“El zarismo ve en la guerra un medio para distraer la atención del descontento que aumenta en el interior del país y aplastar el movimiento revolucionario que va en ascenso”.
-V.I. Lenin, El Socialismo y la Guerra (1915).
El actual conflicto bélico iniciado por el imperialismo yankee contra la teocracia iraní es en fondo una guerra entre dos reconocidos bandoleros: China y Estados Unidos. Una guerra imperialista de rapiña.
Como es sabido China es el principal usufructuario (mejor decir el dueño) del petróleo iraní. Los sacerdotes musulmanes son solamente los capataces-administradores neocoloniales. El perro guardián de los chinos. Como décadas atrás lo fue el régimen monárquico del Sha de Irán de los chacales de Wall Street.
Se trata de una guerra entre dos aves rapaces. Donde el proletariado, en particular, y el pueblo, en general, no tienen pito que tocar.
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Es el intento de los buitres de la Casa Blanca por arrebatarles (o al menos poder compartir) los yacimientos petroleros a su rival chino. El “programa nuclear de enriquecimiento de uranio” de Irán tiene toda la impronta de ser solo una más de las engañifas de los hitlerianos de Washington. Recordemos que a Saddam Hussein lo derrocaron en 2003 acusándolo de poseer armas de destrucción masiva. Pura superchería.
En realidad, son los norteamericanos quienes más bombas atómicas, “programas nucleares” y bases militares tienen. En su país y alrededor del mundo. Y los únicos que han utilizado la bomba atómica para masacrar a la población civil. Por ejemplo, en Hiroshima y Nagasaki.
Los esclavos asalariados no deben, por ningún motivo, ponerse a defender al régimen iraní en esta contienda. Defenderlos es remachar sus cadenas de esclavos. Es afilarle el hacha al verdugo. Los ayatolas no son más que unos auténticos pistoleros del imperialismo chino.
No corresponde a los marxista-leninistas-stalinistas ayudar a un bandido a desvalijar a otro bandido, sino abatir a los dos bandidos.
Deber de los comunistas es aprovechar la guerra imperialista para transformarla en una guerra civil revolucionaria para derrocar a los opresores. Una guerra revolucionaria para liberar del yugo a los esclavos proletarios contemporáneos.
Los marxistas combaten las guerras injustas, anexionistas y de expolio de los imperialistas. Y se han levantado siempre de forma airada contra las guerras de rapiña de las grandes potencias. Guerras para robar y mantener sometidos a los pueblos.
Eso no significa que los revolucionarios de la clase obrera sean pacifistas, mucho menos cobardes. Son audaces y espartanos. Y organizan a los pueblos para responder a la guerra imperialista con la guerra civil revolucionaria.
“Defender a la patria”, a un régimen burgués capitalista, no es más que ser un perro guardián de los explotadores y asesinos del pueblo.
El gran Carlos Marx predicaba: “El proletariado no tiene patria, no se le puede arrebatar lo que no posee” (Manifiesto del Partido Comunista, 1848). La defensa de la patria sólo tiene sentido cuando la clase obrera detenta el poder. Cuando el país es verdaderamente libre, independiente y soberano. En otras palabras, cuando un país es auténticamente socialista.
La autocracia de la “4T” con frecuencia vocifera que México es libre, independiente y soberano. Nada más falso. Nuestro país es una colonia abierta, de par en par, para que los inversionistas extranjeros se sirvan con la cuchara grande. Solamente los que se tapan los ojos no ven esta realidad. “Cooperación sí, subordinación no”. Este slogan dicho como si se tratara de un anuncio comercial, aparte de ser una mentira es una absurdidad. ¿Qué clase de cooperación podría existir entre un elefante y una hormiga?
Tanto Irán como México, Cuba, Venezuela, etcétera, son verdaderos feudos sometidos a los dictados de sus correspondientes amos imperialistas. Y aunque gritoneen tanto Sheinbaum, los ayatolas, Díaz-Canel y otros del mismo pelaje que son “libres y soberanos”, en realidad son todos ellos unos cancerberos de los inversionistas extranjeros.
México, como cualquier otro país vasallo, carece de un potencial económico propio. Todo pertenece a firmas extranjeras y a poderosos trusts internacionales. Como apuntamos arriba. Sobre todo, norteamericanos. ¿Cuál independencia? ¿Cuál soberanía?
