“…El marxismo-leninismo enseña que un gobierno burgués o pequeño burgués no puede ser revolucionario y consecuente y, por tanto, abandona la revolución a mitad de camino. Es por ello que, si los comunistas de estos países están satisfechos y se quedan de brazos cruzados pensando que no es necesario hacer la revolución, que el proletariado no debe establecer su poder y su propia dictadura, porque el gobierno burgués en el poder es más o menos progresista, debe decirse que esto desde luego no son las ideas marxista-leninistas”. –Enver Hoxha, “La «ayuda» revisionista trae la cadena de la esclavitud” (11 de mayo de 1964)
¿Es Cuba socialista? Por supuesto que no lo es. Ni Colombia, ni Nicaragua, ni Brasil, ni Corea del Norte. Ni el régimen autocrático militar de la “4T”. Asimismo, mucho menos lo son las superpotencias como Rusia, China o España. Metrópolis y enclaves neocoloniales que de socialistas solo tienen la careta. Tanto los regímenes coloniales como los Estados colonizadores imperialistas mencionados no tienen absolutamente nada de marxismo-leninismo. Son reaccionarios y anticomunistas.
Un Estado de veras socialista proletario es una patria que efectivamente es libre, independiente y soberano. Donde ninguna superpotencia o monopolio capitalista tienen cabida. Donde la explotación del hombre por el hombre no existe. Donde la miseria y el hambre han sido desterradas.
En los territorios coloniales, que presumen ser de izquierda e independientes, quienes dictan la política a seguir son los todopoderosos trusts internacionales. Bajo esos regímenes vendepatrias la clase trabajadora y las masas paupérrimas son tan esclavas como en cualquier otro país capitalista de franca derecha. Los autócratas coloniales que alardean de ser “libres, independientes y soberanos” son unos charlatanes. Meros capataces, diligentes administradores de los todopoderosos inversionistas. Estrato burgués vendido, en cuerpo y alma a los extranjeros.
Tras las recientes bravatas, del cabecilla del imperialismo norteamericano, Donald Trump, contra la satrapía cubana, todos los politicastros de “izquierda”, tanto los enchufados en el aparato autocrático militar de la “4T” como los despreciables paleros de la “oposición” oficial, rompieron lanzas por Cuba. Ya antes se habían unido para defender al criminal déspota venezolano Nicolás Maduro. Hoy somos testigos cómo, de nueva cuenta, se han aliado para amparar a Cuba.
Publicidad
Los marxista-leninista-stalinistas han sostenido, desde décadas atrás, que el absolutismo que subyuga al pueblo cubano no tiene ni pizca de socialismo marxista. Esas reaccionarias dictaduras, que se hacen llamar “Socialismo del Siglo XXI”, como las que ya hemos mencionado, son enteramente regímenes de derecha con máscara de izquierda. Charlatanes que en el día “riñen” con sus respectivos amos imperialistas, pero que durante la noche duermen juntos. Defender a Cuba y a todos esos gorilatos “socialistas” no es otra cosa más que aupar al ogro burgués que martiriza al proletariado, en particular y a todo el pueblo en general. Los marxistas no defienden a tiranías. A esos orangutanes bananeros los ponemos en la picota y convocamos a las masas a combatirlos con arrojo. Para los revolucionarios proletarios esa “izquierda” no es más que la derecha disfrazada. Como aseguraba el titán soviético Jose Stalin.
¿Acaso se necesita una gran clarividencia intelectual para no darse cuenta que el despotismo militar de la “4T” no es más que un fiel y feroz cachorro del más cruel ladrón y asesino que jamás haya existido en la faz de la tierra? Y que por lo tanto su pregonado “socialismo” es un papel mojado. El verdadero socialismo es proletario o no es socialismo. El socialismo de la “4T” es un reaccionario y grotesco remedo.
En un país verdaderamente socialista no existe explotación ni desempleo, ni hambre. Mucho menos militarización. Ni retenes policiacos por doquier. Ni millares de cámaras espías. Quien afirme que los “Socialistas del Siglo XXI”, son verdaderos socialistas, una de tres, se trata de personas ciegas, de imbéciles o se trata de meros portavoces de la burguesía.
He aquí la pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre los nazifascistas de Argentina, Javier Milei, y de el Salvador, Nayib Bukele; y los “socialistas” de México, Claudia Sheinbaum y de Cuba, Díaz Canel? ¿Acaso no son, todos ellos, cerdos del mismo chiquero? Auténticos lacayos de la oligarquía financiera internacional en general y títeres de Washington en particular. Abiertos vendepatrias que se arrastran ante el hitleriano de la Casa Blanca.
