Tijuana es la frontera más visitada; además, se encuentra entre las cinco principales urbes de nuestro país. Su fundación virtual data de 1889, es decir, lleva apenas 134 años a cuestas y ya “se habla de tú”, con ciudades que nacieron 300 años antes.
Ahora que los neo y también antiguos políticos andan súper moviditos buscando repetir en sus “responsabilidades” o capturar un puesto, es bueno preguntarles: ¿qué han hecho en el pasado y como simples ciudadanos para mejorar su municipio o Estado?
En conclusión, no debemos olvidar jamás lo que pasó con el autoritarismo en América Latina con gobiernos de Chile (dictadura de Pinochet), Argentina (Videla), México (Partido Revolucionario Institucional), por citar algunos.
La economía nacional tiene un importante soporte en las remesas que envían los paisanos que residen en el extranjero. También, en la estabilidad de los precios de los hidrocarburos, de lo que poseemos buena cantidad.
Aparte están resurgiendo los nacionalismos extremistas en contra de la mezcla de culturas y que hablan del gran desplazamiento que los blancos están experimentando por culpa de la inmigración, según sus declaraciones.
Declaran que los desarrollos verticales en zonas céntricas de la ciudad pueden elevar hasta un 20 por ciento el valor de las casas cercanas. ¿En qué se basan? Por favor, muchos no quieren vivir cerca de esos desarrollos por los inconvenientes que causan; entre otros, por el trafical que generan.
Desde que los vi por primera vez por las calles de Tijuana, no me gustó; me incomodaron y, contrario a lo esperado, me hicieron sentir inseguro y hasta con un poco de desconfianza y temor.
No puedo entender cómo un alma tan joven puede ser arrebatada por un criminal. No alcanzo a dimensionar de que puede ser responsable un joven tan inmaduro como para que fuere merecedor de que se le arrebate la vida. No da.
Caballero invertir dinero bueno al malo, sobre el tormentoso y caro SITT que nos invadió la vía pública y vino a entorpecer más el flujo atolondrado vehicular en mi Tijuana.
Norma Bustamante, a expensas de los mexicalenses, quiere hacer política por la fácil, sin esfuerzo, sacrificio ni representación popular; su costo es un oro que no es suyo: 20 millones de pesos que descaradamente se atreve a decir que le “sobran” a Mexicali y por eso va a apoyar a los productores.