Sin condiciones para el regreso a clases

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Columnaz lunes, 12 julio, 2021 12:00 PM

En diciembre de 2020, previo a las reuniones de Navidad y Año Nuevo, la Universidad de Tecnología de Queensland en Australia, anunció la creación de AIRC, una herramienta que calcula el riesgo de la carga viral de sujetos asintomáticos del nuevo coronavirus de acuerdo al tamaño de la habitación, el tiempo de permanencia, la ventilación y el uso de mascarillas, y el tema se retomó ante la expectativa del regreso a clases.

De acuerdo con esta calculadora, que estima -no predice- el peligro de infección, en un aula de 50 metros con ventanas abiertas, entre 15 y 20 alumnos con mascarilla, y de dos a cinco horas de exposición, el “riesgo” es de un maestro y dos alumnos contagiados.

A siete semanas de que inicie el próximo ciclo escolar presencial, siguen sin estar dadas las condiciones para el retorno seguro de niños y adolescentes a las aulas.

Conforme a la versión oficial de la Secretaría de Educación Pública, Baja California es uno de los quince estados que realizaron un plan piloto de regreso a clases. Algunos alumnos asistieron a clases durante dos semanas en junio, en todos los casos, la presencia fue optativa y llegaron solo los jóvenes cuyos padres decidieron tomar el riesgo, que fueron pocos. Hubo salones con cinco alumnos.

El plan se aplicó en tres escuelas primarias con un reducido número de alumnos, en las que la asistencia fue optativa: una en San Quintín, otra en Ensenada y una más en Tijuana. En el caso de las secundarias, preparatorias y escuelas de nivel superior, decidieron dividir los grupos en dos y que estos asistieran en formato híbrido, mitad presencial, mitad en línea.

En BC, como en el resto del país, de manera normal, las aulas albergan entre 40 y 50 alumnos, si el retorno será a mitades, se habla de grupos de 20 o más niños o jóvenes, cifra muy por encima de los salones con cinco muchachos que asistieron a la prueba piloto que no reportó contagios en la entidad.

Contagios que sí ocurrieron en Ciudad de México, donde con las medidas sanitarias y grupos más grandes, reiniciaron clases el 7 de junio y las cancelaron el día 18 del mismo mes, después de reportar ocho contagiados y contando. Como los calculados por la herramienta AIRC de la universidad australiana.

Además, es pertinente recordar que a diferencia de Europa o lo que ocurre en otros países como Estados Unidos, en la mexicana Baja California, los adolescentes entre 12 y 17 años no han sido vacunados, a pesar que el 11 de junio, el Comité de Moléculas Nuevas y el Subcomité de Evaluación de Productos Biotecnológicos de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) aprobó la vacuna Pfizer para este sector de edad. La Secretaría de Salud no ha dicho cuándo.

De hecho, entre el 17 y 24 de junio, cuando Baja California aplicó la vacuna Johnson & Johnson a jóvenes entre 18 y 30 años, aceptaron inocular a menores de 17 años y nueve meses, pero debieron suspender por orden de la Federación.

Tratándose de menores de 12 años, las autoridades de salud de los países -salvo China, que ya vacunó a menores entre 3 y 12 años con Sinovac– siguen analizando cuándo y en qué condiciones serán vacunados.

“La verdad es que los menores no tendrían que vacunarse si todos los adultos lo hicieran. Sin embargo, sabemos que una gran parte de los adultos no se van a vacunar, y eso deja a algunos niños vulnerables, y por eso necesitan la vacuna”, dijo a CNN en junio, la doctora Amy Edwards, directora médica asociada de Control de Infecciones Pediátricas en el Hospital UH Rainbow Babies and Children’s de Cleveland.

En este contexto, el personal de Pfizer en México ha anunciado la probabilidad de tener una vacuna para niños de primaria, en el mejor de los casos hasta finales de septiembre.

Ahora, el peligro de enviar a niños y adolescentes sin vacunar a las aulas, se multiplica en el caso de Baja California, si recordamos que, en los últimos diez días, el secretario de Salud, Alonso Óscar Pérez Rico, ha sido enfático en advertir que la cepa Delta del SARS-CoV-2 que lleva aproximadamente quince días causando terribles estragos en Baja California Sur y California, hará inminente acto de presencia en esta región.

Incluso, algunos médicos aseguran que ya hay enfermos de COVID Delta, pero no han sido detectados en las pruebas (solo una de cada diez muestras se envía para su estudio).

De acuerdo con los especialistas, esta variante es 60% más contagiosa e infecciosa, y al no estar vacunados, niños y adolescentes serían las víctimas más vulnerables, y el regreso a clases presenciales, que significa un aumento del contacto social, detonaría el riesgo de contagio.

La correlación entre el aumento de la convivencia de los menores de edad no vacunados y más contagios, ya se evidenció en Inglaterra, donde un estudio reveló que el contagio de COVID fue hasta cinco veces más prevalente en niños en esas condiciones de mayor contacto; o en Estados Unidos, donde la semana finalizada el 17 de junio, se reportó que los niños representaron casi el 25% de los nuevos contagios semanales, como reveló en portal ConSalud.es

En Baja California, con instalaciones insuficientes, la Secretaría de Educación Pública ya se prepara para habilitar salas de juntas, almacenes, laboratorios y cualquier espacio extra como salones de clases. Algunos tal vez utilicen los patios, también planean dividir grupos, que todos tomen la mitad de las clases de manera presencial y virtual.

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés) recomienda que las escuelas sean lo primero en abrir cuando las autoridades comiencen a suprimir las restricciones, porque el encierro ha sido devastador en los menores en términos de aprendizaje, protección y bienestar, llegando a casos de depresión y afectaciones en los hábitos de sueño y alimentación en su desarrollo emocional y cognitivo.

Pero tratándose de niños y adolescentes en edad escolar, frente al brote de una nueva cepa más contagiosa de COVID y sin vacunarse, su condición sigue siendo de vulnerabilidad y la decisión de regresar a clases presenciales es compleja.

Por eso, más allá de las instrucciones de las secretarías de Salud y de Educación, corresponderá a las familias la responsabilidad de decidir, de participar a través de las asociaciones de padres y exigir trabajar de cerca con los epidemiólogos y sus gobiernos para definir las condiciones y el mejor momento para reabrir las escuelas, el cual difícilmente será antes de vacunarlos o antes de controlar la pandemia.

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