“Siento que mi escritura está permeada por la frontera”, expresó a ZETA la escritora mexicalense que ganó el Premio Biblioteca Breve 2026
Con su primera novela, “Donde termina el verano”, la narradora mexicalense Elma Correa ganó el Premio Biblioteca Breve 2026, editada recientemente por el sello Seix Barral de Editorial Planeta.
Integrado por Sergio Bang, Laura Barrachina, Adolfo García Ortega, Santiago Roncagliolo y la editora de Seix Barral Elena Ramírez, “el jurado del Premio Biblioteca Breve 2026 ha concedido el galardón a ‘Donde termina el verano’, de Elma Correa, el poderoso relato de una amistad lastrada por el peso de un secreto compartido, pero también el retrato de una comunidad en la frontera de México con Estados Unidos: un territorio marcado por la precariedad y la violencia, donde la lealtad y los códigos compartidos se sitúan por encima de la ley”.
“Celebramos de manera muy especial que el premio recaiga este año en una autora mexicana, y que lo haga con una obra que dialoga de forma natural con el imaginario narrativo latinoamericano, y que incorpora a la vez una mirada propia y profundamente contemporánea”, de acuerdo con Editorial Planeta.
Asimismo, el Jurado asentó en el acta que se trata de “una novela extraordinaria sobre la amistad y la culpa entre dos mujeres a lo largo de los años en la brutal frontera entre México y Estados Unidos. Narrada con una técnica asombrosa y la dosis justa de suspense y emoción para mantener en vilo al lector, la novela pone en el centro de la trama cómo la lealtad está por encima de la ley en una comunidad sin piedad hacia los más débiles”.
Tras obtener el Premio, Elma Correa declaró a ZETA que “ha sido una locura. No es algo que pasó, es algo que está pasando. Estoy muy muy emocionada, muy contenta, muy agradecida; ha sido todo precioso, ha sido muy bonito”.
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ESCRIBIR DESDE “EL LÍMITE FRONTERIZO”
En alguna parte, el narrador omnisciente habla de “la frontera como un lugar mítico. Como un espacio de confluencia y a la vez de separación. Como un escenario de pugnas humanas y divinas. Un universo de trueque, de tránsito, de tráfico. De suciedad y pecado. Un purgatorio. Un lugar de purificación. Un lugar donde esconderse, perderse, desaparecer para renacer y empezar de cero”.
— ¿Cómo consideras que había sido abordada la frontera entre México y Estados Unidos en la literatura bajacaliforniana? ¿Y cómo quisiste abordarla en “Donde termina el verano”?
“Fíjate que antes o cuando estaba más morra, a mí me molestaba mucho la etiqueta de la literatura fronteriza o la literatura del norte, porque todos los que escribían sobre eso eran varones y yo no me identificaba con lo que ellos escribían, entonces yo no quería ser norteña y no quería ser fronteriza, según yo; yo quería ser muy universal. Pero bueno, pasa el tiempo, uno crece, uno madura, y pues entendí de modo natural que claro que las geografías determinan, los territorios nos atraviesan y tienen todo que ver con quiénes somos, con nuestra identidad. O sea, yo no puedo sustraerme del lugar en el que nací, en el que crecí y que habito. Realmente yo nunca me he ido de la frontera, en tanto persona, como morra”.
“Siento que mi escritura está permeada por la frontera. Por ejemplo, en mis primeros cuentos o en mi primer libro en realidad todo grita ‘Mexicali’. Cuando me relajé y empecé a escribir, tal vez con un poco más de madurez, pues resulta que la frontera es una de mis preocupaciones más importantes, además de la experiencia femenina; pero creo que desde ahí, desde un lugar de enunciación bien específico que tiene que ver con ser mujer en la frontera o en la transfrontera, más específico tal vez”.
“Siento que no es que yo me haya propuesto escribir la frontera de un modo particular; creo que yo estaba buscando un escenario que era el barrio donde suceden las cosas de la novela y ese barrio tiene la peculiaridad de estar en el límite fronterizo y es el barrio en el que yo crecí, así que, a pesar que la novela no es autobiográfica, lo conozco perfectamente. Más que narrar la frontera, yo estaba narrando un escenario particular, y la frontera, lo transfronterizo y el norte devinieron de modo contextual”.
— ¿Qué es para ti la frontera?
“Para mí la frontera es, primero, un lugar físico, un lugar geográfico, una circunstancia que se sale de mi control. Yo no decidí dónde nacer, yo no decidí dónde crecer tampoco, porque los que no tenemos ciertos privilegios pues no podemos irnos a ninguna parte y tenemos que hacer lo que podemos con lo que tenemos. Ya en otros términos, la frontera es también un lugar súper simbólico, tiene un montón de cargas, tiene un montón también de estigmas y de prejuicios. También es un lugar muy exotizado, muy condenado. Yo estudié Ciencias Sociales, y a mí las Ciencias Sociales me dieron también una visión, me ayudaron mucho a observar y a desmenuzar ciertas cosas que observo por ahí, que han nutrido también de alguna manera mi trabajo literario. Tal vez un poco desde ahí es que ese pasaje está descrito así”.
