Llegaron “Los Templarios”

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Huellaz Sábado, 1 febrero, 2014 03:58 AM

El Vizcaíno, Baja California Sur.- Según un integrante del Grupo de Coordinación de Seguridad Pública de Baja California Sur, con el gobierno federal, estatal y municipal de mudos testigos, el cártel de Los Caballeros Templarios “pretende iniciar operaciones en el estado y de arranque comenzó una guerra a muerte contra el cártel de los Arellano Félix por el control de la plaza de narcomenudeo en el poblado de El Vizcaíno”. El avance de las llamadas autodefensas y los operativos conjuntos del Ejército Mexicano, Secretaría de Marina y de la Policía Federal Preventiva en Michoacán, provocaron un efecto cucaracha y algunas de las células criminales que lograron evadir la acción de la justicia y emigraron de la población michoacana, se instalaron en este valle meramente agrícola para seguir delinquiendo. Las células criminales de Los Caballeros Templarios “aprovechando la alta migración, se camuflajearon (sic) de jornaleros agrícolas para que se perdiera su rastro y empezaron a trabajar distribuyéndose en los más de 40 ranchos agrícolas para después de acomodarse, posteriormente salirse de trabajar y establecerse en un domicilio e iniciar operaciones criminales con otra identidad”. El último diagnóstico de la situación de los jornaleros agrícolas en el estado expuso que “el número de migrantes pasó de 5 mil (en) 1994 a 25 mil hasta el 2013 y los cuales llegaron a trabajar principalmente a ranchos de El Vizcaíno y La Paz”. A pesar de este fenómeno migratorio y previendo la guerra en Michoacán, la administración del gobernador de Baja California Sur, Marcos Covarrubias Villaseñor no implementó la denominada “Operación Cucaracha”, como sucedió en Colima, Guerrero, Jalisco, Estado de México y Distrito federal, principalmente por su colindancia con Michoacán. No obstante, los focos rojos se prendieron tras la ejecución del jefe de la plaza del narcomenudeo del poblado de El Vizcaíno, Iván Villavicencio Arce “El Taquero”, ocurrido el 8 de diciembre en el kilómetro 132+500 de la carretera Transpeninsular de El Vizcaíno a Guerrero Negro. En la escena del crimen, la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) encontró 3 cartuchos percutidos calibre .40, dos calibre .45 y once calibre 7.62 x 0.39 mm, utilizado este último en rifles AK-47. La investigación del asesinato del ex jefe criminal inició como cualquier otra, previendo que “pudiera estar implicado el rival de ‘El Taquero’ e identificado como Luis Alberto Echeverría Valdés ‘El Luisón’ y los cuales por un tiempo habían estado disputando la plaza del narcomenudeo en la región”, pero las primeras indagatorias llevaron a los investigadores de la PGJE a descubrir que los presuntos responsables del crimen fueron integrantes de una banda identificada como “Los Michoacanos”, la cual “no aparecía al cierre del 2013 dentro del último mapa delictivo elaborado por autoridades estatales, federales y militares”. Llevados por la curiosidad –expuso agente— y “pisando un terreno que desconocíamos, comenzamos a indagar y después de un par de semanas supimos que el responsable del crimen había sido un ex militar proveniente y originario de Apatzingán, Michoacán y entre los antecedentes que logramos recabar es que había llegado hace poco como jornalero agrícola a El Vizcaíno, y después de trabajar en un rancho, se salió y posteriormente formó su banda criminal integrada por personas originarias de Michoacán, Chiapas, Guerrero y Sinaloa”. Los ex compañeros no supieron ni decir su nombre, pero recordaron que “tenía una cicatriz en la muñeca del brazo izquierdo, producida por un disparo de arma de fuego y un tatuaje en el hombro derecho en forma de la letra “E”. Con ese dato y tras el cruce de información con la PGJE del estado de Michoacán y la PGR, descubrieron que el presunto criminal respondía al nombre de Henry Froilán Rojas Ramírez “El Zopilote”,  quien “era parte estructura criminal del cártel de Los Caballeros Templarios”. Dentro de la estructura de la organización, y con base a información de la PGR, “El Zopilote”, “figuraba en un nivel del cuarto rango”, es decir, “como sicario”. El pistolero fue descrito como una persona de 35 años, moreno, complexión regular, cabello corto, frente mediana, cejas medio pobladas, ojos negros, nariz grande, boca chica y labios delegados.   Los operativos A raíz de ese hallazgo, el gobernador Marcos Covarrubias Villaseñor ordenó una investigación y actuar en contra de “Los Caballeros Templarios” –según un integrante del Grupo de Coordinación de Seguridad Pública—, por lo que desde el 20 de enero fue enviado el Grupo Especial de Operaciones de la Policía Estatal Preventiva, y después de un intenso trabajo de inteligencia, lograron la ubicación y captura de las siguientes células criminales: 1.