“En la noche que me envuelve, negra, como un pozo insondable, le doy gracias al Dios que fuere por mi alma inconquistable. En las garras de las circunstancias no he gemido, ni llorado. Bajo los golpes del destino, mi cabeza ensangrentada jamás se ha postrado. Más allá de este lugar de ira y llantos, acecha la oscuridad con su horror. Y sin embargo la amenaza de los años me halla, y me hallará sin temor. Ya no importa cuán estrecho haya sido el camino, ni cuántos castigos lleve a mi espalda: Soy el amo de mi destino, Soy el capitán de mi alma”.
– Nelson Mandela, “Invictus”
Antes de la Ruffomanía y de la alternancia del poder en Baja California, habría que recurrir a la historia política de Baja California en ensayos como Baja California, Democracia con Ametralladoras, editada en el Paso, Texas, en 1959 por Carlos Ortega, y sin faltar Biebrich, Crónica de una Infamia, primer libro de don Jesús Blancornelas, publicado por EDAMEX en 1975.
El tema recurrente es actual. La narcopolítica iniciada desde el gobierno de Abelardo Luján Rodríguez, en el entonces Distrito Norte de Baja California, según revelaciones de History Channel. Lo mismo le cuelgan a Miguel Alemán Velasco en Guerrero. En la Sinaloa de Rocha, antes estuvieron Sánchez Celis y Toledo Corro.

Braulio Maldonado tomó posesión como gobernador de BC en Mexicali, protegido por cinco mil soldados, ante el descontento popular. Fue célebre al querer despojar a los rusos de sus tierras en el Valle de Guadalupe. Don Lázaro Cárdenas ya les había titulado sus tierras. Inolvidables los crímenes de Maldonado con sus sátrapas, Los Chemitas. A don Óscar Genel se lo quiso “despachar” en La Rumorosa.
Publicidad
Toda una cronología criminal en política recorre Baja California hasta llegar a la ilegal e inhumana detención de Ruffo. Basta ver semanalmente la página 2 de la Sección B (p. 27) del Semanario ZETA, desde que en 1987 los guardaespaldas de Jorge Hank Rhon asesinaron a Héctor Félix Miranda, El Gato. El Lic. Ernesto Ruffo Appel sí pudo encarcelar al que me mató, y dijo que en este caso “todos los caminos conducen al Hipódromo de Agua Caliente”. Nueve gobernadores hasta Marina del Pilar, no hicieron nada, sólo Ruffo.
En 1977, a sus 75 años el ex secretario de Defensa de Luis Echeverría, y creador de los Vuelos de la Muerte, para lanzar al mar en Guerrero, vivos o muertos a los opositores al régimen, Hermenegildo Cuenca Díaz, general, murió en circunstancias extrañas tras comer, siendo candidato al gobierno de Baja California; uno de sus colaboradores militares murió ejecutado a balazos en Tijuana.

Seguramente quien enyerbó a los ensenadenses y bajacalifornianos en política fue La Cotorra, El hijo de la Cotorra, o Comadre de la Cotorra. Editado por don José de León Toscano, morador de la Bufadora. Y no fue Ensenada la cuna de la democracia. En 1947 el primer municipio no priista fue Quiroga, Michoacán; Hermosillo en 1968; San Luis Río Colorado en 1982; y otras lejanías como Yucatán. De Mérida hasta Ensenada…
La mayor cantidad de científicos per cápita vive en Ensenada; y ya en 1912, Octavio Paz Solorzano, periodista y padre del Nobel mexicano 1990 Octavio Paz, vivió en Ensenada.
Elías Chávez, periodista de Proceso, cubrió los procesos electorales 1986 y 1989, que convirtieron a Ruffo en alcalde y luego gobernador. “¿Usted es entonces el virtual gobernador de Baja California?”, le preguntó Chávez en el Castell Calafia, aquel domingo 2 de julio de 1989. “De acuerdo a las actas nominales firmadas por todos los partidos, sí, soy el virtual gobernador de Baja California (1989-1995)”. Ernesto Ruffo había recogido con su equipo, personalmente, aquellas actas de Ensenada, Tijuana, Tecate y Mexicali. Entrevistado por Hablemos del Campo en la Ciudad de México, para “El líder” (Elías Chavez) como le dice el gremio periodístico: “Ruffo es un preso político”.
Bien le dijo Andrés Manuel López Obrador a Julio Scherer Ibarra (Ni venganza, ni perdón): “No lo dudes. El poder no perdona. Te van a perseguir, te van a inventar, te van a querer destruir”.
“No me olviden”, son las palabras de Ernesto Ruffo al ser convertido en un preso político, en casa de unos amigos. Trasladaron a prisión al primer gobernador de oposición en México; al iniciador de los Institutos Estatales Electorales, y de la primera credencial electoral con fotografía. Aquello en el contexto mundial de personajes inolvidables como Vaclav Havel, Mijail Gorbachov, Nelson Mandela, Maquío Clouthier, Lech Walessa, la Madre Teresa, José Mujica, Monseñor Romero, Karol Wojtyla. Toda una época de resistencia y democracia en la tierra.

En estas horas difíciles para la democracia en México, en donde no hay -como expresó Ruffo recientemente- Estado de derecho, donde el ogro filantrópico -como el estado soviético nazi- protege y esconde a los criminales, sabemos que este buen hombre está, como todos, en las manos de Dios. A él y a tantos presos políticos en el mundo, dedicamos el poema “Invictus”, que escribió Nelson Mandela en sus más de 30 años en las prisiones sudafricanas para luego ser aclamado presidente de su Patria, convocando a la reconciliación entre la minoría blanca y la mayoría del Congreso Nacional Africano.
Invictus
En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
le doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido, ni llorado.
Bajo los golpes del destino,
mi cabeza ensangrentada jamás se ha postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos,
acecha la oscuridad con su horror.
Y sin embargo la amenaza de los años me halla,
y me hallará sin temor.
Ya no importa cuán estrecho haya sido el camino,
ni cuántos castigos lleve a mi espalda:
Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma.
Germán Orozco Mora reside en Mexicali, B.C.