“Creo que la frontera es una circunstancia específica que se nos sale de las manos a todos los que la habitamos, porque está bajo un control que no nos pertenece”.

LA VIOLENCIA EN LA FRONTERA
Es verdad que el tema de “Donde termina el verano” es la amistad entre Elisa y Aimé, pero la violencia en la frontera se convierte en protagonista desde el escenario, específicamente el barrio polvoriento de la periferia de Mexicali, ciudad colindante con Calexico, del lado estadounidense.
— ¿Por qué para ti es importante mostrar la violencia de la frontera de México con Estados Unidos? En “Donde termina el verano” abundan secuestros, narcotráfico, asesinatos y desapariciones, pero también claramente las diversas violencias contra la mujer…
“Yo no hago autoficción ni escribo cosas autobiográficas, pero escribo de lo que me atraviesa y de lo que me importa. Yo soy mujer en un país feminicida. O sea, esa conciencia, saber que por mi condición de género yo puedo un día simplemente no volver a mi casa, o que todas mis amigas o mis hermanas o mi madre, mis estudiantes en la universidad o cualquier otra mujer, lleva una diana en la espalda. Eso es fuertísimo, eso cambia el modo en el que observamos el mundo, el modo en el que lo habitamos. O sea, es una cosa que no sé si lo podrían comprender otras personas que no fueran mujeres, quizás las disidencias podrían entendernos. Todo aquel que ha sido históricamente subordinado, tal vez podría comprenderlo”.
“Esas cosas me importan y entonces procuro abordarlo no en términos como de panfleto, como de activismo, porque también entiendo que la literatura es un poco otra cosa, pero no podría dormir en la noche si no tocara esos temas. Al final del día, también siento que la novela no es una novela sobre la violencia en la frontera; es una novela sobre la amistad entre dos mujeres, y la parte de la violencia que se toca también es contextual, también tiene que ver con el escenario en el que ocurren los eventos, pero no es lo más importante de la novela”.
— Pero tu novela también es claramente una postura política contra la violencia desde el punto de vista de una mujer…
“Sí, totalmente; por supuesto que sí. O sea, yo tengo una postura ante el mundo clara. Yo soy feminista y procuro escribir con perspectiva de género. Al mismo tiempo, no sé, ya el lector decidirá, yo no estoy tratando de decirle a nadie: ‘Esta novela es feminista’, que lo decida quien la lea. También creo que la novela no sólo trata sobre las mujeres; también trata sobre las infancias, sobre las adolescencias, sobre las personas racializadas, sobre todo aquel que no es un hombre blanco heterosexual, sobre las personas en situaciones de desventaja histórica”.

ENTRE EL CUENTO Y LA NOVELA
Elma Correa es autora de “Que parezca un accidente” (Nitro Press, 2018); “Mentiras que no te conté” (UDG, 2021), con el que ganó el XX Premio Nacional de Cuento “Juan José Arreola” 2021; “Lo simple” (INBAL, 2024), con el que obtuvo el Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí “Amparo Dávila” 2022; “Llorar de fiesta” (BUAP, 2022) y “La novia del león” (Nitro Press, 2024).
— A diferencia de tus cuentos, tu primera novela se distingue también por la atmósfera fronteriza, el barrio de Mexicali, no de Tijuana. ¿Podrías hablarnos de la atmósfera que te da la posibilidad de trabajar la novela a diferencia del cuento?
“Fue un cambio interesante. Creo que el largo aliento de la novela te permite explorar cosas que el cuento por su extensión y por lo que pide el género tal vez no alcanza para algunas cosas. Me gustó mucho. Me gustó muchísimo el ejercicio de novelista. Me gustó la creación de las atmósferas, saber que creo que fui capaz de sostener cierta tensión en pasajes más amplios; ese tipo de cosas me gustaron. Me gustó el homenaje a mi pueblo, el homenaje a mi rancho, con el que me he reconciliado muchísimo también ahora de adulta”.
— ¿Cuál fue el principal desafío literario en tu primera novela en relación con el cuento?
“Me considero cuentista, eso sí; de origen cuentista. Me encantó la novela. Mi proceso de escritura es también medio caótico, medio peculiar incluso. Creo que tiene que ver con puras cuestiones técnicas. O sea, yo ya era narradora, entonces no me asustaba el hecho de narrar una historia en un formato amplio, pero la novela exige ciertas cosas que son distintas a las del cuento: tener la historia amplia, pero en cada capítulo tratar de generar tensión; sin revelar demasiado, pero también no caer en que cada capítulo fuera un cuento por mi formación previa. Tuve que reescribir, para que sí fuera una novela y no fuera varios cuentos entrelazados; cosas técnicas fueron lo que me costó más trabajo”.
Elma Correa presentará “Donde termina el verano” el viernes 22 de mayo, a las 12:00 p.m., en la Sala Horst Matthai de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), Campus Tijuana. Asimismo, el domingo 24 de mayo, a las 4:00 p.m., también dará a conocer su novela en Bunko Librería, localizada en Avenida Revolución número 1651-8.







