“Mi obra no es abstracta, es cósmica”, expresó a ZETA el artista que expone la individual “Inmanencia” en la Galería del Instituto Frontera de Tijuana
Cuando en 1966 llegó a Tijuana, a los 20 años de edad, Ángel Alfonso Valenzuela Ramos todavía no era Ángel ValRa, pero en ese año inició una trayectoria en la ciudad fronteriza hasta hacerse de un nombre propio, para fortuna de la plástica bajacaliforniana.
Tras estudiar en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio y en la Escuela de Artes Plásticas “José Clemente Orozco” en Mexicali, entre 1962 y 1966, el joven Ángel Alfonso Valenzuela Ramos (Mexicali, 2 de agosto de 1947), se estableció en Tijuana: “En 1966 llegué a Tijuana, por eso digo que tengo 60 años de trabajo”, tal como expresó a ZETA Ángel ValRa desde su taller, localizado a unos cuantos locales de la Avenida Revolución de Tijuana, tras seis décadas en la plástica bajacaliforniana que el autor celebra con la individual “Inmanencia” en la Galería del Instituto Frontera, cuya síntesis (12 piezas) de su extensa obra en exhibición también tiene su historia.
EN LA PORTADA DE LA REVISTA SIEMPRE!
Un parteaguas que Ángel ValRa recuerda en su trayectoria y que cuenta con gran devoción es indudablemente la publicación de un Quijote suyo en la portada de la revista Siempre!, en 1969, cuando tenía 22 años de edad: “Portada de Ángel ValRa”, se lee en el cintillo inferior de la célebre publicación en su XVI Aniversario, que dirigía el periodista José Pagés Llergo.
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— ¿Por qué pintó a Don Quijote?
“Porque Don Quijote, como San Judas Tadeo, es el de las causas perdidas, impossible dream. Resulta que Meli (Imelda Chávez Manríquez) era una muchacha muy linda, la abanderada de los desfiles del magisterio. Yo quería que se casara conmigo Meli, la más bella de Tijuana. Yo estaba tremendamente enamorado de ella, entonces yo andaba como entre las nubes. Y entonces yo le dije: ‘Nos vamos a casar el 26 de julio de 1969, el día de la Revolución cubana’, porque los dos éramos de izquierda. Y entonces me dijo: ‘Oye, mi amor, yo creo que lo vamos a pensar eso de casarnos’. Entonces yo empecé a caminar, salí a caminar y caminar y caminar y caminar”.
“Vivíamos en Benito Juárez 580, Fraccionamiento Anáhuac, La Mesa. Allí vivía yo, atrás de la casa de Meli en un salón de madera que había sido un saloncito para las maestras, profesoras como yo. Entonces, eso de que ‘lo vamos a pensar’ me hizo andar como loquito dando vueltas en la ciudad hasta cansarme, llegué y me acosté. En cuanto puse la cabeza en la almohada me dormí y al siguiente día apareció Don Quijote de la Mancha en mi mente. ¿Qué tiene que ver Don Quijote? Y entonces dije: ‘Don Quijote me va a salvar’, así lo dije. Me voy a poner a pintar un Quijote, se lo voy a llevar a don José Pagés Llergo a la Ciudad de México y se va a publicar como portada de aniversario de la revista Siempre!, que solamente la hacían los grandes pintores: la prueba es Rafael Coronel. Ésa es la historia de cómo yo llevé a la revista Siempre! El Quijote”.
— ¿Considera que la publicación de su primer Quijote en la portada de la revista Siempre! fue un parteaguas en su trayectoria?
“Sí, categóricamente. He hecho miles; acabo de vender 24 Quijotes a 300 dólares cada Quijote. Los Quijotes son como arte alimentario, porque vendo y vendo y vendo y vendo Quijotes. Con la portada de la revista Siempre! me abrí paso en muchas partes, ya pude exponer también”.

LAS PRIMERAS INDIVIDUALES
Dos individuales recuerda Ángel ValRa en el inicio de su trayectoria. Primero, al establecerse en Tijuana en 1966, expuso su primera individual en 1969:
“En Tijuana hice una exposición en el edificio del Heraldo de la calle Primera. Allí en la esquina de la calle Primera y Revolución, hay un edificio blanco, ahí funcionaba el periódico del Heraldo; ésa es la primera exposición que yo hice, en el 69. La siguiente fue en la Ciudad de México, del 70. Ya pintaba con color. Un cuadro era sobre las hambrunas de Biafra, era una llamada de atención a la miseria de Biafra. En esa primera individual en Tijuana el tema era social, siempre era político”, recordó.
También trajo a la memoria la individual que expuso en la Casa de la Paz de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en coordinación con el Instituto Politécnico Nacional (IPN), en 1970.
— ¿Cuál era su búsqueda o propuesta en términos estéticos en la primera individual en la Ciudad de México en 1970?
“En esa primera exposición de la Casa de la Paz todo se fundamentaba en la calidad del dibujo, había cuadros realistas, cuadros muy figurativos, de personajes y cosas como que son búsqueda de un lenguaje. Lo interesante es que don Antonio Rodríguez, el gran crítico de arte de la revista Siempre!, fue el que escribió la nota de ese catálogo en donde decía: ‘Trabajas hacia todos los puntos cardinales de la creación con más audacia que rigor, no por ignorar que los cánones lo prohíben, sino por un afán honesto de búsqueda’. Era mucho dibujo en blanco y negro, era mi primera exposición en la Ciudad de México, eran como unos 40 cuadros”.
Desde entonces, Ángel ValRa es uno de los artistas plásticos más importantes de Baja California; de hecho, a la fecha es el único que ha expuesto en dos ocasiones en la Bienal Rufino Tamayo, en 1992 y 1996; además ha exhibido dos individuales en Francia: “Mexique Contemporain”, en la Galería Ágora, en Marsella; y “ValRa”, en la Galería Parallele Aix, Provence.

