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jueves, octubre 1, 2026
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Crueldad animal en México anticipa patrones de violencia humana

Investigaciones criminológicas señalan al maltrato animal como indicador inicial de conductas con rasgo antisocial. La psicóloga forense Paula Estrada ve un avance importante con la aprobación de la Ley General de Bienestar, Cuidado y Protección de los Animales

 

El Senado de la República aprobó el decreto de la Ley General en Materia de Bienestar, Cuidado y Protección de los Animales el pasado 29 de septiembre de 2026.

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El ordenamiento contempla multas de hasta 234 mil 620 pesos y arrestos de hasta 36 horas por actos contra la fauna, además de establecer el Registro Nacional de Animales de Compañía y el padrón de personas infractoras.

En México, datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía indican que el 69 por ciento de los hogares convive con alguna mascota, lo que suma 80 millones de animales.

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La estadística sitúa al país en el primer lugar de América Latina y tercero a nivel mundial en registros de maltrato a la fauna, con siete de cada diez especímenes afectados por omisión o agresiones.

Frente a la reforma legislativa, la psicóloga forense y docente de posgrado en Criminología, Paula Carolina Estrada Aguilera, analiza los alcances del nuevo marco. La especialista evalúa la disposición como un avance en la delimitación de obligaciones sobre la salud, el entorno y la condición emocional de las especies.

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“Considero que la aprobación de esta ley en el Senado es un avance importante para la protección animal en México. Reconoce que el bienestar de un animal implica más que darle alimento: también debemos cuidar su salud, el entorno en el que vive y su estado físico y emocional”, señala Estrada Aguilera.

Sin embargo, la efectividad de las medidas administrativas enfrenta limitaciones en la capacidad institucional. Los registros de mascotas e infractores, aún no existentes, requieren mecanismos operativos de atención e investigación para evitar la impunidad.

“Desde un análisis criminológico, el registro de animales de compañía y el padrón de personas infractoras podrían ayudar a prevenir el abandono y detectar la reincidencia. Pero su eficacia dependerá de que las autoridades puedan atender los reportes, investigar los hechos y dar seguimiento a los animales rescatados”, afirma la experta.

El foco central del análisis de Estrada Aguilera se ubica en la crueldad hacia la fauna como un indicador previo para la prevención de agresiones en el ámbito humano. Las expresiones de daño abarcan la negligencia, el abandono y la agresión con intención de infligir sufrimiento.

En la praxis legal, la escasez de evidencias dificulta la sanción de las conductas. Los reportes ciudadanos carecen frecuentemente de registros fotográficos o expedientes de hechos, lo que limita la acción judicial.

 

“En muchas ocasiones pues se minimiza la parte de los delitos, porque más que nada nos enfrentamos a una sociedad que no sabe desarrollar toda una historia sobre los hechos y juntar evidencia, que es lo que en muchas ocasiones implica que las personas no puedan denunciar por falta de fotografías”, explica.

A este obstáculo se añade la sustracción de los especímenes antes de las intervenciones oficiales. Al recibir reportes, las autoridades acuden a los domicilios, pero los tenedores retiran a los animales para impedir las diligencias.

“Nos ha tocado en muchas ocasiones cuando han reportado ciertos casos de maltrato animal, que cuando nosotros nos presentamos para poder pedir el apoyo para ver si nos entregan a los animales, en muchas ocasiones ya lo desaparecieron”, expone Estrada Aguilera.

En la explicación criminológica de la agresión intencional, la especialista identifica mecanismos de descarga de tensión sobre especímenes sin capacidad de defensa. La teoría del desplazamiento expone cómo la imposibilidad de canalizar conflictos en el núcleo familiar deriva en agresiones contra la fauna doméstica.

“Como yo me frustro, me enojo, entonces no puedo desquitarme con mi pareja, no puedo desquitarme con mis hijos, entonces me desquito con el animal y utilizo esta medida de control para lastimar a los demás. Si tú no te comportas de una manera adecuada conmigo, mira lo que le hago al perro, yo te lo puedo hacer a ti”, detalla la docente.

Esta conducta opera de igual forma como herramienta de coerción en contextos de violencia intrafamiliar y de género. En dinámicas de pareja, el agresor utiliza la amenaza o el daño físico a la mascota para ejercer dominio psicológico.

“Como no te puedo castigar a ti y no haces lo que yo quiero, entonces maltrato o lastimo a tu mascota y la puedo sacar a la calle o puede vivir en constante amenaza”, añade la entrevistada. La acción busca quebrantar a la víctima mediante la agresión al animal afectivamente cercano.

Los perfiles forenses revelan también rasgos de narcisismo. Existen sujetos que adoptan la figura de rescatistas para proyectar asistencia social, mientras imponen privaciones bajo argumentos de control.

“Me ha tocado analizar ciertos perfiles desde las bases del narcisismo de aquellos que quieren sentirse todopoderoso y con base en esto es que ‘yo rescato animales’, ‘yo te ayudo’, ‘yo estoy contigo’, y que nos permite a nosotros hacer un análisis de qué trata de demostrarle al mundo, pero abusando de un animal”, especifica.

Las modalidades de maltrato documentadas incluyen el abandono, la inmovilización del hocico, la sección de cuerdas vocales o extremidades y los golpes. A ello se suman registros de zoofilia en zonas rurales por normalización comunitaria con especies de granja, y en áreas urbanas mediante la captación de crías a través de rescatistas. La muerte del animal destruye la evidencia física y mantiene ocultas las cifras de comisión.

En materia procesal, la Fiscalía de Jalisco registró 53 expedientes por maltrato animal en 2026, respaldados por peritajes médicos de protección animal. Para la criminología, la agresión a la fauna constituye un paso al acto que precede a la violencia humana, asociado a sujetos con rasgos de manipulación, mitomanía, agresividad y falta de empatía.

Respecto a los diagnósticos clínicos, Estrada Aguilera señala que el DSM-5 encuadra estas manifestaciones en el trastorno antisocial de la personalidad, aunque subraya la necesidad de realizar entrevistas clínicas para evaluar la trayectoria de las conductas.

“El manual diagnóstico y estadístico solamente para mí es un checklist, me cumple con ciertas características, pero con base en eso, necesito hacer una entrevista para evaluar, por ejemplo, cómo va haciendo el escalamiento delictivo, cómo va el escalamiento de las conductas”, sostiene.

Para la prevención, la especialista plantea fomentar la empatía en la crianza, promover campañas de esterilización, coordinar las redes de resguardo y superar el temor a denunciar por miedo a represalias.

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Luis Carlos Sáinz
Luis Carlos Sáinz
Reportero desde 1989 en W Radio, Promomedios Radio, TV Azteca, Canal Ocho, Grupo ACIR, Ocho Columnas, Associated Press y ZETA; Consejero Editorial en Mural 2010-2011. Autor del libro Rejas Rotas.

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