México minado por fosas clandestinas

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Edición Impresa Lunes, 20 Agosto, 2018 01:00 PM

En lo que va del año, por lo menos se han localizado 54 sepulcros apócrifos con al menos 167 cadáveres, más de 50 cráneos y decenas de miles de fragmentos óseos. De 2007 a la fecha se estima que las fosas encontradas rebasan las mil con unos mil 800 cuerpos. Dependencias federales y estatales cuentan cada una con sus estadísticas, pero aún no existe un registro nacional que concentre la información, como lo propuso la CNDH el año pasado. En Jalisco, las casas de interés social abandonadas se han convertido en tumbas del crimen organizado

Claudia salió de su casa hace más de cinco años a buscar a su hijo Javier Fernando, quien desapareció un 11 de abril y jamás se le ha vuelto a ver. En su búsqueda, la angustiada madre, vecina de Ahome, Sinaloa, no ha localizado a su ser querido, pero a cambio ha encontrado a decenas de personas en el fondo de polvorientas fosas en campos y laderas.

La mujer se convirtió -como cientos de personas en el país- en una rastreadora y forma parte de un colectivo que realiza la búsqueda de desaparecidos, ante la indiferencia de las autoridades. Sus vivencias en escenarios de muerte son estremecedoras, pero ha sacado fuerzas de la adversidad, pues no piensa morir sin antes dar con el paradero del fruto de sus entrañas.

El rompecabezas del horror no termina de armarse. Los hallazgos de fosas clandestinas con cadáveres o despojos humanos son reportados con una frecuencia que ya no sorprende. Lo mismo en un cerro, que en el desierto, en terrenos de cultivo, en el bosque o en zonas urbanas, donde los ejecutores entierran a sus víctimas silenciadas en circunstancias poco claras.

La causa de Claudia es la misma que ha llevado a otros a integrarse a grupos de búsqueda como la Asociación Unidos por los Desaparecidos en Baja California, que en enero hallaron cuatro cuerpos en un pozo de un rancho abandonado cerca del cerro de Las Chichis, en Valle de la Trinidad, en Ensenada, luego de dos semanas de ardua labor. O las seis osamentas enterradas en cuatro puntos de un área despoblada que colinda con el fraccionamiento El Roble, sobre la carretera a Ojos Negros, en el mismo municipio en abril.

Las fosas no tienen siempre la forma que la gente se imagina. Muchos son terrenos planos, donde incluso ya creció la maleza. Otros son agujeros rocosos y los hay fangosos a las orillas de los cauces de los ríos. Aunque la más innovadora, terrible y reciente estrategia, en el caso de Jalisco, es inhumar los cadáveres en los patios de pequeñas casas de interés social abandonadas por sus dueños ante la falta de servicios públicos, la inseguridad o por no tener dinero para pagarlas.

La tardanza de la justicia en atender las denuncias por desaparición de personas y la impunidad de que gozan los asesinos y sepultureros anónimos ha potencializado el fenómeno al grado de convertir al país en un campo minado por los sepulcros clandestinos como un gran cementerio, donde las tumbas frisan la cifra de las mil y los cuerpos u osamentas hallados andan por arriba de los mil 800. Sin contar decenas de miles de huesos o sus fragmentos, tejido u otro tipo de restos humanos difíciles de clasificar en los servicios médicos forenses.

 

CIFRAS MOCHAS

La gravedad del asunto, en lo que se ha calificado como una crisis humanitaria en México es tal, que las propias autoridades no cuentan con las cifras exactas del fenómeno. Las Fiscalías estatales, la Procuraduría General de la República (PGR), la Comisión Nacional de LOS Derechos Humanos (CNDH) y hasta universidades llevan su propio conteo. Unas con base en denuncias, otras con base en hallazgos y las últimas en una combinación de datos oficiales diversos e información hemerográfica.

