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viernes, febrero 27, 2026
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Salario mínimo: la burla del régimen

¿Cuál es la ley general que rige el alza y la baja del salario (del obrero) y la ganancia (del capitalista), en sus relaciones mutuas? Se hallan en razón inversa. La parte de la riqueza social de la que se apropia el Capital, esto es, la ganancia, aumenta en la misma proporción en que disminuye la parte que le toca al trabajador, o sea, el salario y viceversa. La ganancia aumenta en la medida en que disminuye el salario.   Carlos Marx. Trabajo asalariado y Capital. 1891.

 

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Miremos lo que dice el “spot” que de forma machacona se escucha diariamente a través de la maquinaria nazi-goebbeliana propagandística de la autocracia militar de la “4T”: “A partir de la Cuarta Transformación el salario mínimo ha tenido un incremento histórico. Ha subido de 88 pesos en 2018 a 315 en 2026, y en la frontera norte a 440 pesos diarios. Una recuperación de 154%. Crece el salario mínimo, crece el bienestar”. Una perla.

Todos los burgueses contemporáneos, no obstante repudiar el nazismo (por supuesto de los dientes pa’fuera), guardan celosamente en sus entrañas las “grandes enseñanzas” del hitleriano Joseph Goebbels.

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Repiquetear noche y día el “histórico” aumento salarial y los “apoyos” a los diferentes estratos empobrecidos es restregarle

en la cara a las masas paupérrimas las migajas que se les avienta. Despreciable grandilocuencia de la “4T” para demostrar que ellos no son iguales a los anteriores sátrapas “neoliberales” del “prian”.

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Hagamos un paréntesis. Se divulga que los mendrugos (“apoyos”) que se les echa a las masas paupérrimas sale de los impuestos que tributa la clase media. Eso no es totalmente cierto. Esto se hace por ignorancia o por tratar de confundir. Dicha divulgación acarrea agua al molino de la petulante burguesía mediana y pequeña. Clase mesocrática que constantemente alardea que hospitales, escuelas, etcétera, se deben a sus impuestos. Pero, he aquí la pregunta: ¿de dónde saca el dinero para pagar sus impuestos? De esto no habla la clase media. La verdad es que sale del sacrificio a que son sometidos diariamente los esclavos asalariados, de la explotación, o sea, de la plusvalía arrancada a las masas trabajadoras y de la cual se apropian todos los estratos (unos más que otros) de la clase patronal burguesa. Solo el minúsculo estrato pequeñoburgués no ocioso paga alcabalas no sangrando al proletariado.

En la actual sociedad burguesa el gran capital, los todopoderosos oligarcas financieros no pagan impuestos. Tampoco las masas trabajadoras en la inopia no pagan tributo alguno o contribuyen muy poco. Quienes en realidad sí pagan gabelas son los medianos capitalistas y la pequeña burguesía consolidada. Clase social mesocrática que ha obtenido su poder económico (cada día más menguado) esquilmando bestialmente al obrero. Mucho más que los trusts imperialistas. Como hemos indicado antes. De allí sus alaridos constantes contra la “tiranía” del fisco que le reduce sus ganancias. En cambio, las industrias cerveceras, mineras, refresqueras, maquiladoras de todo tipo, armadoras de automóviles, etcétera, ni sudan ni se acongojan. A esos omnipotentes consorcios se les eximen de todo tipo de gravámenes. Son intocables.

Prosigamos. Que sea alto el salario mínimo nominal no significa que éste satisfaga a plenitud todas las necesidades vitales del obrero. De ninguna manera.

La tendencia del capitalismo no es elevar el nivel de los salarios sino por el contrario, hacerlos bajar a su límite mínimo. Asegurando con esta medida el rápido y superabundante acrecentamiento de las ganancias de los burgueses explotadores.

Una cosa es la expresión monetaria del precio de la fuerza de trabajo del obrero y otra muy diferente es el salario real. El salario nominal es el precio numeral con que la clase patronal le paga al obrero. Por ejemplo: 200 pesos por jornada. En cambio, el salario real es la cantidad de víveres que con esos 200 pesos el trabajador puede adquirir. Si mañana el salario nominal se elevara a 400 pesos diarios y el obrero con esa paga solo lograra comprar la mitad de víveres significaría que el salario real se devaluó el 50%. Es decir, la mitad. Aunque el salario nominal se haya elevado 100%.

