Bazuca

Fotos: Internet
 
Dobleplana Lunes, 27 Agosto, 2018 12:00 PM

Iban en un camión blindado. Era de la compañía trasportadora de valores Proval. Casi igualitos a los mexicanos de Panamericana. Tranquilos y realizando su acostumbrado recorrido, chofer, contador y escoltar. Ni siquiera lo esperaban. De repente tronaron hartas balas contra el parabrisas. Más en la carrocería. Luego tupida descarga a las llantas delanteras. Duraron mucho rodando, pero no tanto para ser alcanzado el vehículo. Desde adentro, los guardias de seguridad en defensa tirotearon. Hirieron a un asaltante. Pero otro maloso sacó una bazuca. Hincado, con el tramo menor de un extremo del arma sobre el hombro, pacientemente apuntó. Sin poder moverse, el camión blindado era un blanco fácil. No tenía pierde.

Disparó. El proyectil pegó contra el costado izquierdo del vehículo, entre la cabina y el motor. Abrió gran hoyanco. No causó fuego, pero sí humareda. Por eso salieron todos tiznados los tripulantes. El cuartero de asaltantes los tiró al suelo. Algunos medio heridos con esquirlas o pedazos de carrocería. Fueron desarmados y amarrados rápidamente. Los bandoleros treparon al camión, sacaron y se llevaron ocho maletas de cuero repletas de dinero. La policía no pudo evitarlo, menos capturarlos. Esto sucedió en Honduras. Comunidad de Corralitos, después de pasar la carretera Atlántida y Colón. La Prensa informó del asalto “a punta de bazuca”. Fue una novedad.

Hay varios tipos de bazucas. También les llaman lanza-granadas. Las hechas en Israel se conocen como “súper”. Pueden usarse pecho a tierra con tripié. Tienen una mirada especial y cierto artilugio para calcular distancia. La tradicional se echa al hombro en su parte extrema más liviana y cortar. El resto debe detenerse con una mano y otra utilizarla para apretar y disparar. A cada rato se dramatiza con bazucas en las películas. Desde “Rambo” hasta “Platoon”, pasando por “Apocalipsis Now”, “Band of Brothers”. En la vida real fueron muy usadas en las guerrillas caribeñas, centro, sudamericanas, Medio Oriente, África y muchas ciudades o países.

Mi compañero Raymundo Riva Palacio escribió el día 11, en El Universal: “Informaciones policiales preliminares apuntan a que el grupo militar de Los Zetas, vinculados a los cárteles de El Golfo y Ciudad Juárez, cuentan con cuando menos, dos misiles del tipo SAM-7, que supuestamente ya fueron decomisados durante operativos recientes en Tamaulipas y Veracruz”. Esas líneas estremecieron hasta al Presidente de la República. Se apresuró a rectificar: los narcos no tienen misiles. Raymundo y Fox me hicieron recordar: el año pasado, mafiosos del Cártel Arellano Félix abandonaron una bazuca. Martes 3 de enero para más señas. Estaba en vacío clóset. Parte superior. Una de ocho recámaras. Segundo piso. Colonia Río Escondido en Tijuana. En la misma casona y desperdigados tantos paquetes hasta sumar casi una tonelada de marihuana. A unos cuantos metros de la frontera con Estados Unidos. Ningún inquilino. Hasta ahora aparecen ni localizaron a los dueños de la finca.

Indudablemente, los narcotraficantes ocuparon la mansión para y cuanto tiempo quisieron. Seguramente descargaron allí kilos y kilos de yerba. También cargaron vehículos. Nunca debieron tener problemas. Seguramente conectados con agentes federales, estatales o municipales. Por eso, cuando la policía se dirigía a la casona, desaparecieron los ocupantes. Estoy seguro: les avisaron de las mismas corporaciones. Ya es clásica la complicidad.

En los apuros de la escapatoria pudieron dejar ametralladoras o pistolas. Pero me pareció intencionalmente el abandono de la bazuca. Así como “…para que sepan”. La vi en fotografía. Sin chiste en su diseño. Simplemente es como un tubo. Mide poco más de un metro. Más ancha en la parte exterior de salida. El orificio de entrada unas cinco pulgadas aproximadamente. No es tan pesada como los proyectiles que usa. Nada más dispara uno y es necesario recargar. Debe acomodarse al hombro. Apuntar como si fuera rifle. Pero es más certera. Es modelo AT14. Más poderosa a la empuñadura por guerrilleros sudamericanos. Es igual a las utilizadas por el ejército norteamericano en Bagdad. Con tanto poder como para abrirle boquete a cualquier tanque de guerra. Un disparo bastará para desbaratar cualquier vehículo blindado. Lo mismo de último modelo o camiones de valores. Ni el equipado con la mejor protección soportaría sus descargas.

La bazuca no la tenían los narcos como adorno ni para colección. Seguramente fue contrabandeada desde Estados Unidos. Su descubrimiento merecido, nota de primera plana, sección local del importante diario norteamericano The San Diego Union. Les interesó más el arma que la droga. El hecho de compararla con la que usan en Bagdad, obliga a suponer: era del Ejército el arma encontrada. La lógica indica que los narcotraficantes tendrían planeado utilizarla en Tijuana. Tal vez contra algún banco, cierta residencia, mafioso competidores en su auto, policías en patrulla o particulares para secuestrarlos. O camiones transportadores de valores.

“La dejaron en el clóset porque no están acostumbrados a cargar con esa clase de armas”, me dijo un experto policía. Según él, esperaban les surtieran proyectiles. Porque de tenerlos antes, con toda seguridad dispararían la bazuca. Pero sí fue claro el investigador en considerar: “Si ya trajeron una y la abandonaron, no será difícil que pronto veamos más”. Su temor es el uso. “Un disparo con esta arma causará mucho daño. Si lo apuntan a un vehículo, morirán todos los pasajeros”. También tanteó que el arma pudo haber sido un encargo de mafiosos en otro Estado.

Tradicionalmente, los narcotraficantes nunca habían usado esta clase de armas. Siempre ametralladoras AK-47, “cuerno de chivo”. R-15, pistolas calibres .38 o .9 milímetros. Pocas veces .45 y .22. Escopetas 12. También abren boquetes y destrozan humanidades. Los explosivos y las bazucas, por lo menos en la frontera norte, no han sido usados. Como sucede siempre: nunca se investigó o no se quiso informar sobre la bazuca. Pero esto es una realidad. No llega a sospecha como los misiles en manos de “Los Zetas”. Es un hecho.

Escrito tomado de la colección “Dobleplana” de Jesús Blancornelas, publicado por última vez el 22 de febrero de 2005.

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