- Juan Carlos Casillas Ledesma de 24 años y originario de Apatzingán, Michoacán. 2.- Antonio Ledesma Moreno de 32 años y originario de Apatzingán, Michoacán. 3.- Roberto Posada Cruz de 29 años y originario de Tiltepec, Chiapas. 3.- Cruz Everardo López Flores de 34 años y originario de Estación Naranjo, Sinaloa. Los primeros dos cayeron cerca de las 5:30 de la tarde del pasado 24 de enero en la colonia Benito Juárez, cuando tras salir de una vivienda y abordar un automóvil fueron interceptados a mitad de la calle. Los agentes policiacos cerraron el paso y los bajaron del vehículo y al hacer una revisión encontraron 100 grapas de cristal y cocaína en el interior de la unidad, por lo que fueron capturados. Los miembros del Grupo Especial de Operaciones interrogaron en el camino a los detenidos y preguntaron “de quién era la droga y para quién trabajaban”, respondiendo que para “Los Caballeros Templarios”. Sin necesidad de presionarlos, pidieron el nombre del líder en el poblado de El Vizcaíno y dijeron que solo era conocido como “El Zopilote”. — ¿Tiene alguien arriba? ¿Algún jefe o alguien que lo mande a él? “No sabemos, solo nos entendemos con él”, contestó uno de los capturados. Los detenidos explicaron que su patrón era el actual jefe de la plaza del narcomenudeo, tras haber asesinado a “El Taquero” y haber tomado por asalto el control de la venta, distribución y trasiego de droga en la región. Durante el interrogatorio, no supieron decir quiénes más eran sus cómplices, solo que “ya estaba arreglado con la policía municipal y ministerial y un tal Comandante Flores y estaba pagando cuota de protección, y de que ahorita andaba alineando a todos los vendedores de droga porque había empezado operaciones a mitad de diciembre”. Los detenidos confesaron haber salido de Apatzingán, Michoacán por la incursión federal y militar, después de haber sido invitados por “El Zopilote”, quienes de antemano sabían que “había sido militar”. Los captores preguntaron a los detenidos que si “El Zopilote” andaba armado, a lo que respondieron que sí. “Trae granadas, un cuerno de chivo y dos pistolas y siempre anda con un escolta y otros cuatro que andan siempre atrás de su carro y todos armados”, respondieron. Cuando los detenidos iban delatando a su jefe, dos tripulantes de una unidad automotriz pararon a los policías y el convoy se detuvo y textualmente afirmaron: “Dice ‘El Zopilote’ que los sueltes, porque no van a salir vivos de aquí”. Los agentes del Grupo Especial Operativo de las Policía Estatal Preventiva se sorprendieron, y de inmediato detuvieron a los mensajeros y los cuales respondieron a los nombres de Roberto Posada Cruz y Cruz Everardo López Flores y quienes en el interior del vehículo traían 13 grapas de cristal y cocaína. Cuando los narcomenudistas eran esposados, uno de los comandantes recibió una llamada a su celular. Del otro lado de la línea, estaba Henry Froilán Rojas Ramírez “El Zopilote” y textualmente así estuvo la plática: “El Zopilote”: “O los sueltas o te carga la chingada, paisa”. El comandante: “A mí no me vas amenazar, ven por ellos, si puedes”. “El Zopilote”: “¿A poco muy bravo?”. El comandante: “No soy bravo, pero si quieres a tu gente, ven por ellos, cabrón”. “El Zopilote”: “Mira, paisa, no estoy jugando, suéltalos o te vas ir a chingar a tu madre”. El comandante: “Como quieras. Aquí estoy y me los voy a llevar”. “El Zopilote”: “Aquí te estoy viendo. Nomás basta una orden y van a caer muertos todos. Suéltalo, puto. Somos Templarios y nosotros no vamos andar con mamaditas, tenemos gente por todos lados, así que los sueltas o no sales vivo de aquí. ¿Cómo ves?”. El comandante colgó el teléfono y ordenó llevarlos a todos. El esperado ataque armado con el cual había sido amenazado, nunca llegó.   Caen más Pero la detención de los cuatro integrantes de la banda de “Los Michoacanos”, era solo el principio de la persecución, pues el 25 y 26 de enero pasado, la Subprocuraduría de Investigaciones Especiales (SIE) logró capturar a otras 7 células de la organización criminal. En cuatro diferentes operativos fueron detenidos las siguientes personas. 1.- Fabián Arce Murillo de 38 años y el cual estaba en posesión de 157 envoltorios, correspondientes a 378 dosis de cristal y cocaína, cuando circulaba sobre las calles de Benito Juárez y Niños Héroes en El Vizcaíno. 2.- Felipe Ángel Quiñónez López y Martín Osorio Gálvez, ambos de 22 años y quienes tenían en su poder 272 dosis de cristal y 88 de cocaína, cuando iban a bordo de un vehículo marca Honda en las calles de Niño Artillero y Pípila en El Vizcaíno. 3.- Santiago León López de 22 años y Jonathan Gutiérrez López de 20, los cuales traían consigo 800 dosis de cristal y 340 de mariguana, cuando circulaban por la calle de 5 de Mayo entre Margarita Maza de Juárez y carretera a Bahía Tortugas en el Ejido Díaz Ordaz. 4.