Sostener, como lo hace la dictadura morenista, que de 2018 a 2026 el sueldo real de los proletarios se ha “recuperado”, es decir, aumentado 154% es una mentira del tamaño del Everest. Porque como hemos manifestado el salario nominal nada tiene que ver con el salario real. Porque con números no llena su estómago la clase obrera. La susodicha “recuperación” se asemeja a la que trompeteo la “experredista” Sheinbaum el pasado 20 de diciembre cuando, con desparpajo, vociferó que durante los siete años de la “4T” alrededor de 12 millones de obreros habían pasado a formar parte de la clase media acomodada.

El obrero no debe dejarse engatusar por la cantidad numérica del pago, es decir, por el salario nominal sino más bien fijarse en la cantidad de subsistencias que puede conseguir con ese sueldo nominal.

¿Qué es lo que hace bajar el salario real del trabajador? La carestía de los alimentos principalmente, ya que con alrededor del 75 por ciento de su salario el trabajador compra comida.

Hoy por hoy con el salario mínimo el trabajador obtiene menos provisión que antes. La carne, la leche, el pescado, el queso, el tocino, etcétera, han desaparecido de la mesa de las familias proletarias.

Escuchemos a Carlos Marx, el sabio dirigente de la clase obrera internacional: “El salario puede y debe disminuir siempre que a los capitalistas les plazca rebajarlos. Si a los capitalistas les place alimentar a los obreros con papas en lugar de carne y con avena en lugar de trigo, se debe aceptar su voluntad como una ley de la Economía Política y los proletarios deben someterse a ella” (Carlos Marx. Salario, Precio y Ganancia. 1865. P. 30.

Lo que significa que al bajar el salario real el poder de compra se reduce y el obrero se ve obligado a consumir alimentos baratos de bajo poder nutricional. En otras palabras, a alimentarse con bazofia.

Hoy podemos atestiguar cómo en los hogares proletarios el mísero salario solo alcanza para frijoles, tortillas de maíz, sopa aguada, etcétera, los alimentos nutritivos arriba mencionados han desaparecido de los hogares de los pobres. La anemia, el raquitismo y todo tipo de enfermedades merodean como siniestros fantasmas las comunidades de los trabajadores.

Antes bastaba el salario del padre para el sostenimiento de la familia proletaria. En la actualidad no solo el cabeza de familia trabaja, sino que también la madre y algún hijo mayor para sostener su hogar común. Hoy, como podemos ver el ogro burgués se engulle a tres miembros de una familia obrera en lugar de uno.

Afirmar que la inflación se ha reducido desde que la “4T” se entronizó en el poder no es más que un cuento chino. Nomás dándose una vueltecita por los mercados populares se puede comprobar la falsedad de tal aseveración. En realidad, la carestía ha ido in crescendo. Haciendo polvo el sueldo del trabajador.

Ahora pasemos a ver algo que Sheinbaum público el pasado 26 de enero: “La inflación está contenida, al final de 2025 fue 3.6 por ciento; el peso está fuertísimo y además la inversión extranjera directa es récord”. ¡Beautiful!, dicen los anglos. Nomás le falto agregar: “de acuerdo con los estudios de nuestros economistas y de nuestras casas encuestadoras”.

Presumir que la inversión extranjera es “récord” no es otra cosa que quitarse la careta patriotera y enseñar su verdadero rostro de entreguista, de auténtica vendepatrias. De lameplatos de los extranjeros.

He ahí a la “mujer maravilla” (como la bautizó el actual gorila de la Casa Blanca, Donald Trump) del gobierno morenista subastando el país y a los esclavos asalariados al mejor postor. “¡Pásenle, señores inversionistas, las puertas de México están abiertas de par en par para que se sirvan a sus anchas!” “¡Pásenle, dráculas del mundo, que aquí tenemos a los mejores esclavos!”

¿Habrá hombre reflexivo que crea que los inversionistas-imperialistas son unas hermanas de la caridad y que vienen a “dar” trabajo a las masas en la desgracia? Solo los imbéciles y rastreros vendepatrias predicarían esto. No. Los inversionistas, esto es, los monopolios internacionales no tienen ni un átomo de humanismo. Son unos vampiros ávidos de sangre proletaria.