Los recuentos más recientes fueron emitidos el año pasado, tanto por la PGR, como por la CNDH. Obvio difieren en mucho. La primera cuenta del 1 de diciembre de 2006 al 1 de enero de 2017, la inclusión en averiguaciones previas y carpetas de investigación -del fuero federal- de 280 fosas, en las que han encontrado 784 cadáveres, de los cuales 274 fueron identificados.

Foto: Fernando Carranza/Cuartoscuro.com

Por su parte, la CNDH, que cruza informes de todas las fiscalías y los datos de la propia PGR, hizo su indicador del 1 de enero de 2007 a septiembre de 2016, con una sumatoria de 855 fosas que contenían  mil 548 cuerpos u osamentas, lográndose la identificación de 796 de las víctimas.

Ante la disparidad de estadísticas, ZETA hizo una recopilación con base en informes policiales, datos de fiscalías y notas periodísticas que indican que durante 2017 se conoció del hallazgo de por lo menos 38 fosas con 76 cadáveres y más de 50 cráneos, además de diversos fragmentos de osamentas. Mientras que en lo que va de 2018, se han descubierto por lo menos 54 agujeros con 167 cuerpos u osamentas inhumados de forma clandestina.

Pese a que en abril de 2017 la CNDH  rindió un informe especial sobre desaparición de personas y fosas clandestinas en México, en el que formula 102 propuestas a las autoridades para enfrentar el problema, nada ha ocurrido hasta el momento. Entre dichas recomendaciones estaba la de “establecer un Registro Nacional de Fosas Clandestinas que concentre toda la información concerniente al hallazgo y ubicación de las fosas, así como un registro en cada entidad federativa”. Caso omiso hasta la fecha por parte de los tres niveles de gobierno.

También se propuso “realizar las acciones necesarias a fin de que los restos óseos y/o humanos encontrados en fosas clandestinas sean tratados y analizados de acuerdo con los más altos estándares para su plena identificación. Además de implementar las acciones necesarias para realizar intercambio permanente de información sobre hallazgos de fosas clandestinas, exhumación y levantamiento de restos humanos e indicios, con la finalidad de facilitar la identificación y localización de personas desaparecidas”. Probablemente algunas entidades han aportado los datos para su concentración y otras no.

 

CASO JALISCO

Gran parte de la estadística de 2018 en cuanto a la localización de fosas y de cadáveres la ha aportado la realidad de Jalisco, envuelto en la violencia y como epicentro de operaciones de la que es considerada la organización criminal más poderosa de México actualmente. De enero a la fecha, han sido localizados 44 cuerpos humanos inhumados de forma furtiva en más de diez tumbas apócrifas.

Lo increíble del caso es que las víctimas no han sido enterradas en sitios despoblados como ocurre en la mayor parte del país, sino en el área urbana metropolitana de Guadalajara. Y las fosas no tienen la forma que en otros sitios, sino que son tumbas en patios de viviendas de Infonavit abandonadas por sus propietarios.

Tan solo en Tlajomulco de Zúñiga, donde ha ocurrido la mayoría de los descubrimientos, las autoridades municipales salientes estiman más de 15 mil casas habitaciones abandonadas en fraccionamientos “fantasma” que se han convertido en nido de malvivientes, y recientemente en casas de seguridad y criptas clandestinas.

En agosto se han localizado 21 de esos cadáveres en viviendas de Tlajomulco y Guadalajara. Uno de los hallazgos ocurrió en la colonia Santa Elena de la Cruz, cercana al Estadio Jalisco, donde había diez cuerpos, y los once restantes en casas de las llamadas “huevito” en los fraccionamientos Villa Fontana Aqua y Lomas del Mirador, que pese a estar abandonadas, algunos vecinos jamás reportaron los olores fétidos de la descomposición de los cadáveres.

El gobernador del Estado, Aristóteles Sandoval Díaz, calificó el fenómeno violento que aqueja a la entidad y la localización del disperso cementerio criminal a “una guerra de baja intensidad entre grupos de la delincuencia organizada”, lo que le valió críticas de diversos sectores, principalmente de investigadores académicos que aseguran que el mandatario no supo ni lo que dijo o quiso decir.