Ahora pasemos a reflexionar sobre el “bloqueo” a la isla de Cuba. Desde siempre, el despotismo cubano ha culpado del atraso económico y social de la isla al “bloqueo” del imperialismo norteamericano. El descalabro del régimen castrista se debe, afirma con descaro la dirigencia cubana, al “bloqueo”. Eso no es cierto. El “embargo” que el imperialismo norteamericano ha llevado a cabo le ha servido al régimen cubano para encubrir su reaccionaria política antipopular. Política económica burguesa puesta en práctica para la obtención de la mayor ganancia que ha favorecido a los inversionistas de los todopoderosos monopolios internacionales (de Francia, Canadá, etc.). Ha sido el susodicho “bloqueo” yankee la cabeza de turco de los déspotas castristas.
Las otrora banderas: “Cuba primer territorio libre de América” y “somos un régimen marxista-leninista”, que enarbolaban en la década de 1960, fueron a parar al bote de la basura. Es una verdad conocida: el imperialismo yankee en múltiples ocasiones ha llevado a cabo el susodicho “bloqueo”, o sea, la prohibición para que ningún monopolio gringo, potencia secuas o país bajo la férula de Wall Street lleve a cabo transacciones económicas con determinado nación o régimen al cual EE.UU. busca doblegar o derrocar. A ese rufianesco y agresivo cerco le ha llamado “sanctions” o “embargo”.
Si comparamos lo que antes, a principios de 1960, la dirigencia cubana manifestaba con lo que después llevo a cabo, y que hasta la fecha sustenta respecto al susodicho “bloqueo”, podemos percatarnos que el giro que la dirigencia castrista dio fue en redondo. Hacia el polo opuesto, es decir, torció el rumbo hacia la derecha.
Al mismo Fidel Castro le tenía sin cuidado un posible “embargo”. Escuchemos las palabras del dirigente cubano siete meses después de haber conquistado el poder:
“No creo, tampoco, que habrá medidas de represión económica contra nosotros (se refería al posible bloqueo de EEUU). Sería agraviar más al cubano. Y eso haría más fuerte su vinculación y unidad con las metas del movimiento. Lejos de debilitarnos (el bloqueo), nos fortalecería una acción de ese tipo. Tampoco tememos al hambre. Con la Reforma Agraria, sin latifundistas, con la explotación de nuestra riqueza ganadera, pesquera, cafetalera, azucarera, por medio de cooperativistas (se refería a la colectivización del agro), con la mecanización del campo que estamos propiciando, tendremos que comer aun en casos de que sobrevengan crisis (en alusión a las crisis periódicas del sistema capitalista). Cuba es verde aun en invierno. Y hay sitios donde se dan cuatro cosechas al año. Hemos de conseguir que no quede un metro cuadrado sin cultivar. De Estados Unidos y Canadá, fundamentalmente, pero también de Japón, Alemania e Inglaterra estamos comprando maquinaria agrícola. El Che Guevara está de viaje en Oriente. Busca ampliar las relaciones comerciales, promueve nuevos contactos, nuevas operaciones”. (Entrevista del reportero estrella del periódico Excélsior, Julio Scherer, a Fidel Castro. 26 de Julio de 1959).
Firme, valerosa y admirable disertación de Fidel Castro. Al principio, cuando recién habían tomado el Poder.
Todo partido revolucionario, patriota o comunista, que lucha por liberar a su nación de las garras del imperialismo debe tener siempre presente que este tramara conspiraciones y motines una vez que los revolucionarios hayan conquistado el poder. Que lo acechara y los bloqueara. Lo hostigara ad perpetuam. Pensar que los monopolios internacionales se quedaran con los brazos cruzados es una puerilidad. Si los imperialistas se conformaran tan sólo con el embargo el país “bloqueado” saldría ganando. Fidel Castro esto lo tenía claro y lo entendía muy bien, y se lo manifestó a Scherer en la entrevista arriba citada.
Ahora veamos lo que dice, el señor Jesús Silva Herzog, un político pequeño burgués liberal cardenista. Fue ministro de economía de Lázaro Cárdenas. Escuchemos:
“El mundo capitalista es un sistema lleno de pugnas, luchas y contradicciones. Además, es un mundo en el cual la fiebre de lucro es la palanca que lo mueve; y a pesar de la solidaridad entre industriales y comerciantes, cada comerciante o industrial está dispuesto a traicionar a sus congéneres en cuanto percibe la posibilidad de un buen negocio”. (Del libro Una Vida en la Vida de México. 1986).
