La leyenda negra de Tijuana


 
Cartaz Lunes, 30 Abril, 2018 12:00 PM

Mucho se ha hablado de la famosa leyenda negra de Tijuana. Creo, es importante abordar este tema sin tabúes para que todos sepamos el porqué de esa mala etiqueta que le endilgaron a nuestra ciudad.  Trataré de explicarla.

Impulsada por un gran movimiento moralista, la sociedad americana presionó fuertemente a su gobierno para que promulgara la Ley Seca y se prohibieran las bebidas con graduación alcohólica y también los juegos de azar, las apuestas de juegos de béisbol y carreras de caballos. Corría el año de 1920 y los empresarios norteamericanos voltearon sus ojos y sus intereses a la frontera norte de México, para instalar sus negocios. Aprovechándose de la inigualable ubicación geográfica de Tijuana y su excelente clima, decidieron establecer aquí una serie de restaurantes, bares, cantinas, salones de baile y hasta varios casinos.

De la noche a la mañana, la economía de Tijuana se vio impactada con tantos negocios impulsados por los promotores norteamericanos del juego, de la diversión y el alcohol.  Ellos eran los dueños, por esa razón, los nombres de los negocios eran en inglés, además, los precios eran en dólares porque su mercado eran los residentes de San Diego, Los Ángeles y ciudades de la región. Las mujeres de la vida galante también eran extranjeras.  No podía ser de otra forma, ya que Tijuana contaba con muy pocos habitantes. En algunos libros de historia de la ciudad, encontramos que en 1921 había apenas mil 028 habitantes y en 1930, solo 11 mil 526 habitantes.

Los infantes de la Marina de Estados Unidos, adscritos a la base de San Diego, se la pasaban de lo lindo en Tijuana, consumiendo cerveza, tragos y disfrutando de la vida alegre. Estos marinos provenían de diferentes ciudades del país vecino; por lo que Tijuana se empezó hacer famosa en todas partes. La época de oro del Casino Agua Caliente estaba en su apogeo. Las carreras de caballos, galgos, corridas de toros, torneos de golf; las aguas termales y muchas otras actividades hicieron de Tijuana, una ciudad muy mencionada en todo el mundo. Sin olvidar que Tijuana recibía artistas de cine y visitantes de todo el orbe.

Se corrió la voz de que en Tijuana había mucho dinero. El crecimiento de la población tijuanense no se hizo esperar; de todos los estados de la República Mexicana llegaban para quedarse.

Cuando el Presidente Franklin Roosevelt derogó la Ley Seca, en 1933, el turismo norteamericano empezó a dejar de visitar Tijuana; como ya era legal la cerveza y las bebida con graduación alcohólica en su país, rápidamente abrieron bares y lugares de esparcimiento, entre ellos, los hipódromos de Del Mar, en San Diego; así como el de Santa Anita, Hollywood Park y Los Alamitos, en Los Ángeles, los cuales ahora competían con el Hipódromo de Agua Caliente de Tijuana.

Buscando que los miles de turistas norteamericanos dejaran de visitar Tijuana y consumieran en su país, seguramente impulsados por su gobierno, la influyente prensa de New York escribió notas que dejaban mal parada a la ciudad, surgiendo así: “la Leyenda Negra”. Que en Tijuana, esto y aquello. Todo con el ánimo de asustar a los visitantes y retenerlos en su tierra. Por estar situada Tijuana lejos del centro del país, los periodistas de la capital del México no vinieron a constatar nada de lo que decían los diarios de la Costa Este, por el contrario, tradujeron algunas notas y le dieron difusión. Lo que dejó a Tijuana con cierto desprestigio.

Sin embargo, hay que ser claros. Los dueños de los bares y cantinas de Tijuana eran extranjeros. Las mujeres de la vida alegre también. Ya lo dijimos antes, Tijuana tenía muy poca población. Como quien dice, utilizaron la ciudad para hacer sus negocios. Esa parte de la historia de Tijuana ya no la podemos cambiar, pero sí debemos conocerla para que no nos sorprenda cuando nos la refieran. Lo importante es que esa época de la ciudad ya quedo atrás.

 

Álvaro Montaño Rubio.

Autor del libro “Welcome to Tijuana”.

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