Pinos Alados, una editorial cachanilla

Fotos: José Agustín Díaz Reyes de León
 
Cultura Lunes, 13 Noviembre, 2017 01:00 PM

La escritora Rosa Espinoza fundó en Mexicali la editorial Pinos Alados, en la que ha publicado más de 40 títulos en tres años. “No persigo que sea un sello tradicional, que se monte al viaje del mercantilismo, porque esencialmente publico poesía y no es precisamente lo que más interesa venderse, aunque sí se compra”, expresó a ZETA la editora bajacaliforniana

La hacedora de libros Rosa Espinoza ha publicado más de 40 títulos de aproximadamente 30 autores en el sello Pinos Alados, mismo que fundó en 2014 en la Capital bajacaliforniana.

Enfocada esencialmente a la edición de poesía sin descartar otros géneros lapidarios como el aforismo, la editorial de Rosa Espinoza es un muestrario representativo de escritores del norte de México principalmente, aunque también figuran en el catálogo autores de otras latitudes del país y el mundo hispanoparlante.

Ganadora del Premio Nacional de Literatura “Dolores de Castro” 2017 por su libro de relatos “Postales de Inglewood”, Rosa Espinoza (Mexicali, 1968) ha dedicado su vida a la escritura de poesía y narrativa, además de editar libros desde la frontera norte de México.

Espinoza contó en entrevista con ZETA que durante 25 años, entre 1988 y 2013, laboró en el Departamento de Editorial Universitaria de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), donde aprendió no solo a editar y a hacer libros, sino que visualizó la posibilidad de editar a autores que no necesariamente son publicados en las instituciones o “grandes editoriales”.

“Laboré en la editorial universitaria 25 años, casi diez años fui titular de ese departamento. En 2003 la institución determina, a través de su convocatoria, que los libros deberían tender más a lo académico. La publicación de literatura se fue desplazando por la inercia: desaparece la extensión universitaria, desaparecen los talleres literarios, la publicación de obra de esta índole deja de tener un peso en la vida de los académicos y, hasta donde puedo ver, sin remedio.

“La necesidad de un espacio que dé cabida a la escritura creativa escasea y, al parecer, no hay mucha gente que se preocupe por eso, más allá de los mismos creadores. Tengo todos los conocimientos para editar libros, conozco bastante el medio editorial en nuestro país, entonces ¿por qué no hacer libros?”, planteó la escritora bajacaliforniana.

 

Fue en 2014

Cuando Rosa Espinoza dejó de laborar en el Departamento Editorial de la UABC tras 25 años, se llevó consigo su experiencia de cómo hacer y editar libros, así como su conocimiento y visión sobre la importancia de explorar otro tipo de títulos más allá de los académicos. En ese entonces también tenía en el disco duro de su computadora sus poemas, así que un buen día de 2014 decidió hacer su propio libro, idea que posteriormente sería el cimiento de la editorial Pinos Alados.

“En 2014 decidí publicarme una antología con mis poemas, nunca fui de la idea de autoeditarme, pero en virtud de que pasaba el tiempo y no tenía mi trabajo reunido en ningún volumen, no vi ningún problema en hacerlo. Le pedí a Roberto Castillo que me hiciera un prólogo. La edición, costeada por mí, es un libro cuarto de carta, con buenos acabados, pero de bolsillo, para optimizar papel”, manifestó sobre el primer poemario publicado, cuya característica de formato se mantiene esencialmente en los títulos que incluye el catálogo de Pinos Alados.

“Cuando le hice llegar un ejemplar a Roberto le gustó el diseño y el formato, y me pidió que le hiciera uno igual con un conjunto de poemas, titulado ‘Canciones que no son’. La idea de hacer más libros fue de él, quien promovió con otros autores este modelo de publicación. Al cabo de unos meses contaba con un cuerpo de propuestas y decidí desarrollar una colección a la que llamé Pinosalados. Jugué un poco con las ideas y terminé por darle ese nombre al sello”.

Fue así como emergió Pinos Alados, editorial mexicalense que a la fecha ha publicado 42 títulos en menos de tres años.

“Primero que nada, lo que más me importa es el catálogo. 42 títulos de poesía, que abarcan otros géneros, se dice fácil, pero no lo es. Mis autores están en muchos puntos del país y del mundo, una de mis autoras vive en Alemania, y hay otro en El Paso, otro más en Chile. Asimismo, los libros han cruzado la ruta del norte hasta Yucatán, Chiapas, Oaxaca, Coahuila, Chihuahua y Sonora”, compartió la autora.

Fotos: Cortesía

“La poesía es un género muy abandonado”

Sin descartar otros géneros como el aforismo, la editorial Pinos Alados se especializa en poesía donde convergen autores no solo del norte y en general del país, también de otras latitudes hispanoparlantes, pero sobre todo comulga  una diversidad de temáticas y estilísticas, formas o corrientes estéticas reflejadas en las propuestas de los autores publicados.

