Anulan condena a quien empujó carrito donde escapó “El Chapo”

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Edición Impresa Lunes, 19 Noviembre, 2018 01:00 PM

Tribunal ordena a juez que condenó al hombre que empujó el carrito de lavandería en el que escapó Joaquín “El Chapo” Guzmán en 2001 de Puente Grande, que deje sin efecto la sentencia y reponga el procedimiento para dictar un nuevo fallo. A 17 años de su encarcelamiento, Francisco Camberos espera que la nueva resolución le ponga en libertad. Durante su estancia en el Cefereso Número 8 en Guasave, Sinaloa, “El Chito” perdió diversas piezas molares y tuvo que tramitar amparo para que le pusieran prótesis

A poco más de tres años que promovió un amparo directo y al tiempo que se inició el juicio contra el narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán en Estados Unidos, Francisco Camberos Rivera “El Chito”, ex empleado de mantenimiento del penal de Puente Grande -que ayudara a escapar al capo en su primera fuga en 2001-, obtuvo la protección de la justicia federal en contra de su sentencia de 25 años ocho meses de prisión.

El amparo que le fue concedido a Camberos en el Quinto Tribunal Colegiado en Materia Penal de la Ciudad de México, ordena al Cuarto Tribunal Unitario del Primer Circuito y al Juez Décimo Primero de Distrito de Procesos Penales Federales en la Capital del país, dejar sin efecto la sentencia condenatoria y reponer el procedimiento para subsanar “vicios de fondo”.

La resolución, que tuvo un importante retraso debido a que los magistrados pretendieron una fallida atracción por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), ya fue notificada al reo en el interior del Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) Número 8 Norponiente en Guasave, Sinaloa, donde se encuentra internado desde hace más de cinco años.

Por su parte, las autoridades responsables que habrán de reponer el procedimiento para dictar una nueva sentencia a Camberos Rivera solicitaron al Tribunal Colegiado otorgar un mayor plazo para cumplir con la ejecutoria del amparo, ya que la causa penal de la primera evasión del “Chapo” Guzmán consta de casi un centenar de tomos. Los magistrados otorgaron un plazo de veinte días hábiles.

A la fecha, Francisco Javier Camberos “El Chito” lleva preso 17 años, luego de que se entregara a la justicia en Ciudad de México apenas unos meses después de la fuga de Guzmán Loera del Cefereso Número 2 de Puente Grande el 19 de enero de 2001, y al que presuntamente apoyó por “humanidad”, pues se había vuelto su amigo y patrón en los últimos meses de reclusión en Jalisco.

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La estancia en cárceles de máxima seguridad, tanto en Altiplano como en el llamado penal de la “300” entre Guasave y Los Mochis, Sinaloa, no ha sido placentera para quien ingresara a laborar al sistema penitenciario federal en la década de los noventa como electricista. De hecho es el único de todos los involucrados -unos cincuenta- en la evasión del recluso que continúa encarcelado y sobre el que recayó la condena mayor de 25 años ocho meses de prisión.

Cohecho y delincuencia organizada fueron los delitos por los que “El Chito” recibió la pesada sentencia de primera instancia por el extinto Juzgado Cuarto en Materia Penal de la Ciudad de México, confirmada posteriormente en el Cuarto Tribunal Unitario del Primer Circuito.

Con anterioridad, el convicto promovió incidentes para obtener su libertad de manera anticipada y la compurgación simultánea de una segunda pena por el delito de evasión de presos, pero no fue favorecido por las autoridades judiciales, situación que lo movió a interponer el amparo directo en contra de la sentencia que más le agravia.

 

NARRATIVA INVEROSÍMIL

La versión de Francisco Javier Camberos Rivera es la oficial. La única que consta en el expediente, aun cuando “El Chito” no era localizado durante los primeros ocho meses de la investigación. Después, a finales 2001, con una declaración notariada en mano, se entregó a las autoridades. Su testimonio, que ya llevaba escrito, corroboraba la versión de que “El Chapo” Guzmán escapó en un carrito de lavandería, empujado por el empleado del Cefereso.

Otras hipótesis, extraoficiales y nunca comprobadas, refieren que el ex líder del Cártel de Sinaloa escapó del penal de máxima seguridad de Jalisco cuando ya era buscado por fuerzas federales en el interior del centro penitenciario. Que habría salido disfrazado de policía federal preventivo con pasamontañas, al egresar el contingente que le buscaba a él.

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En su testimonio escrito, “El Chito” refiere que conoció al interno Guzmán Loera con el que estableció nexos de amistad a inicios del nuevo milenio, cuando el sinaloense se encontraba encerrado por delitos contra la salud, portación de arma de fuego y asociación delictuosa. “Era muy amigable y platicador”, expresó el indiciado en la declaración presentada en septiembre de 2001.

