¿Qué porcentaje de la población mexicana trabaja en los distintos gobiernos? ¿Cuántos millones de personas nos ganamos la vida en actividades que genera la iniciativa privada o la inquietud de ser su propio jefe (profesión o actividad libre)? Y claro, ¿cuántos miles, quizá millones desde la informalidad, tienen sus ingresos? Ahora pensemos ¿cómo se llega para desde ahí contribuir a la manutención familiar?
En el primero de los grupos, sin mucho pensar, aseguramos que trabajar en los gobiernos por relaciones, herencia o suerte. Ahí se demostrará la capacidad, si la tiene. Caso contrario o porque surgió otra oportunidad de escalar al poder. En el segundo, se trabaja con ahínco tratando de desarrollar toda la capacidad para ir ascendiendo y lograr mejores ingresos. Hasta aquí todos pagamos impuestos. En la informalidad destaca la inquietud de ganar lo más posible, sin compromiso con el Estado (no impuestos).
Estas inquietudes surgieron en charlas de amigos contemporáneos (del 6º. al 9º piso de la edad). Los jóvenes nos identifican como ancianos y se escandalizan al compartir con ellos (hijos, sobrinos, nietos, etcétera) una inquietud política, que ellos no aceptan: en las próximas elecciones, votaremos por una persona de la iniciativa privada. Porque ellos son los que trabajan, se arriesgan a éxitos o fracasos, pero difícilmente tiran la toalla, ni tampoco sufren la posibilidad de ser corridos de sus trabajos.
Y es que en este momento en que los políticos andan desaforados, pisoteando la ley electoral sin ser tiempo, ya se están acercando a los grupos o personas para presumir de inteligentes, trabajadores, comprometidos, etcétera. Y a cambio de ese bla, bla, bla, piden el voto. Como si las virtudes que destacan harán que olvidemos sus historias, algunas vergonzantes, otras de mediocridad pues se han colgado de amiguitos, compadres, ex compañeros o ex patrones. ¿Aceptaremos esas auto proclamadas virtudes? ¿Qué tal si dedicamos tiempo para buscar a los mejores? Baja California lo merece.
Nota 1. Ver el desastre que han hecho con el modesto pero práctico Malecón de Playas de Tijuana, nos hace pensar que no hubo un proyecto serio, solo un atractivo video que estuvieron circulando. Prometía que sería superado al que ya teníamos. Pudo más la mezquindad y los pleitos políticos. Total, nadie de los actuales salvadores de la Patria, paga por sus errores.
Nota 2. ¿Quién demonios dio los permisos para construcción, altísimos edificios junto a la cañada Parque Azteca, Playas de Tijuana?
Publicidad
Nota 3. ¿Callaremos si siguen con el malévolo plan de tirar la Plaza de Toros Monumental? Ya complicaron la movilidad con la construcción de tantas casas en la entrada de Playas y carretera a Ensenada. Autoridades ignorantes.
Luz Elena Picos es directora de Red Social de Tijuana.
Correo electrónico: [email protected] www.lagacetaredsocial.com