- José David Flores Choza de 25 años y Erasmo Balandra Hernández de 32, y quienes estaban en posesión de 300 dosis de cristal, cuando circulaban sobre las calles de Lázaro Cárdenas y Triquis en Guerrero Negro. Los siete detenidos confesaron trabajar para Los Caballeros Templarios y fueron consignados en el Centro de Operaciones Estratégicas (COE) de Guerrero Negro. Los operativos sorprendieron hasta a los propios pobladores, hartos de denunciar constantemente la venta impune de droga sin que los señalados fueran detenidos. Según un integrante del Grupo Especial Operativo de la Policía Estatal Preventiva, “tuvieron que llegar de fuera para poder hacer una razzia de narcomenudistas, ya que desgraciadamente los comandantes y agentes de la policía municipal y ministerial, están vinculados con las bandas criminales y nunca hacen nada por detenerlos porque (están) recibiendo dinero como pago de derecho de piso”.     La última ejecución En medio de la evidente persecución en contra de Los Caballeros Templarios hasta hoy –según la PEP y PGJE– encabezados por Henry Froilán Rojas Ramírez “El Zopilote” y de la banda de “Los Michoacanos”, cerca de las 2 y media de la tarde del 21 de enero, una nueva ejecución estremeció a los habitantes de El Vizcaíno. Los pobladores –quienes constantemente denuncian levantones, ajustes de cuentas y balaceras, en medio del silencio oficial de las autoridades municipales, estatales y federales— esta vez fueron testigos de lo que parece ser una guerra interna entre células criminales del cártel de los Arellano Félix. Y es que –según un integrante del Grupo de Coordinación de Seguridad Pública— la forma, el modo y sobre todo el mensaje aparecido en la escena del crimen del ex policía ministerial del estado, José Octaviano Alvarado Félix “El Güero Menara”, no deja lugar a dudas del surgimiento de una pugna interna dentro de la organización, a raíz del homicidio del ex jefe de la plaza de El Vizcaíno, Iván Villavicencio Arce “El Taquero” y el inicio de operaciones de Los Caballeros Templarios. El ex agente policiaco traía una cartulina pegada en la espalda que decía textualmente: “Lalo Villavicencio, la traición no la perdono, compadre”. A decir del miembro del Grupo de Coordinación de Seguridad Pública, “el crimen del ex policía fue un claro mensaje hacia Eduardo Villavicencio ‘El Lalo’, un conocido narcomenudista de la región, porque de acuerdo a las indagatorias fue el encargado de poner al ex jefe de la plaza a través del ex agente y aliarse con el cártel de Los Caballeros Templarios”. La víctima, y que dicho sea de paso exhibe la colusión entre narcomenudistas y policías, fue asesinada el 21 de enero cuando “El Güero Menara” fue levantado y ejecutado colocándosele en el cadáver un cartel en la espalda del lado izquierdo, como un mensaje para quien era su patrón. El crimen fue reportado cuando se encontró un cuerpo sin vida de sexo masculino por la estación de bombeo del Organismo Operador Municipal del Sistema de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento del Ejido Laguneros, localizada en el kilómetro 182+400 del tramo carretero de Santa Rosalía a Guerrero Negro, sobre una brecha con orientación al noroeste a una distancia de 1.5 kilómetros. La zona fue acordonada de inmediato por agentes de la Policía Ministerial y por peritos de Servicios Periciales y el Agente del Ministerio Público quienes procedieron a dar fe ministerial y a identificar a la víctima, ubicar el sitio y recolectar evidencias en la escena del crimen. Según el dictamen médico, la víctima murió por traumatismo craneoencefálico severo producido por proyectil de arma de fuego con entrada por la nuca y salida por la frente. El ex policía ministerial estaba tirado boca abajo y traía puestas unas esposas para inmovilizar, con media filiación de una persona robusta, tez blanca, cabello ondulado, color castaño y vestido con un pantalón de mezclilla color negro, tenis marca Vans y sin camiseta donde estaba la cabeza una mancha de sangre de 70 centímetros de diámetro. Sobre su espalda llevaba puesta la cartulina. A una distancia de 5.83 metros del cuerpo –de acuerdo al Servicios Periciales— se encontraba un cartucho percutido calibre 7.62 x 39 mm, marca Wolf y más adelante estaba un guante de tela de color azul con gris de la marca Kleenguard. A un kilometro y 300 metros de la escena del crimen, la PGJE encontró un vehículo completamente calcinado sobre la carretera Transpeninsular, marca GMC, tipo vagoneta y placas de circulación CZK-25-85, con número de serie ilegible. Hoy se sabe, con base a la investigación de la PGJE,  que el presunto responsable de asesinar al ex policía ministerial del estado es Jorge Iván Armenta Ponce “El Pistolero”,  quien -según el último mapa delictivo elaborado por autoridades estatales y federales- era parte de la banda del asesinado jefe de la plaza de El Vizcaíno, Iván Villavicencio Arce “El Taquero” y célula del cártel de los Arellano Félix.

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