El bloqueo por sí solo no derroca regímenes (podría menguarlos, al principio; por un tiempo); sino que produce un efecto contrario, como bien afirmaba, Fidel Castro, en la entrevista, explicó: “Eso haría más fuerte su vinculación y unidad (del pueblo) con las metas del movimiento. Lejos de debilitarnos (el bloqueo), nos fortalecería una acción de ese tipo”.
Ahora, los castristas, se desdicen de lo que al principio sostuvieron. Y, ahí están los resultados patentes de haber abandonado el camino que al principio se habían trazado. Crisis económica, desempleo, miseria, migración, “apagones”, etc. Un caos social en que se encuentra la isla. Como cualquier otro Estado colonial capitalista subdesarrollado. Y digan lo que digan eso no tiene nada, absolutamente nada de socialismo marxista. Y, como afirmamos antes: el socialismo es proletario y marxista o no es socialismo.
Uno de los primeros pasos de un país que se libera del yugo capitalista-imperialista debe ser la expulsión de los oligarcas extranjeros que por años, décadas y centurias han exprimido a los trabajadores y tenido sometido al país. Expropiarles todo sin indemnización alguna. Encarcelar, enjuiciar y condenar a varios de ellos. Y fusilar a los más siniestros y sanguinarios. Por eso los auténticos marxista-leninistas desmienten a la camarilla de La Habana quienes cambiaron de “estrategia” y comenzaron a culpar de todos los males de la sociedad cubana al “bloqueo”. Fue el susodicho bloqueo el chivo expiatorio de los castristas, el causante de la pobreza y miseria del proletariado cubano. Durante los 67 años que los “comunistas” cubanos llevan en el Poder la cantaleta ha sido la misma.
No. No, en Cuba la culpa de las crisis periódicas que azotan la isla (como a cualquier otro país capitalista) la tiene el partido “comunista” cubano dirigente del Estado revisionista que se entronizo en la isla. Culpables fueron Castro y sus secuaces. Politicastros revisionistas kruschevistas que en lugar de poner el tren en rieles marxista-leninistas, auténticamente proletarios, lo pusieron sobre rieles capitalistas. Y las consecuencias del cambio de “estrategia” pronto hicieron brotar las pestilentes lacras burguesas: miseria, desempleo crónico, pauperismo, prostitución, etc.
Hoy somos testigos de cómo “sus” fábricas y maquiladoras producen para el mercado mundial, es decir, elaboran lo que ordenan los inversionistas extranjeros. Cuba, en vez de producir lo necesario para darle de comer a las masas populares y sacarlas de la mendicidad, se arrodilla ante la oligarquía financiera internacional. Que es quien ordena lo que se debe producir en la isla.
Ningún comunista honrado puede negar que los pueblos latinoamericanos cifraron muchas esperanzas, muchas ilusiones, en la victoria del pueblo cubano: Revolución armada victoriosa la cual fue una inspiración y un estímulo para los pueblos que luchan por sacudirse el yugo norteamericano. Pero estas esperanzas y esta inspiración se desvanecieron cuando vieron que Cuba no se enfilaba por el rumbo del socialismo proletario marxista. Sino por el rumbo revisionista. Por el rumbo que marcaba el imperialismo neozarista ruso. Cuba es hoy un estercolero donde han brotado toda clase de úlceras propias de las decadentes sociedades capitalistas.
En Rusia, en Albania, en Cuba y en todos los países en que ha sido restaurado el capitalismo tendrán los verdaderos marxista-leninista-stalinistas (por pocos y débiles que sean por el momento) que organizar a las masas trabajadoras para asaltar el poder y construir una patria libre, verdaderamente socialista, donde no haya hambre ni miseria, donde no haya desempleo ni crimen.
El proletariado se tendrá que erguir como titán y realizar grandes sacrificios. Deberá forjar, al calor de la lucha contra los opresores, su partido comunista marxista-leninista, única organización capaz de guiar al pueblo a la liberación completa y definitiva. Sin dicho partido es imposible conquistar el poder y conservarlo.
Los actuales epígonos de Fidel Castro no son más que unos cancerberos de los inversionistas extranjeros. Ellos, los castristas, aconsejan a los pueblos: “No hagan revoluciones, no saquen a patadas a los imperialistas de su país porque después sufrirán las consecuencias de un bloqueo”. Buenos portavoces se han conseguido los opresores.
Que se vayan mucho al diablo todos los malditos imperialistas y su jauría de vendepatrias. Un pueblo bien unido y organizado y con una alta moral revolucionaria, y sobre todo guiada por un auténtico, audaz y animoso Partido Comunista nunca temerá de bloqueos ni de ataques del imperialismo por más poderoso que este sea. Vietnam ayer y hoy Palestina son prueba irrefutable de que un pueblo decidido a vencer o morir es un pueblo que derrota a sus enemigos por más feroces y carniceros que sean.