“Sobre los temas y los estilos no me preocupo tanto, pero considero a cada uno valioso e importante. Al no tener una línea editorial, se tiene una y ésa es la mía. No me preocupo mucho por las tendencias del mercado, no me debo a él. Suena romántico (y lo es), pero mi capital está en los autores, en mi conocimiento del medio editorial, sobre todo en el hecho de que me entreguen sus libros, nos sentemos muchas veces a leerlos y releerlos, para luego verlos salir de la imprenta y acercarlos al lector”, expresó Espinoza.

Y argumentó sobre los autores incluidos:

“Los lineamientos de la editorial están en formación. Todos los días surge algo. En principio hago libros porque quiero y porque puedo. Mi capital no es económico, así que me valgo de mis relaciones, de la confianza que los autores me otorgan, de mi experiencia. A partir de este año me he concentrado en cuidar lo que se publica desde muchos frentes. Está la calidad, la oportunidad y la apertura.

“Le publico a autores primerizos y a experimentados. De los primeros apuesto por su compromiso, porque la experiencia de una primera publicación, pienso yo, te reafirma o te desaparece como autor. A los autores a los que les he publicado y cuya vasta trayectoria se ha detenido un poco por la falta de atención de las instituciones de cultura, les abro las puertas de par en par, porque, ¿quién lo hará? Pongo el ejemplo de Tomás Di Bella, quien me ha entregado cuatro títulos este año. Mucho de ese trabajo lo tenía guardado por falta de oportunidades”.

¿Cuál es el objetivo fundamental de Pinos Alados al publicar poesía en estos tiempos?

“La poesía es un género muy abandonado. Repasa las librerías y los estantes que le dedican a la poesía, cada vez son más pequeños. En general, la literatura se encuentra un poco desatendida, pero la poesía escrita lejos del centro del país sí se encuentra en un cierto estado de abandono. Se puede decir que ése es un objetivo, una misión y una visión de mi sello, aunque parezca un apostolado. Se hacen esfuerzos grandes, pero siguen siendo pocos en comparación con la cantidad de autores”.

Rosa Espinoza arguyó sobre la ausencia de ISBN (International Standard Book Number) en los títulos, como una de las características de la editorial:

“No utilizo el ISBN porque mis libros no se distribuyen en librerías. Mi editorial no tiene una figura legal aún y no sé si la tendrá. Me gusta la libertad de no contar con un registro formal y que a mis autores no les importe. Yo les advierto que las cosas son así con Pinos Alados, no los engaño, les explico de qué se trata si no lo saben, y si alguno de ellos quiere tramitar el número por su cuenta, no me niego a hacerlo. En ese sentido, las librerías no tendrán nunca ejemplares de Pinos Alados, porque de entrada no considero a la librería como la vía para dar a conocer las publicaciones”.

 

“No persigo que sea un sello tradicional”

Tras su fundación en 2014, con más de 40 títulos publicados de alrededor de 30 autores, Rosa Espinoza también compartió con este Semanario sobre la etapa en que se encuentra el proyecto editorial de Pinos Alados:

“Creo que sigue en una etapa de inicio, porque no sé lo que va a pasar, más allá de seguir haciendo libros. Este año inicié organizando actividades en espacios alternativos (restaurantes, cervecerías, cafés), nada nuevo, pero que a la luz del vacío de propuestas, permiten hacer comunidad. Me di cuenta que Pinos Alados puede ser más que los libros que hace”.

En alguna presentación editorial, Rosa Espinoza  expresó que uno de los planes era que el acervo de Pinos Alados se distribuyera en escuelas de educación media superior, por ejemplo, o en las universidades, para que los estudiantes bajacalifornianos conozcan a los escritores; no obstante, la burocracia ha hecho de las suyas:

“Acerqué la idea al Sistema Educativo sin respuesta. La idea de producir libros de bajo costo, de bolsillo y en tirajes grandes fue la que inició la idea, porque siempre ha sido una preocupación de todos los editores que los libros tengan asegurado un espacio en la distribución y, por ende, en los lectores. Uní la idea a que éstos, bajo este esquema de trabajar con el Sistema de Educación, pudieran acercarse a los autores, pensando en cerrar un círculo que terminara con ese contacto, pero se quedó todo en algún pasillo de la burocracia”.

En todo caso, ¿cuáles han sido en estos tres años las principales dificultades para una editorial como Pinos Alados?

“No quiero sonar pesada, pero no las he tenido. Mi gran temor es perder la confianza de los autores, pero más allá de conatos de desaliento por esa razón, no ha pasado a más. Casi todos los autores desconocen el proceso, pero aprenden -no todos-, algunos no entienden que en el proceso de hacer un libro pueden suceder muchas cosas: que el archivo del libro se dañe, que se confundan las versiones de los archivos y se vayan a la imprenta las equivocadas, que el impresor no entregue a tiempo porque se descompuso su equipo; mil cosas. No tienen por qué saberlo, pero en ese desconocimiento pueden sentirse desalentados”.