Presuntamente y de acuerdo con información aportada por la Fiscalía General de Jalisco, se trata de ajustes de cuentas de células del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) por deudas derivadas del narcomenudeo en dichas zonas y en otro de los casos de una disputa surgida al interior de la misma organización delictiva que se está purgando de la manera que ahora se conoce.

Sin embargo, el Cardenal de Guadalajara, Francisco Robles Ortega, pidió a las autoridades no criminalizar a las víctimas localizadas en estos sepulcros, pues se transmite a la sociedad que los fallecidos estaban involucrados en actividades ilícitas sin argumentos que lo comprueben, pues las investigaciones apenas comienzan. “Que lo hagan cuando ya tengan todas las pruebas de que efectivamente así es, mientras tanto puede ser eso como una solución rápida y fácil para ellos”, aseguró el purpurado.

Por su parte, la ministra en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Olga Sánchez Cordero, futura secretaria de Gobernación en la administración de Andrés Manuel López Obrador, aseguró que “el país, es una país de personas desaparecidas, lleno de fosas clandestinas, de fosas comunes llenas de cuerpos sin identificar,  uno de los escenarios más dolorosos de nuestra historia reciente”.

 

LAS RASTREADORAS

Claudia Rosas es una de las valerosas mujeres que forma parte del colectivo “Rastreadoras por la Paz”, en el norte de Sinaloa. Antes estuvo integrada a otra agrupación, pero a partir del 13 de julio de 2017, junto con un grupo pequeño de madres de desaparecidos, decidió constituir su propia organización de búsqueda con el único afán de encontrar a su hijo Javier Fernando Quezada Rosas.

Ella busca al suyo, pero en realidad, “estamos buscando a todos, porque salimos y en nuestra desesperación, estamos buscando a nuestros hijos, a todos. Todas y cada una de nuestras compañeras y yo, nos unimos para salir a buscar a los que son nuestros desaparecidos, pero realmente son tantos que a los lugares que vamos hemos encontrado fosas y no sabemos quiénes están allí”.

La madre ha pasado cinco largos años buscando sin resultados. Incluso tuvo que sobreponerse a una amenazante llamada que en los primeros días de la desaparición de Javier le advirtió que dejara las cosas en paz, porque todavía tenía otras hijas. Inicialmente el miedo la paralizó, pero después obtuvo fuerzas para seguir indagando el paradero de su hijo y juntarse con otras mujeres, familiares y amigos.

“Salíamos a gritar, a llorar en los lugares donde creíamos que podía estar, en los sitios donde creíamos que estaría agonizando, aún con vida, amarrado, no sé. No sé. Era un martirio tremendo. Una locura total que pasaba por mi mente, por mi vida”.

Aquí el resto de la entrevista:

¿Cuántas personas forman parte del colectivo?

“Podemos ser 300, 400 o 500, pero las que en verdad buscamos en nuestro grupo somos 12, las de siempre. Otras madres nos apoyan económicamente con lo poquito que tienen porque, como le digo, somos amas de casa comunes y corrientes. Otros nos apoyan con oraciones. Hay amigos que nos ayudan, pero hasta ahí. Las que buscamos realmente somos 12 personas. A veces hemos sido tres, y encontramos fosas y cuerpos. Por eso le digo aquí es la voluntad de las personas. No es la cantidad, sino la calidad, el amor que se pone, las ganas de encontrarlos, de vencer ese miedo y arriesgarnos a salir a buscarlos. Gracias a Dios el colectivo en el que estoy, hay unas mujeres que valen oro. Somos poquitas, pero de una calidad humana increíble”.

¿Qué es lo que han encontrado ustedes en estos años de búsqueda?