En efecto, a los esclavos asalariados iraníes, así como a las masas paupérrimas mexicanas no se les puede quitar algo que no poseen. No tienen patria que defender porque ésta pertenece a sus opresores, a los burgueses capitalistas. El proletariado tendrá patria propia cuando se levante en revolución y aplaste a los esclavistas contemporáneos. A los vendepatrias que actualmente detentan el poder. Mientras solo habrá alardes chovinistas y patrioteros de innumerables reaccionarios que tratan de tapar el sol con un cedazo. Que intentan obnubilar a los pobres haciéndole creer que “la patria es de todos”. Sí, de todos los opresores y asesinos del pueblo. Agregaríamos nosotros.
A los marxistas-leninistas-stalinistas no les apenaría, en lo absoluto, la derrota que sufriera la medieval y anticomunista teocracia iraní frente a los lobos carniceros, también anticomunistas, de Washington. Al proletariado consciente no los abatiría ningún revés que sufrieran los actuales alumnos de Rulah Jomeini frente a sus adversarios.
Atendamos: los bolcheviques leninistas nunca apoyaron a “su” burguesía. Nunca. Jamás auparon a sus explotadores. Ni durante la guerra ruso-japonesa (1904) ni durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). En ninguna de las dos guerras imperialistas adoptaron una posición patriotera, chovinista de defensa de la patria burguesa. Tal y como otros “socialistas” y “comunistas” lo hicieron, sino que llamaron con vehemencia, a los soldados rasos (obreros en el ejército burgués) a voltear los fusiles y disparar contra el absolutismo zarista que los utilizaba como cipayos para saquear y esclavizar a otros pueblos. Y para mantener en la esclavitud al proletariado de Rusia.
Confiaban, los bolcheviques, que la derrota del zarismo y de la burguesía rusa (apoyada por la Corona inglesa) debilitaría a los enemigos de proletariado y allanaría el camino a la conquista del poder. Lo que a la postre aconteció en 1917.
Ahora uno se pregunta: ¿Sabrán utilizar los marxista-leninistas iraníes esta preciosa situación (que desaprovecharon en 1979) para unir, organizar y armar al proletariado y a las masas pobres para asaltar el poder? Si no se sacrifican por lograrlo es que no son verdaderos comunistas sino unos auténticos charlatanes. No nos asombraría saber que algunos de los actuales “marxista-leninistas” iraníes ya se hayan enchufado, vendido a los criminales de la teocracia iraní para la “defensa de la patria”. De la sanguinaria y cruel patria burguesa mahometana.
Fijémonos. Poco antes de que Estados Unidos atacara a los ayatolas, mejor decir a los pistoleros del imperialismo chino, el odio popular bullía contra la reaccionaria satrapía religiosa. La guerra iniciada por Trump contra los imanes iraníes fue la tabla de salvación que guareció a la teocracia del levantamiento revolucionario, que se aproximaba. A trancos. Así, valiéndose de la situación creada por la guerra la teocracia paralizó el movimiento popular revolucionario. Paralización que, pensamos nosotros, será temporal. Siempre y cuando los comunistas persas redoblen sus esfuerzos y levanten a las masas y transformen la guerra imperialista de rapiña en guerra revolucionaria contra sus opresores, como ya lo hemos señalado.
Tarea que dejaron de hacer los marxista-leninistas del partido TUFAN iraní durante la gloriosa revolución de 1979 que destronó a la sanguinaria monarquía.
A los reaccionarios Ayatolas se les dejó las manos libres, que sin estorbos al frente consolidaron su opresivo y retrogrado régimen obscurantista.
Los revolucionarios iraníes desoyeron, en ese entonces, los sabios consejos de gran Carlos Marx: “Los obreros deben de actuar de tal manera que la excitación revolucionaria no sea reprimida inmediatamente después de la victoria. Por el contrario, han de intentar mantenerla tanto tiempo como sea posible… Desde el primer momento de la victoria es preciso encauzar la desconfianza no ya contra el partido reaccionario derrotado, sino contra los otrora aliados, contra el partido que quiera explotar la victoria común en su exclusivo beneficio”. “(Mensaje del Comité Central a la Liga de los Comunistas).
Los supuestos comunistas iraníes realizaron una actividad anodina y cobarde. Quienes lejos de luchar con audacia por colocarse al frente de la sublevación, dirigirla e imprimirle un fuerte carácter antiimperialista y proletario dejaron que los religiosos musulmanes manejaran el movimiento a su antojo y ahogaran el glorioso levantamiento revolucionario.