Atendamos los siguiente: España es uno de los países con el más alto desempleo en Europa. Masas paupérrimas por doquier. Sin embargo, la omnipotente oligarquía financiera española en lugar de invertir sus capitales en su propio país y aliviar el desempleo y la hambruna lo invierte en países subdesarrollados, como México, porque aquí los esclavos asalariados cuestan menos y por lo tanto la plusvalía, esto es, la ganancia es superior a la que obtiene en su país, España.

Los inversionistas extranjeros no son unos caritativos franciscanos que vienen a “dar” trabajo a los proletarios mexicanos en la penuria. No. Son en realidad unos malditos chupasangre que después de perpetrar sus crímenes “vuelan” hacia otros enclaves en busca de nuevas víctimas. Dejando en el abandono a cadavéricos trabajadores. Verbigracia el trust norteamericano, del conglomerado de maquiladoras, First Brand Group, que “desapareció”, recientemente, a finales de enero, dejando en la calle a centenares de obreros en Ciudad Juárez (Centric Parts, en Matamoros (Tridonex) y en Mexicali (Autolite).

Es un hecho, la oligarquía financiera internacional al invertir sus capitales en determinado país lo hacen sobre terreno seguro. Saben de antemano las ganancias que van a obtener. Los imperialistas no invierten sus cuantiosos capitales a ojos cerrados.

La razón fundamental por la cual “México está de moda”, como presume Sheinbaum, se debe a que nuestro país es un emporio colonial donde se encuentran los esclavos más sumisos y baratos del mundo. Además, donde abundante agua, amplios terrenos, colosales termoeléctricas, magníficos puertos, súper carreteras y modernos ferrocarriles, etcétera, que están reservados para que los todopoderosos inversionistas se sirvan con la cuchara grande. Frecuentes y largos “apagones” y cortes de agua en las colonias proletarias y barrios misérrimos, mientras que en las miles de maquiladoras y empresas extranjeras en ningún momento faltan ni el agua ni el gas ni la electricidad.

“¡Primero los pobres!”, vociferan los entreguistas y pinochetistas de la “4T”. En realidad en nuestra patria son primero los ricos burgueses. Y lo serán mientras perviva el sistema capitalista.

Retornemos. Los revolucionarios siempre pondremos en la picota a los malditos burgueses y a sus “históricos” aumentos salariales. Denunciaremos que todo aumento salarial concedido “desde arriba”, esto es, por la clase burguesa que detenta el poder no es más que una ilusión pasajera. “Aumento” que a los pocos días queda hecho polvo por los aumento a los comestibles, como ya lo hemos señalado.

Pero de ninguna manera estaremos en contra de un motín, alzamiento o huelga del proletariado por lograr, “desde abajo”, un aumento salarial, verdaderamente substancioso. Lo organizaríamos (como es nuestro deber), lo atizaríamos con enjundia. Verbigracia la huelga general revolucionaria, “Movimiento Obrero 20-32”, suscitado en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas en enero de 2019, la cual cojeó y desbarrancó por estar dirigida por falsos socialistas encabezados por la ensoberbecida y lumpen diputadete morenista, y hoy petista (de una alacranera a otra), Susana Prieto Terrazas, que fungieron como bomberos del incendio proletario. Como diligentes agentes de la burguesía imperialista.

Los marxista-leninistas-stalinistas dirigen la lucha economicista de la clase obrera no solo para obtener condiciones ventajosas (aunque éstas fuesen temporales, un leve respiro a su condición de esclavos) de la venta de su fuerza de trabajo, sino para destruir el sistema capitalista que obliga a los pobres a venderse ocho, diez o doce horas diarias al rico capitalista. En otras palabras, los revolucionarios comunistas no son reformistas. No recetan aspirinas para curar el cáncer. El reformismo, es decir, la lucha por extirpar el cáncer con aspirinas (cosa que nunca se lograra) hace más larga la tormentosa y obscura noche de los esclavos asalariados. Los comunistas atacan, de manera revolucionaria, las causas, es decir, al Estado burgués. Al sistema capitalista que condena al pobre a la eterna esclavitud.

Nunca habrá aumento salarial, aunque éste sea “colosal” o “histórico” (como alardea el régimen militar de la “4T”) que libere al trabajador de la esclavitud. Solo una revolución socialista organizada y dirigida por lo más puro y audaz del proletariado podría romper las cadenas que mantienen a los trabajadores uncidos al yugo. Otra salida no existe.

 

Atentamente,

Javier Antuna

Correo: [email protected]

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Autor(a)

Redacción Zeta
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Redacción de www.zetatijuana.com
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