“Es una tristeza. Una impotencia, porque hemos encontrado fosas. En un lugar aquí cerca, acabamos de encontrar un pequeño panteón clandestino. Paramos porque fueron tres días de trabajo. En dos de esos tres días encontramos siete cuerpos, en cuatro fosas. Algo impresionante. En otro lugar hemos encontrado 14 y así, ha sido el caminar de nosotros. En unas fosas un cuerpo, en otro sitio a dos y en un año llevamos una buena cantidad de fosas. No me gusta mencionarlo como números o estadística, o cantidades, como lo hacen las autoridades, porque se trata de personas humanas y por respeto, porque no se trata de ver quién encuentra más fosas. No vemos esto como una competencia. Es muy doloroso, porque cada caso duele en el alma, no son las cifras. En un año hemos encontrado tantos cuerpos que nos quedamos sorprendidas de lo que se vive, de la realidad de estar en casa, ajenas -como mucha gente- a lo que pasa, a la violencia. Muchas personas no lo viven y a veces son indiferentes, pero cuando lo vivimos, nos damos cuenta de que este problema existe y que es como una enfermedad. Es muy doloroso”.

¿Como grupo se enteran de lo que pasa a nivel nacional y cuántas fosas y cuerpos se han encontrado?

“Pertenecemos a un grupo donde convergen todos los colectivos nacionales, pero como le digo, nosotras estamos enfrascadas en lo nuestro, aquí, que en conocer el dolor de otras personas. Haga de cuenta que lo cargamos nosotras también. Nos cerramos así. No estamos ajenas a que ocurre en otras latitudes como Veracruz, Tamaulipas y en Ciudad de México, donde han encontrado fosas grandes, mucho más grandes que las de nosotros aquí. Tratamos de ver de lejecitos porque ya sufrimos mucho con esto”.

¿Hasta dónde han llegado las “Rastreadoras por la Paz” fuera de Sinaloa?

“Tenemos contacto con personas que nos envían información de otros estados para compartir en nuestras páginas de redes sociales. ‘Rastreadoras por la Paz’ no ha querido ir a otras partes porque lo que buscamos está aquí. Nuestro trabajo está en nuestra zona, en nuestro lugar. Aquí está lo que nosotros buscamos, entonces irnos a otro Estado, desgastarnos, cargar con dolores grandísimos que ya estamos viviendo es pesado. Una de las cosas que nosotras decidimos es permanecer aquí y luchar por ayudar a las personas de la comunidad porque simplemente aquí en el municipio son grandes las desapariciones. Ojalá y tuviéramos ese poder como para llevar alivio a otros lugares, dividirnos y poder ser solución para otras personas. Ojalá y pudiéramos tener ese poder, pero por ahora queremos ese poder para encontrar a nuestros hijos que están aquí. Que nosotros sabemos que están aquí”.

Se están encontrando muchas fosas y cadáveres en el país, sin embargo, en la mayoría de los casos no son identificados esos cuerpos, ¿a qué se deberá este fenómeno?

“Gracias a Dios, nosotros aquí en Sinaloa contamos con un laboratorio de ADN, que eso nos ha ayudado mucho, porque es la prueba principal para nosotros. Quizá el problema mayor es que no hay denuncias, aunque en cada Estado es diferente la situación. Aquí en Sinaloa, por ejemplo, son desapariciones forzadas o ‘levantones’, como les dicen. Sabemos lo que pasa porque sabemos lo que tenemos en territorio. Sabemos cómo se maneja la gente aquí. Conocemos, pues. Y muchos de los familiares no denuncian, no se acercan a la fiscalía por temor, entonces no hay denuncias, no hay pruebas de ADN, no hay manera de identificarlos. ‘Rastreadoras por la Paz’ está trabajando mucho en ese sentido, invitando a las familias de desaparecidos para que denuncien”.

Tras varios años de buscar a sus hijos y observar este fenómeno ¿qué cree que sea lo que está sucediendo en México, qué es lo que está pasando?

“Ay Dios. Aquí sí, no sé ni que responder ante tanta violencia, ante tanta indiferencia. Como dije antes, cada situación es diferente. Yo le puedo hablar de mi hijo, él no tenía ninguna necesidad de andar en malos pasos, porque dentro de todo pertenece a una familia humilde, pero honrada, con valores. No sé, no entendía nada. Tal vez, la ambición por dinero o vivir el momento”.