¿Pensarían acaso que se les señalaría de “izquierdistas”, “arrebatados”, “radicales”, etcétera? Pero, ¿qué revolucionario marxista presta atención a los venenosos escupitajos de las serpientes burguesas? Tenían los revolucionarios que haber luchado con heroicidad, contra viento y marea para arrastrar tras de sí a las masas y no dejar que el reaccionario santón musulmán Ruloh Jomeini y sus compinches se apoderaran de la plaza pública y estrangularan la sublevación.
Una de las peores faltas que cometieron los revolucionarios fueron: que no armaran a las masas con armas de fuego, que no apelaran a la violencia revolucionaria para atacar con éxito al ejército del Sha, de no asaltar los cuarteles para apoderarse de todo el armamento de las fuerzas armadas del absolutismo. Y de no combatir con fuego a los ayatolas que amenazaban con someter al movimiento y ponerle una camisa de fuerza.
Volvamos. Ahora que el par de matarifes han “enfundado” sus pistolas uno se pregunta: ¿Volverán los hitlerianos de Washington a bombardear al mastín de los chinos después de finalizada la “tregua” de dos semanas que impusieron? No es de dudarse. Pero también es probable que entre el buitre de Wall Street y el buitre de Pekín realicen un “enjuague”, se repartan el botín y apaguen el conflicto. Si es que otean que el alargamiento de la conflagración les es desventajoso.
El reciente “acercamiento” entre el autócrata chino Xi Ying Ping y Donald Trump confirma la probabilidad de que la hoguera que prendieron el par de fieras rapaces la comiencen a apagar. Para que mañana o pasado mañana la vuelvan a prender en otra parte del mundo o ahí mismo en la cuenca petrolera de Oriente Medio. Pretextos les sobran a los criminales del Pentágono. El imperialismo, manifestaba Lenin, significa guerra, sangre y robo. Violencia reaccionaria.
Los centenares o miles de proletarios asesinados por los diabólicos bombardeos les importa un comino a esos rabiosos perros. Los miles de asesinados recientemente en Palestina son prueba tangible de la sanguinaria esquizofrenia de los gorilas yankees.
Los marxista-leninista-stalinistas siempre apoyaremos al pueblo de Irán y a todos los pueblos esclavizados por las grandes potencias. Siempre estaremos del lado del proletariado internacional. Y nunca dejaremos de denunciar y atacar con energía a la negra reacción. A todos los explotadores capitalistas.
El revolucionario y patriota cubano Ernesto Che Guevara, tenía razón al arengar: “¡Crear uno, dos, tres…muchos Vietnam!”. En otras palabras, el mejor apoyo que los marxistas pueden dar a las masas iraníes, palestinas, etcétera, es trabajar con abnegación por favorecer y desarrollar acciones revolucionarias, por crear una verdadera situación de lucha revolucionaria, en primer lugar, en su propio país. Y simultáneamente apoyar, resueltamente, con propaganda, con ayuda moral y material la lucha de liberación nacional de los pueblos subyugados por el imperialismo; y la lucha de liberación social, contra el yugo capitalista, del proletariado en cualquier parte del mundo.
Somos de la opinión que el pueblo de Irán se levantará como en 1979 pero esta vez pertrechado con la experiencia pasada; no para llevar al poder a un nuevo Sha de Irán, ni para entronizar a otros sotanudos almuecines que entreguen el país a los extranjeros. Tal y como lo hicieron tanto la monarquía como la teocracia. Musulmanes que habían prometido, ante Mahoma, que no gobernarían el país como lo había hecho la dinastía de los Pahlevi. Los sacerdotes iraníes resultaron ser el summum de la traición.
Nada diferente a los criminales del Partido Morena y a su autocrático régimen militar la “4T” que hicieron también grandilocuentes promesas. “Vamos a convertir a México en un país del primer mundo” pregonaron. En las cuatro esquinas del país vociferaban, a voz en cuello, que ellos no eran iguales a los déspotas del PRI y del PAN. Los hechos, los irrefutables hechos desmienten sus palabras. La autocracia de la “4T” es el nuevo “PRI-AN” con vestuario guinda. Un verdadero cancerbero del bocón y asesino Donald Trump. Orangután tan alabado por López Obrador y por la “cándida” mujer Claudia Sheinbaum. La “mujer maravilla” del rabioso chacal de la Casa Blanca.
Atentamente,
Javier Antuna.
Correo: [email protected]