“PAISAJES CÓSMICOS O PAISAJES INTERIORES”
Una parte de la obra de Ángel ValRa se encuentra en el libro “ValRa. Cósmica y mecánica de la pintura”, editado en 2021, bajo la coordinación de Enrique Ciapara y Eduardo Lozano Murillo, en la colección La Rumorosa de la Secretaría de Cultura de Baja California, con Pedro Ochoa Palacio como titular de la institución cultural; algunas de las obras incluidas en el libro se encuentran en exposición en la Galería del Instituto Frontera de Tijuana, como “Zarza ardiendo” (acrílico sobre tela, 163 cm x 170 cm, 2008, colección del autor), “El jardín de las delicias” (acrílico sobre papel, 137 cm x 162 cm, 2015, colección del autor) y “Montaña sagrada” (acrílico sobre tela, 135 cm x 183 cm, 2011, colección del autor).
A propósito de los “paisajes cósmicos” o “paisajes interiores”, tal como el propio artista describe su obra, ValRa compartió con ZETA dos historias que a su parecer han interpretado a la perfección su obra.
“Quien ha interpretado extraordinariamente bien mi pintura, sobre todo la que exhibí en esa exposición del 69 en el edificio del Heraldo, fue una señora. Ya estaba montada la exposición –eran puros cuadros que yo digo que son paisajes cósmicos o paisajes interiores–, entonces llegó una señora todavía con el mandil en la cintura y una niña con el uniforme escolar; yo estaba ahí sólo como para ver qué decían. Entonces le dice la niña a su mamá: ‘Oye, mami, ¿qué es esto?’, frente a un cuadro. Entonces la mamá le dijo: ‘Es un paisaje del principio de los tiempos’. Fíjate con qué lenguaje poético, parece de Rulfo o de Cortázar. Qué definición de mi pintura tan extraordinariamente exacta. La mejor opinión que han dicho sobre mi obra la dijo un ama de casa”, reconoció.
De hecho, un “pintor de cantina” también coincidió con ValRa en la búsqueda de la luz en una pintura:
“Aquí había un bar, Bar El silencio, se llamaba (cerca de la Avenida Revolución de Tijuana, por donde actualmente se encuentra su estudio). Allí había un pintor trabajando, pintando el viejo cuadro que pintan en las cantinas: el rapto de una mujer que la suben a un caballo. Ahí estaba pintando el pintor de la cantina. Y yo me metí a la cantina. Ahí estaba el estudio de Enrique Ciapara. Y le digo: ‘Oye, artista, tómate una botella aquí conmigo para que descanses un rato’. Y le invité una caguama al pintor. Y luego luego coincidimos, checamos bien. Y luego me dice, cuando estaba tomándose la cerveza: ‘Oye, pintor, ¿tú sabes lo que es la pintura?’. No, a ver dime tu versión. Me dice: ‘La pintura es el esfuerzo de la materia por convertirse en luz’”.
“Un pintor de cantina que te dice: ‘La pintura es el esfuerzo de la materia por convertirse en luz’, en colores pues, ¡qué chingona definición! Ésa y la de la ama de casa son las que, juntas, definen totalmente mi pintura”.

