyó un texto ante un público siempre atento, “el título de Rosina Conde nos lleva de la mano hacia la frase de Blaise Pascal, el físico, matemático y filósofo francés, cuya reflexión asentada en sus póstumos ‘Pensées’ de 1670 se vio asediada por la condición humana ante la razón y la existencia. De alguna manera, Antoine de Saint-Exupéry la recuperó para significar la intuición y la lógica del amor porque ‘lo esencial es invisible a los ojos’. Lo que no dijo el aviador caído a su extraviado príncipe, es que esa esencialidad suele ser lacerante. Fue Martin Heidegger quien encontró detrás de la supuesta fábula infantil -que no lo era- un pensamiento existencialista cuya destinataria subyacente fue Consuelo Suncín, su esposa salvadoreña”.
“Rosina Conde, por su parte, sin temor al uso de la primera persona, sabe también dejar a nuestra lectura el entendimiento de los hechos, sin ambages ni juicios de valor de ese médium habilitado como narrador omnisciente. Las opiniones son de los personajes. Pero en cualquier trama o estilo, la autora hace del lector parte viva del relato colectivo de acuerdo con sus propias experiencias -ya ocurrió subrayadamente con ‘La Genara’-, y esto es más atrevido que el discurso literario en boga”.
Agregó Ruiz Dueñas ante el público reunido en la Galería de Arte POP: “No sé si Conde recuerda que los antiguos creían que en el corazón residía en la mente, pero sin duda nos demuestra con sus letras que la intuición y las pulsiones violan las normas de la lógica. Una decena de relatos despuntan en el alba de su libro, donde la primera persona frecuentemente desplaza al narrador omnisciente u equisciente que ha de volver en registros memorables”.
Finalmente, no dudó a la hora de afirmar:
“La literatura de Rosina Conde no pasa de puntitas por la vida, como se lamentaba Oscar Wilde sobre su propia existencia. En el fondo marca la diferencia entre existir y vivir. Su obra, conviene advertirlo, está poblada por quienes desean silenciosa, pero intensamente, como la mayoría de los humanos, hacer su voluntad sin referentes ni ajustes de cuentas pendientes. Nuestro corazón disecado en el desierto, tiene que entrar al transcurrir de la vida plena de hastío, pero también de satisfacción cuando la causalidad parece casualidad y le da cierto sentido a la vida de adultos incómodos que conviven con esos corazones decididos a no saber de razones, sino de los impulsos y los relámpagos de la intuición. Esto es lo que hay en este libro transparente, sin razones ocultas”.




