Si las historias de Lady Gaga y de “El exorcista”, del escritor Wlliam Peter Blatty, pudieran fusionarse en una película, terminaría siendo esta extravagancia del director David Lowery, no del todo lograda.
Aquí tenemos a Anne Hathaway, una cantante pop que se hace llamar “Mother Mary” que intenta recobrar la fama tras un accidente. Justo en ese proceso retoma fuerza en su vida Sam Anselm (Michaela Coel), la diseñadora y amiga que jugó un rol clave en su ascenso, pero con quien también tiene una relación digamos que fuera de este mundo.
El problema es que tenemos aquí una cinta que va desde un diálogo pesado a un plano sobrenatural forzado, simplemente, porque lo que se ve no se cree. Hathaway parece batallar con esto también en sus diálogos y eso no ayuda.
El planteamiento funciona, el desarrollo de la trama no siempre, y es ahí donde el resultado es un filme que se quedó a medias, con un elenco probado que no puede hacer mucho porque tal vez también puso en duda su personaje. Cuando eso sucede el fracaso es inminente. *
Punto final.- Basta de “gore”. Las buenas historias, bien contadas, escasean en este momento en la cartelera.