Un país liberado del yugo extranjero se “bloquearía” a sí mismo y no dejaría salir nada de su país. Toda la riqueza se quedaría dentro de sus linderos. Ni petróleo, ni minerales, ni productos agrícolas, ni ganado, ni pescado… nada saldría del país. Todo seria para el disfrute de la clase obrera y de sus masas populares.
Castro y sus partidarios no tuvieron confianza en las masas obreras y prefirieron los “apoyos” (empréstitos, créditos y rublos) de los revisionistas, o sea, de los anticomunistas rusos, Nikita Kruschov y Leoniv Brezhnev.
Cuba, lejos de rebasar los marcos de un régimen democrático popular antiyankee y pasar inmediatamente a la instauración de la dictadura proletaria, prefirió el “apoyo” del neozarismo ruso, quedando convertida en un protectorado a disposición del capital ruso, primero; y después del capital canadiense, español, francés, chino, etc., etc. para que la isla de aquí en adelante produjera toneladas de azúcar, tabaco, pescado, café, minería, etc., para el mercado internacional.
Hoy en Cuba los complejos industriales capitalistas-imperialistas en donde se explota con saña al proletariado cubano en nada se diferencian de las de México. En ambos países son ergástulas de terror. De largas y agotadoras jornadas de trabajo y de salarios de hambre. Insalubres cárceles que enferman, mutilan y mandan a la tumba prematuramente a los trabajadores.
Por esta razón hace mucho que los marxistas-leninistas verdaderos afirman que en Cuba nunca ha habido socialismo. Dictadura proletaria, mucho menos. Lo que existe actualmente en Cuba es un régimen reaccionario, con careta de comunista, atento a los dictados del imperialismo internacional. Y ahí están los hechos, los irrefutables hechos, como decía el gran Lenin.
El “bloqueo”, repetimos, ha sido sólo el chivo expiatorio tras el cual se han ocultado por décadas los epígonos de Fidel Castro, sátrapas que han hecho de Cuba, nuevamente, una isla de vasallos. Un prostíbulo para que los cerdos turistas extranjeros, como Jeffrey Epstein y compañía, lleven a cabo sus orgias. Como en los tiempos del maldito dictadorzuelo, títere del imperialismo norteamericano, Fulgencio Batista.
No hay que olvidar cómo reconocidos anticomunistas y monstruos como Felipe Calderón, López Obrador, Robert McNamara, el Papa, Barack Obama, etc., etc., toda esa depravada chusma han “visitado” (algunos de ellos varias veces) la isla y pueden en cualquier momento regresar cuantas veces quieran. La satrapía cubana los habrá de recibir con efusivos besos y abrazos. Podrán pernoctar en los lujosos hoteles franceses. Y retozar en Varadero. Playa exclusiva para los multimillonarios cerdos extranjeros pero prohibida para los cubanos pobres. Negros ni a husmear.
En Acapulco, Cancún, en Los Cabos y otras playas de México la situación no es nada diferente. Y predican los sátrapas del régimen militar de la “4T” que ellos no son “ni racistas ni clasistas”. Pestilente es el reaccionario tufo que expele la otrora respetada y entrañable Cuba.
Que prosiga la “tierna” autócrata de Claudia Sheinbaum, apoyando a la dictadura cubana. Que siga mostrando su “humanismo”. Y que les aviente bazofia a los hambrientos esclavos cubanos, como lo hace con los hambrientos proletarios mexicanos. Ese altruismo no es más que superlativa hipocresía. Preguntamos: ¿Quién le ordenó, recientemente, al absolutismo militar de la “4T” detener el envió de petróleo al régimen castrista? ¿Acaso no fue el imperialismo norteamericano? Nada de independiente, libre o soberano es un régimen que acata las órdenes de los chacales de Washington.
Sigamos. Que continúe la “buenaza” dinastía de los Kennedy amparando a la isla; que Putin, Xi Jinping y demás autócratas-imperialistas del mundo sigan cobijando a la autocracia castrista. Que digan y hagan lo que quieran. Para los auténticos marxista-leninista-stalinistas Cuba es, hoy por hoy, un reaccionario feudo de esclavos (como lo fue en el siglo XVIII), hombres sometidos que se los reparten varios oligarcas internacionales para uncirlos al yugo y esquilmarlos en sus respectivas y modernas plantaciones que mantienen en la isla.
