Otra de Rosarito

Foto: Archivo
Columnaz lunes, 4 abril, 2022 12:00 PM

En menos de dos meses, Blanca Esthela, residente de Playas de Rosarito, ha sido víctima de la delincuencia en cuatro ocasiones. Le han robado su vivienda aun cuando la familia se encuentra dentro. En cada uno de los atracos ha solicitado apoyo de elementos de la Policía Municipal, pero nadie acude a su llamado. Simplemente ignoran su solicitud.  “Me siento impotente, defraudada. Tengo 22 años viviendo en Rosarito y nunca me había sentido tan desprotegida como ahora. No puedo creer que en tan poco tiempo me hayan robado tantas veces y la Policía no haga nada”, refiere la ciudadana, para quien la delincuencia está “desmedida” en Playas de Rosarito y “no hay quien se encargue” de brindar seguridad a los residentes. Blanca Esthela, quien tiene un pequeño negocio en la colonia Colinas de Aragón, dice que la Policía Municipal no cumple su labor preventiva ni de apoyo al ciudadano. Ante la ola de asaltos, optó por salir sin bolsa ni documentos importantes. Pero hace unos días, a unos metros de su casa, se topó con un retén de agentes municipales. Le pidieron detener su vehículo Honda CRV 1999 y mostrar su licencia de conducir y documentos del carro. La mujer comenzó a buscar entre sus prendas la licencia de manejo, que traía envuelta en papel, pero lo oficiales se impacientaron y solicitaron la presencia de una grúa para remolcar el vehículo. No habían pasado ni cinco minutos cuando la unidad ya había sido enganchada y trasladada al corralón municipal, donde, por cierto, a Blanca Esthela le robaron la llanta de refacción y no le pidieron un solo documento que acreditara la propiedad del vehículo para sacarlo. La mujer solicitó el apoyo del juez y argumentó lo antes relatado, “lo más que pudo hacer” fue disminuir la multa a 3 mil 500 pesos, cantidad que tuvo que solicitar prestada a su familia. Molesta, acudió al Casa Municipal a denunciar el mal actuar de los policías y el excesivo cobro, pero al llegar a presidencia, una mujer de poco más de 50 años, que se encontraba en la recepción, se limitó a decirle: “Es que no tenemos dinero, se acercan las elecciones”.

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