Vivir de milagro sin milagro


 
Sortilegioz Lunes, 6 Abril, 2015 08:00 PM

“La gente está cansada de esperar el milagro mexicano”, dijo hace unos días en México, el Premio Nobel de Economía 2012, Paul Krugman. Se refirió a lo que los mexicanos económicamente activos sabemos, pero que en el Gobierno de la República siguen negando en referencia a la economía del país: “¿Cuándo se dará este milagro mexicano? La gente ya está cansada de esperar. No hablamos de un desempeño terrible de la economía, pero no es el que se esperaba. Dudo que se vaya a producir ese milagro”. En efecto, Krugman confirmó lo que en el ámbito internacional de las finanzas se ha analizado y los mexicanos hemos vivido: las reformas estructurales de Enrique Peña Nieto. Particularmente las tres económicas, la energética, de telecomunicaciones y financieras, no eran la panacea, no están dando resultados, y para que ello suceda, deberán pasar muchos años… y quizá muchos ajustes. El ganador del Premio Nobel sumó los dos factores que en los últimos meses han dado al traste a la economía de México, y por ende, a los bolsillos de los mexicanos comunes: la caída en los precios del petróleo y la pérdida de valor del peso frente al dólar. Dos temas ante los cuales el Gobierno de la República y el Banco de México han debido de tomar medidas como la contratación de un seguro para no perder -tanto- en la depreciación del petróleo, y la subasta de millones de dólares provenientes de las reservas internacionales en un intento por controlar el valor del peso frente al dólar. La realidad es que los mexicanos vivimos, parafraseando al Nobel de Economía, de milagro y sin el milagro mexicano. Si a la mermada situación económica que se vive en México, producto de esos dos factores -bajos precios del petróleo, pérdida de valor del peso-, se suma que por ejemplo, la reforma financiera ha afectado a muchos sectores con la voracidad fiscal de la Presidencia de Enrique Peña Nieto y la homologación del Impuesto al Valor Agregado en  la frontera, el crecimiento de la clase media -la que tradicionalmente sostiene el sistema- es prácticamente mínimo. Aparte, hemos de ser testigos en esta época de la pérdida de inversiones locales, nacionales y extranjeras por argumentos del clima de inseguridad. El Presidente Peña repite que la comisión de delitos va a la baja, pero ello es algo que no proporciona seguridad. Puede que en efecto sean menos visibles, no de tan alto impacto como lo fueron en el pasado, pero los robos, los asaltos, las extorsiones, los secuestros, persisten e inhiben la inversión, la apertura de negocios, el crecimiento de la pequeña y de la mediana industria. A esto sumamos las movilizaciones sociales cada vez más numerosas y motivadas por diversas causas en todo el territorio nacional. Bueno, tan no es fácil ni llevadera la situación del país, que el propio Gobierno de la República deberá entrar en una fase de austeridad -muy pregonada pero poco practicada-, y en cascada, los gobiernos de los estados y de los municipios. La situación, pues, no es de prosperidad, no es de desarrollo, y efectivamente, no se ve un despegue en el corto o en el mediano plazo. Esta situación, la persecución de la Hacienda Pública, el incremento de impuestos, el alza del dólar, la pérdida de inversión y del valor del petróleo, se refleja en un aumento en los costos de los productos y servicios para hacer llevadera la vida cotidiana, en bajos salarios, en alimentos más caros, en -los ciudadanos sí- apretarse el cinturón para sobrevivir. La expectativa que al inicio de su administración despertó Enrique Peña Nieto en el ámbito internacional, sobre el futuro del desarrollo de México y el crecimiento de la economía, ha terminado. El “Momento Mexicano” no duró ni un segundo ante la recesión económica que no se nombra, pero que se padece, y con el atentado a los derechos humanos, las libertades y garantías civiles visibles en la vida cotidiana de este país. Del milagro mexicano, mejor ni hablar. De ahí que las palabras del Nobel de Economía, Paul Krugman, hayan no solo desatado los aplausos en vivo, sino la confirmación en los mexicanos que vivimos esa realidad que el gobierno intenta ocultar, que vivimos de milagro…y sin el milagro que desde los años 40 se pregonó, y al que algunos tal vez todavía le sigan rezando.

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