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martes, febrero 20, 2024
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La esperanza de México

Misticismo, esoterismo, simbolismo y espiritismo. La personalidad del Presidente, y hasta hace poco dirigente de Morena, es bastante particular. No dejo de admirar su arrojo, valentía, persistencia e inteligencia. Sin duda, es uno de los hombres más inteligentes de los últimos tiempos.

Enarboló como bandera de su movimiento, el rechazo, el desprecio a los antivalores y vicios que en todos los ámbitos de la sociedad y de la convivencia, dañan y destruyen. La mentira, el robo y la traición. Eso fue un trancazo, independientemente de que se combatan o no.


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Al mismo tiempo, recorrió el país entero, casa por casa, abrazando y mirando a los ojos a cada ciudadano que tuvo oportunidad, prometiendo y comprometiéndose a cumplirlo, pidiéndole su apoyo para llegar y lograrlo; y con ello despertó la esperanza -en muchos casos olvidada, adormecida- de los sectores más necesitados de la población. Ahora sí los volteaban a ver… Ahora sí los atenderían, tras años de olvido.

Para amarrar, retomó aquellos episodios más representativos de la cultura popular de los mexicanos: La independencia, la reforma y la revolución, rescatando de ellos lo heroico de las acciones, y enalteciendo a los personajes más destacados de esos movimientos históricos, quienes son objeto de admiración de la mayor parte de la población cuya edad se ubica de los 40 en adelante.

Había que cubrir a los jóvenes también, por ello se comprometió a crear los apoyos económicos para estudiantes, los llamados “ninis”, adultos mayores, etc.


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Y de esa manera nació la Cuarta Transformación, que teóricamente -en la concepción del Presidente- es la que sigue a los tres movimientos ya mencionados, que arrojaron como resultado una transformación social, sólo que esta ocasión sin armas y sin nueva Carta Magna.

Imprimió a su movimiento (y después a su gobierno) misticismo, esoterismo, simbolismo y espiritismo, logrando con ello un acercamiento estrecho con los pueblos originarios y su apoyo, llegando al grado de entregar un “bastón de mando” a quien le sucedería en la conducción y dirigencia del movimiento.

En cambio, del éxito de su gobierno no podemos hablar, pues la estrategia de seguridad definitivamente no ha funcionado. Cada víctima del crimen, organizado o no, debería ser motivo suficiente para dar un giro de 180 grados al timón. Pero no. Eso no es popular. Se llegó al extremo de avergonzar al ejército, obligándolo a soltar a un narco conocido, demostrándose con eso quién manda en el país, mientras que se hacen sordos y ciegos en las fiscalías para no mover el avispero. Y los delincuentes ganan terreno. Secretarías enteras con manejo discrecional de presupuesto, incluyendo los apoyos económicos a los diferentes sectores, dan como resultado el surgimiento de nuevos ricos tras enquistarse unos años en el poder.

El gobierno en todos los niveles se ha llenado de priistas, panistas, y de todo tipo de personajes arribistas que una vez alcanzado o conservado el hueso, no dudan en cambiarse de camiseta y de partido. La corrupción, el tráfico de influencias y la manipulación de las instituciones en pro de intereses personales y de grupo, continúa como siempre. Así es… como siempre.

No dudo que el Presidente esté enterado de eso, pero no puede hacer mucho. Sólo le queda aferrarse a los conceptos torales de su política y muchas veces defender lo indefendible… a sabiendas. 

Lo cierto es que la 4T en realidad no existe como tal. Es un concepto imaginario, difuso, pero no cabe duda que el Presidente supo conjuntar los elementos necesarios, armar con ellos un movimiento y después un partido político, estructurar una campaña exitosa que lo llevó a ocupar la primera magistratura y volverse un icono del izquierdismo, como una brocha a la que todos se quieren colgar -literalmente- todos y todas.

La ungida, el relegado, gobernadoras y gobernadores, ediles, legisladores, todos repiten las consabidas frases mágicas que ya todos nos sabemos. Se toman fotografías cerca del Presidente, atrás o enfrente de él, no importa; le dan a cargar la criatura, se fletan en discusiones encarnizadas en las diferentes tribunas con el otro bloque, con la esperanza de que la marea guinda los siga cubriendo con su manto sagrado.

Fuera del tren, la refinería, el aeropuerto y los apoyos en dinero, no se ve mucho cambio, y sí un país claramente secuestrado por el crimen organizado. Y también sin organizar. 

Pero sin contar lo anterior, es verdaderamente admirable lo logrado a título personal por el Presidente. Es su movimiento. Es su partido. Y es su gobierno, independientemente de lo que suceda con el país.

Agradezco la atención que se sirvan prestar al presente. 

Atentamente,

Alfredo Flores Ramírez.

Tijuana, B.C.

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