MECÁNICA DE FLUIDOS
En la entrevista para este Semanario, ValRa también se refirió al concepto de “mecánica de fluidos” al crear una pieza que deriva finalmente en una obra “cósmica”, más allá de la figuración o la abstracción, donde también combina brochazos, goteos con goteros o hasta con una cuchara e incluso mandarriazos.
Al momento de explicar su “mecánica de fluidos” y mientras mostraba algunas piezas contenidas en su libro, ValRa se refirió a algunas obras clásicas en su catálogo como “Sueños de California” (acrílico sobre tela, 121 cm x 139 cm, 2009, colección Jean-François Piche), “Danza de agua” (acrílico sobre tela, 121 cm x 157 cm, 2009, colección del autor), “Ave Fénix” (acrílico sobre tela, 121 cm x 182 cm, 2009, colección Jean-François Piche), “Incandescencia” (acrílico sobre tela, 106 cm x 134 cm, 2009, colección José Galicot), “Camino a Playas” (acrílico sobre papel, 153 cm x 145 cm, 2015, colección del autor) y “Viaje a Conrad” (acrílico sobre papel, 137 cm x 162 cm, 2012).
Para empezar, a propósito del color acra, amarillo y naranja que prevalece en su obra: “Acra es una especie de acrónimo; antes se llamaba acra, ahora se llama Quinacridone Nickel Azo Gold. Es un dorado que tiene el color del fuego, por eso es que da esa intensidad que tiene el tinte”.
— En obras como “Incandescencia”, “Camino a Playas”, “El jardín de las delicias”, “Pan de Darwin”, “Zarza ardiendo”, “So far so close”, prevalece el color acra, color fuego, color naranja. ¿Qué tanto el color de la región fronteriza, desértica, ha influido en su obra?
“Totalmente. El fuego es Mexicali. Yo le huyo al fuego. Me vine de Mexicali porque no tenía allá ninguna emoción”.
— ¿Qué es la “mecánica de fluidos” en su proceso de creación de una obra?
“Cuando yo pinto, humedezco la tela, primer paso. Para que corra el color tiene que tener agua. Hay cuadros en donde nada más tengo un solo color. Pongo la pintura en el piso, luego la humedezco, después con un gotero voy dejando caer color. Por ejemplo, ‘Sueños de California’ es como un incendio, para mí es una belleza incendio y paisaje, el azul parece agua y fuego; eso es mecánica de fluidos: cómo funcionan los fluidos con el agua y con mover la tela y a veces es más pictórico”.
“Por ejemplo, ‘Danza de agua’, es pura agua, no tiene ni una sola pincelada, ni un solo brochazo, nada más es la mecánica de fluidos. Entonces, es el esfuerzo de la materia por convertirse en luz, en color, es un regodeo del color. En ‘Ave Fénix’ no dibujé nunca un ave, salió porque quedó un hueco. ‘Incandescencia’ también es mecánica de fluidos; es el volcán, el fuego que está saliendo cuando acaba de haber una explosión volcánica, una erupción, ahí está el fuego. ‘Camino a Playas’ también es mecánica de fluidos; debajo de la pintura es lo que hice con un brochazo fuerte, a veces combino las dos cosas”.

“Mi obra es producto de una especie de mecánica de fluidos, pero que está fundamentada en la buena capacidad que tengo para dibujar, porque si con una toalla puedo hacer un mandril (‘Viaje a Conrad’), imagínate si no sabré dibujar, sintetizo el dibujo, es lo que hago yo”, sentenció, mostrando la obra (acrílico sobre papel, 137 cm x 162 cm, 2012, colección Susana Morales).
— En la “mecánica de fluidos”, ¿el azar del fluido es controlado por el artista?
“Totalmente (contesta mostrando aún ‘Viaje a Conrad’). ¿Cuánto tiempo me tardé en hacer el elefante? El tiempo que tomé la bandeja de color azul y el color gris y lancé el color hacia el papel. ¡Y cómo chorreó hacia abajo! El azar es producido por mí: el azar no es azar, es cómo lancé el color. Ahora, me tardé como medio minuto, 20 segundos para hacer el elefante. ¿Cuánto me tardé en hacer la rama? Pues un mandarriazo, ni un segundo. El mandarriazo se bifurcó, hay una bifurcación, como que es una astilla de la rama. Y eso se logra con un solo movimiento de brazo, pero con una energía encabronadamente contenida, con una maestría ese trazo, calibro totalmente la velocidad con que voy a hacer eso, absolutamente. El mandarriazo es de un segundo. Ahora, me tardo más en esperar que seque que hacer la pintura”.
— ¿O sea que casi no usa la brocha para pintar?
“No. La mecánica de fluidos es una técnica del azar falso. El azar está construido por medio de acciones mecánicas”.

“UNA BÚSQUEDA DE LA IMAGEN”
Hacia el desenlace de la entrevista en su taller, localizado a unos cuantos locales de la Avenida Revolución de Tijuana, ValRa compartió algunas consideraciones sobre pintura, que finalmente sintetiza como la “búsqueda de la imagen”.
— ¿Qué es la pintura para Usted?
“La pintura es mi vida, es mi oficio. Nunca cruzó por mi mente qué voy a hacer cuando esté grande. Nunca me lo propuse. Yo sabía que no servía para nada más que para esto, soy bueno para esto. He creado un estilo en donde nada más yo soy el que lo puede hacer, ése es todo el chiste de mi pintura; por eso es que vale mi pintura, porque nadie lo puede hacer como yo, nada más yo”.
Finalmente, argumentó sobre su obra “cósmica”:
“El pintor produce pintura o produce imágenes; cuando eres un pintor figurativo, estás inclinado a que sean las dos cosas: es lo plástico, o sea, lo pictórico y la imagen al mismo tiempo. Y la imagen puede ser abstracta si se trata de pintura; por ejemplo, lo que se llama abstracción lírica, es una especie de visión muy lírica, muy sentimental, muy emocional, digamos. Y entonces es abstracción, el gozo es visual, es pictórico, es cromático, te llaman la atención los colores y todo eso; eso es una abstracción. Pero mi obra no es abstracta, es cósmica; es una búsqueda de la imagen”.