Últimas fosas clandestinas

 

13 de enero

A partir de esta fecha y durante cuatro días localizan  33 cuerpos en tres fosas clandestinas en el poblado de Pantanal, municipio nayarita de Xalisco.

15 de enero

Tras dos semanas de búsqueda, exhuman cuatro cadáveres que estaban en una fosa en un rancho abandonado cerca del cerro de Las Chichis, en Valle de la Trinidad, en Ensenada, Baja California.

9 de febrero

En el poblado El Testerazo, municipio de Xalisco, Nayarit, encuentran fosa y luego de tres días hallan ocho cadáveres.

13 de marzo

En fosas clandestinas descubiertas en Autlán de Navarro, Jalisco, autoridades exhumaron cuatro cuerpos. Al parecer se trata de cuatro veracruzanos.

30 de marzo

Dentro de ocho fosas clandestinas localizan 13 cuerpos en el los municipios de Villa de Cos, Valparaíso, y Mazapil, en Zacatecas.

10 de abril

Localizan seis osamentas enterradas en cuatro puntos de un área despoblada que colinda con el fraccionamiento El Roble, sobre la carretera a Ojos Negros en Ensenada.

25 de abril

Los cuerpos de ocho personas, cinco mujeres y tres hombres, fueron localizados dentro de dos fosas clandestinas en el municipio de Tarímbaro, Michoacán.

29 de mayo

En Tepic, Nayarit, hallan dos osamentas humanas en el mismo número de fosas en dos ranchos. En el sitio había vehículos robados desmantelados.

31 de mayo

Reporta el Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo, Tamaulipas, la localización de los cuerpos de 16 de los 57 desaparecidos en esa entidad. Tenían disparos en la cabeza.

7 de junio

En un terreno bardeado en la colonia Lomas del Aeropuerto, municipio de El Salto, Jalisco, exhumaron ocho cuerpos de una fosa.

8 de junio

Integrantes del Colectivo “Solecito” revelaron que junto con autoridades de Veracruz recuperaron 20 cadáveres y 12 cráneos en cuatro de ocho pozos artesianos en Omealca.

13 de julio

Fueron encontrados cuatro cuerpos enterrados en el mismo número de casas abandonadas en la colonia Chulavista del municipio de Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco.

20 de julio

En una finca abandonada del fraccionamiento Villa Fontana Aqua, en Tlajomulco, fueron exhumados siete cadáveres de una fosa.

21 de julio

En uno de los habituales fines de semana violentos en Ciudad Juárez, Chihuahua, localizan tres cadáveres en fosas clandestinas.

3 de agosto

Inicia el descubrimiento durante tres días de diez cuerpos inhumados en una fosa dentro de una residencia abandonada en la colonia Santa Elena de la Cruz en Guadalajara.

6 de agosto

En la comunidad El Chocolate, en San Juan Guichicovi, Oaxaca, hallan dos fosas clandestinas con dos cadáveres.

7 de agosto

En el patio de una casa de interés social abandonada en Villa Fontana Aqua, en Tlajomulco, localizan en dos días diez cadáveres sepultados.

7 de agosto

“Rastreadoras por la Paz” encuentran dos fosas clandestinas con cinco cuerpos en predio Las Grullas Margen Derecha, municipio de Ahome, Sinaloa.

9 de agosto

La Procuraduría General de Justicia del Estado de Colima localizó cinco fosas con restos humanos en Tecolapa, municipio de Tecomán. Hallaron cinco cadáveres, entre ellos una mujer.

10 de agosto

En un departamento de Lomas del Mirador, en Tlajomulco, hallan un cadáver inhumado clandestinamente.

14 de agosto

En Paraíso, Tabasco, donde entre mayo y junio se localizaron ocho fosas con cadáveres, autoridades locales y federales buscan más cuerpos.

 

FUENTE: Recuento de ZETA

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