Durante el tiempo que pasaba por el módulo del “Chapo” llegaron a intercambiar alimentos. Camberos compartía de lo que llevaba de su casa, y Guzmán, que ya era el “patrón” en el reclusorio, de lo que le llevaba su visita. Así charlaban de distintos temas. Después, Francisco Javier empezó a hacer trabajos de electricidad y fontanería para familiares y amigos de Joaquín en el exterior. Así conoció a los hijos del capo.

Presuntamente, en la fecha de la fuga, Camberos Rivera advirtió un movimiento inusual de funcionarios de la Ciudad de México en el Cefereso y encontró triste al “Chapo” Guzmán en su estancia. Guzmán le comentó a su “amigo” que pretendían extraditarle a Estados Unidos.

Según la declaración, el diálogo fue el siguiente:

Camberos: Si quieres irte de aquí es en este momento y yo te ayudo.

Guzmán: ¿A poco puedes? Lo único que vas a lograr es que nos tiren de balazos a la salida.

Camberos: Pues tú sabrás si te arriesgas o no. Y si estás dispuesto ahorita voy a pasar con el carrito de lavandería simulando que voy a recoger ropa de tu estancia y te metes rápido en él y yo te cubro con sábanas.

Lo demás fue harto conocido. “El Chapo” se metió al carrito y “El Chito” lo cubrió con sábanas, balastros y otros materiales de electricidad. Pasó todos los filtros empujando la góndola rodante. Llegó al estacionamiento del penal y metió a Guzmán Loera en la cajuela de un auto Montecarlo. Los retenes del exterior no interrumpieron su marcha.

Camberos (en plena carretera): Yo aquí lo dejo.

Guzmán: Tú te vas conmigo, porque a partir de mañana va a estar la noticia en grande.

Una vez en el centro de Guadalajara, en el asiento del copiloto, el líder del Cártel de Sinaloa dijo a su rescatador: “Tengo sed”. Francisco se detuvo a comprar una botella con agua. A su regreso Joaquín se había esfumado. Desde entonces no le volvió a ver. Versión de fantasía.

 

INCERTIDUMBRE

El 18 de septiembre de 2015 se presentó la demanda de amparo directo de Francisco Camberos en contra de la sentencia que le mantiene preso. De ese entonces hasta la fecha de resolución, el interno vivió en la incertidumbre, pues abandonado desde su encarcelamiento por el capo, no ha contado con un defensor particular y desconocía incluso en qué tribunal se tramitaba el juicio de garantías.

Lo anterior llevó al “Chito” a promover un nuevo juicio de amparo a inicios de este año, a través de un defensor de oficio. El asunto fue radicado en el Segundo Tribunal Unitario en Materia Penal de la Ciudad de México. Camberos señaló de omisos a los directivos del Cefereso Número 8 de Guasave, quienes no le daban razón de dónde había quedado su demanda de amparo directo, ni seguimiento a su juicio; no tenía certeza de qué órgano jurisdiccional conocía del mismo.

Francisco escribió con pésima ortografía: “Yo no sé qué estado guarda mi ‘amparo directo’ y como an (sic) pasado dos años y medio o más que yo envié la defenza (sic) y como an (sic) hecho caso omiso en darme resulta (sic) o en determinar el asunto ahora bien considero que su respetable señoría es competente para aplicar a mi favor una embestigación (sic) del asunto que nos ocupa y saber (sic) con ecsactitud (sic) si es el ‘Quinto Tribunal Colegiado en Materia Penal de la Ciudad de México’ quien tiene mi ‘amparo directo’ porque no me notifican para que yo sepa del asunto siento éstos los motivos por lo cual bengo (sic) a impetrar el amparo y protección de la justicia”.

En los últimos años, “El Chito” ha tenido algunas dificultades en su salud en el “penal de la 300”. Se le cayeron varias piezas molares, sin que se conozca la razón. Hasta para recibir atención de odontología tuvo que presentar demanda de amparo, como consta en el juicio de garantías 442/2017 del índice del Juzgado Sexto de Distrito en el Estado de Sinaloa.

El 19 de julio de 2017, Camberos Rivera señaló como acto reclamado la “omisión y/o negativa de entregarle prótesis dentales inferior y superior”. Al concedérsele la suspensión provisional, las autoridades de la cárcel federal no tuvieron más remedio que atenderle en sus necesidades de salud dental.

Así, el 22 de agosto del año próximo pasado, el jefe del Departamento de Servicios Médicos del Cefereso Número 8 Norponiente, informó que en esa fecha “le fueron colocadas satisfactoriamente las prótesis parciales removibles superior e inferior al quejoso”. De esa forma, el juicio de amparo causó sobreseimiento el 18 de septiembre siguiente por haber cesado el acto reclamado.

Ahora, a la distancia, “El Chito” se entera del inicio del juicio en la Unión Americana al hombre por el cual cambió su libertad.

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