Un día sí y otro también, nos abruma la presencia de los políticos.
La sociedad mexicana enfrenta un escenario político y social que exige serenidad y juicio crítico. La ecuanimidad, entendida como la capacidad de mantener la calma y la imparcialidad frente a situaciones complejas, se convierte en una virtud esencial para analizar el rumbo del país en los próximos años (Nussbaum, 2010). En este sentido, el pensamiento equilibrado permite distinguir entre propuestas reales y promesas vacías, evitando que la ciudadanía se deje arrastrar por la mercadotecnia política.
En la historia electoral de México, se ha observado que las campañas suelen privilegiar la imagen sobre el contenido, lo que genera un riesgo de que las decisiones ciudadanas se basen más en la espectacularidad que en la viabilidad de los proyectos (Loaeza, 2012). Sin embargo, el futuro democrático requiere que la evaluación de los aspirantes se centre en su trayectoria de vida, en la coherencia entre sus palabras y acciones, y en su compromiso demostrado con la sociedad (O’Donnell, 2004).
La ecuanimidad también implica reconocer que las propuestas deben ser analizadas con criterios de factibilidad. Una promesa llamativa pero sin sustento técnico o financiero puede convertirse en un espejismo que alimenta la frustración ciudadana (Przeworski, 1995). Por el contrario, un proyecto sólido, aunque menos espectacular, puede traducirse en soluciones concretas a problemas prioritarios como seguridad, educación, salud y empleo.
El pensamiento equilibrado demanda que la ciudadanía se informe de manera crítica, contrastando fuentes y debatiendo con respeto. La participación política madura no se limita al acto de votar, sino que implica un proceso de reflexión colectiva sobre quién ofrece un camino realista y quién ha demostrado con hechos su compromiso con el país (Dahl, 1989). En este sentido, la ecuanimidad se convierte en un antídoto contra la manipulación mediática y la polarización social.
De aquí al año 2027, el reto será mantener la serenidad frente a la avalancha de mensajes que buscarán influir en la opinión pública. La elección no debe definirse por quien tenga la mejor estrategia de marketing, sino por quien presente propuestas viables y una trayectoria íntegra. Solo así las promesas podrán transformarse en proyectos, y los proyectos en soluciones que respondan a las necesidades urgentes de la sociedad.
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En conclusión, la ecuanimidad y el pensamiento equilibrado no son solo virtudes individuales, sino condiciones colectivas para fortalecer la democracia mexicana. La ciudadanía deberá asumir con responsabilidad el papel de evaluar con rigor y serenidad a quienes aspiren a gobernar, asegurando que las decisiones se basen en proyectos realizables y no en ilusiones pasajeras.
Todo es cuestión de ecuanimidad política social.
Alberto Sandoval ha sido profesor, servidor público, consultor, conferencista, deportista y activista ciudadano. Correo: [email protected] Internet: http://about.me/sandovalalberto/ Facebook: Alberto Sandoval X (Twitter): @AlSandoval INSTAGRAM: @AlbertoSandovalF TikTok: @AlbertoSandovalF