¿Se liberará Cuba de toda esa horda de desalmados esclavistas que la sojuzgan? Sí, siempre y cuando el proletariado se levante con iracundia (decidido a vencer o a morir) contra la clase rica opresora. Y forje al calor del enfrentamiento con el enemigo, su dirigencia revolucionaria, su auténtico partido comunista de batalla. No un partido de politicastros que sea comparsa del despreciable circo bufo electorero, que de tiempo en tiempo, levanta la burguesía, sino un partido de recio combate, de fuego, marxista-leninista-stalinista, que conduzca a todo el pueblo a la liberación definitiva de la opresión capitalista. Con un partido bolchevique como el de Lenin, Stalin y Enver Hoxha, el proletariado cubano podría alzarse en revolución y librar mil batallas victoriosas y conquistar el Poder. Porque mientras el despotismo castrista y sus amos los oligarcas extranjeros continúen en el poder. Cuba seguirá siendo un territorio de esclavitud.
De una cosa sí estamos seguros: si las bestias norteamericanas, encabezadas por el hitleriano y lenguaraz, Donald Trump, se atreviesen a invadir Cuba e instaurar en el Poder al gusano-cubano Marco Rubio, o a otro del mismo jaez, nada cambiaría en Cuba. Las cadenas sólo cambiaran de matiz. ¿Acaso cambió la situación de miseria y de pobreza del proletariado y de las masas populares de Irán con el reemplazo de la feroz monarquía del Sha de Irán por la sanguinaria teocracia musulmana?
Los alardes de los castristas, con Díaz Canel a la cabeza, de que cuentan con varios millones de voluntarios para enfrentar al imperialismo yankee es solo palabrería huera. Esos mismos alardes hacia el charlatán venezolano, Nicolás Maduro. Y antes el dictadorzuelo panameño Manuel Antonio Noriega. Somos de la opinión que en Cuba la negra reacción y los chacales de Wall Street sacaran del Poder a los castristas sin necesidad de disparar un solo misil.
Las condiciones subjetivas (conciencia, unidad, organización y un auténtico partido comunista de combate) en Cuba no existen, actualmente, para poder realizar una contraofensiva antiyankee como la espartana y admirable de 1962. En ese tiempo las bravatas y amenazas de John F. Kennedy no acobardo ni a la vanguardia revolucionaria ni al pueblo cubano que logro hacer recular a los criminales de Washington. Hoy el régimen cubano es odiado por las masas populares. Los castristas son una satrapía corrompida hasta los tuétanos. Gusanos burgueses nada diferente a los traidores batistianos que moran en Miami, Florida.
Un verdadero gobierno patriota ya tendría instalados los lanza misiles, como en 1962, apuntando hacia las principales ciudades de Estados Unidos. Entonces escucharíamos los estruendosos aullidos de los lobos carniceros de Washington. Pero en lugar de empotrar los lanza misiles y de armar a todo el pueblo la cobarde dirigencia cubana ha estado hablando de “negociaciones” y de “acuerdos”. Esa actitud significa que el despotismo cubano tiene miedo. Y que prefiere tranzar con los gorilas de Wall Street.
Glorioso es el pueblo de Gaza-Palestina que sobrevive en un territorio pequeño y con sólo dos millones de habitantes, sin embargo, han resistido con heroicidad el ataque de los norteamericanos. Los palestinos son respetados y admirados, en el mundo entero, porque a pesar del intenso bombardeo y de las miles de muertes, no se rindieron, ni entregaron las armas. Y lograron que el imperialismo norteamericano y su rabioso perro Israelita retrocedieran. Cuba, que tiene un territorio mucho más grande que Palestina y con alrededor de 11 millones de habitantes, podría hacer morder el polvo a los sanguinarios lobos. Iría la jauría yankee por lana y saldrían trasquilados. Como en Vietnam.
Preparar y armar al pueblo es lo que se necesita, hoy por hoy, para contraatacar y derrotar al enemigo. Los “acercamientos y “platiquitas” con los asesinos yankees es muestra de la cobardía de los castristas. Los cobardes como los traidores son gente detestable que merecen ser fusilados. Cuba volverá a ser admirada y respetada (como en la década de 1960) cuando el proletariado, en particular, y el pueblo pobre, en general se insurreccionen y derroquen al actual régimen que los sojuzga. Y cuando en la isla se instaure un verdadero régimen socialista. Mientras, no.
Sólo bajo un régimen de dictadura proletaria es posible que un país sea libre, independiente y soberano. No bajo un protectorado, como el de la autocracia de la “4T”. Despotismo colonial militarizado sometido a los dictados de Washington y a la oligarquía internacional.
Atentamente,
Javier Antuna.
Correo: [email protected]