Cuando se le cuestionó respecto al desafío más importante que tiene Pinos Alados para los próximos años y cómo visualiza el proyecto, la editora refirió:

“Primero, sucumbir a la seducción de una beca. No quiero depender del Estado. Segundo, perder el ánimo de hacer libros. Yo estoy sola en esto, nunca fui buena trabajando en equipo, entonces trabajo con mis tiempos y, a veces, me traiciona la energía o me saturo del trabajo que me da sustento. Quiero comprobar viviendo la experiencia, que una editorial del margen como Pinos Alados, puede sobrevivir inventando un sistema que la mantenga viva. Por ahora lo que tengo es la voluntad. Espero se mantenga viva mucho tiempo.

“No la visualizo. No lo prefiero. Pinos Alados vive al día. Mi visión será que siga, que alguien le dé consecuencia cuando pierda la energía para hacer libros, y creo que eso puede suceder hasta dentro de mucho tiempo. Pero uno nunca sabe”.

Finalmente, advirtió sobre la distribución de los títulos de Pinos Alados:

“Estoy en proceso de armar la página web para hacer las ventas en forma directa, vía las redes sociales, y así atender la parte sustancial de un sello: la promoción de sus autores más allá de las posibilidades de éstos.

“No persigo que sea un sello tradicional, que se monte al viaje del mercantilismo, porque esencialmente publico poesía y no es precisamente lo que más interesa venderse, aunque sí se compra. Prueba de ello es que hay títulos agotados y esto se debe a que sus autores han promovido su trabajo”.

Foto: Cortesía

El catálogo en tres años

En menos de tres años, entre 2014 y 2017, Pinos Alados cuenta con el siguiente catálogo. La editora Rosa Espinoza informó a ZETA que a partir del título número 29, los libros se encuentran en dos estatus, ya sea en proceso de edición o en imprenta.

“Tengo mucho trabajo, este año cierra con muchos libros de poesía (más de uno por mes). Termino un libro de artes plásticas y literatura (una reunión de trabajos de Carlos Coronado y 35 autores de muchos puntos del país). Un libro infantil de Omar Gámez Navo ilustrado por Betsy Amparán, ambos sonorenses y una antología sobre textos cuyo tema central son los gatos y a la que he titulado ‘De perfil todos los gatos sonríen’”.

A continuación, el catálogo de Pinos Alados en sus primeros tres años de existencia desde la frontera norte de México:

  1. “Señero”, de Rosa Espinoza
  2. “Canciones que no son”, de Roberto Castillo
  3. “En el impuro tacto que motivas”, Alfonso García Cortés
  4. “Éxodos”, Diego Murcia (El Salvador)
  5. “La hora del tarro vacío”, de Antonio Flores Schroeder
  6. “Gerontofilia de una reina”, Maya Lima
  7. “Atzompa”, Rito Salinas
  8. “Zoofismas”, Raúl Fernando Linares
  9. “Vuelos de barlovento”, Claudia Islas
  10. “Apuntes de una mujer en construcción/Endémica”, Flora Calderón
  11. “Ejercicios en el agua”, Ignacio Silva (Chile)
  12. “Las noches de la memoria”, Mónica Ávila
  13. “Busque caballos negros en otra parte”, Antonio León
  14. “Ferogramas”, Joelia Dávila
  15. “Reservas cardíacas”, Trilce Castillo
  16. “Palabras traviesas”, Mara Yudith Abdala
  17. “Trapacería y fiesta”, Adán Echeverría
  18. “Quedará el vacío”, Nadia Contreras
  19. “Pinos salados. Memoria de una ruina triste”, Alejandro Espinoza
  20. “La muerte nos toma una fotografía”, Antonio Reyes Carrasco
  21. “Abigael”, compilación por Roberto Castillo
  22. “Un jardín con alas”, Alberto Gárate
  23. “Orquídeas de sangre”, Roberto Castillo
  24. “Vejeces & otras chiripas”, Tomás Di Bella
  25. “Aforismos de conserjes”, Antonio Valenzuela
  26. “Asilos vivos”, Tomás Di Bella
  27. “Feisbuqueanas y otras giralunas”, Roberto Castillo
  28. “Calendario”, varios autores y Héctor Ruiz (ilustrador)
  29. “Algo que nunca pasó”, Alexia Tovar
  30. “Itinerarios de viento”, Pilar Muñoz
  31. “De perfil todos los gatos sonríen”, antología, 18 autores
  32. “Casa en todas partes”, Tomás Di Bella
  33. “¡Aguas!”, Tomás Di Bella
  34. “Taxonomía”, Fabiola del Castillo
  35. “Gladiola”, Omar Gámez Navo
  36. “La ruta aromática”, varios autores, con obra de Carlos Coronado
  37. “Blues del Valle de San Fernando”, Anthony Seidman
  38. “Cuota de faenas”, Juan Manuel Reyes Manzo
  39. “Poemas desde el suelo”, Alejandra Rioseco
  40. “Pornecratie”, Vyvyan Sánchez
  41. “Épica poética”, Alan Román
  42. “Objetos imaginados”, Ingrid Bringas
  43. “Llevaría tu nombre”, Rosa Espinoza
  44. “Libro de geometría”, Carlos Román

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