La impunidad universitaria

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Opinionez Lunes, 10 Septiembre, 2018 12:00 PM

La UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) es nuestra Máxima Casa de Estudios. Por sus aulas han pasado infinidad de estudiantes, maestros, investigadores, deportistas, etc., gente muy reconocida y mentes valiosas que han aportado todo su talento al país en diferente modalidades.

Es tal el interés y la demanda por ingresar a la UNAM, que desafortunadamente todos los años se tienen que quedar alumnos fuera de la institución y optar por otras opciones. Aun así, la universidad por décadas ha sido una incubadora de conocimiento y experiencia.

Si bien, su servidor no estudió en la UNAM, sí lo hice en una universidad pública como la UABC (Universidad Autónoma de Baja California) y puedo afirmar, con enorme orgullo, que me desarrollé en una institución que me brindó todo.  Siempre estuvieron a mi alcance las herramientas necesarias, solo era cuestión de ir por ellas.

Regresando al tema de la UNAM, no puedo negar que me hubiera encantado ser estudiante en la época donde catedráticos impartían clases. Me imagino el privilegio de formar parte de esas generaciones con grandes oradores, quienes a través de sus ponencias y disertaciones, aportaban conocimiento puro.

Como la gran mayoría de mexicanos, siento un gran cariño por la UNAM, ahora que tengo la oportunidad de vivir en la CDMX, las veces que recorro sus instalaciones, francamente me dejan sorprendido: edificios, murales, estadio, jardines y la vida misma universitaria me hacen sentir parte de la institución.

Desafortunadamente, todas estas cosas que me hacen sentir orgulloso, se ven opacadas por supuestos estudiantes y autoridades universitarias incompetentes.

Me parece de lo más aberrante que desde 2000 esté tomado uno de los auditorios más simbólicos de los tiempos maravillosos en la vida estudiantil, me refiero al auditorio Justo Sierra, donde figuras de la talla de Pablo Neruda esparcieron todo su conocimiento.

Desde el movimiento universitario, hace 18 años, se le ha denominado coloquialmente auditorio Ernesto “Che” Guevara, como un homenaje a la revolución cubana y a la lucha por la injusticia. Este lugar, sagrado en su momento, hoy en día es un auténtico chiquero. Permanece en posesión de los “estudiantes” y por paradójico que resulte, se ha convertido en “una escuela de delincuentes”. En ese mismo lugar, ocupado en su mayoría por gente ajena a la institución, se venden todo tipo de drogas, no cualquiera puede entrar, porque tiene dueño, es literalmente un sitio controlado por la mafia.

Los rectores han sido omisos a esta situación y ahora un nuevo problema les reventó en sus narices, grupos de los denominados porros universitarios agredieron a estudiantes del CCH Azcapotzalco, quienes se manifestaban en las instalaciones de rectoría, exigiendo la destitución de la directora de ese plantel.

El resultado fueron varios jóvenes lesionados por palos, piedras, varillas, cuchillos y hasta bombas molotov.

La gran pregunta es dónde chingados está la autoridad universitaria y los policías de la Ciudad de México. No se vale decir que por respeto a la autonomía de la UNAM, no se puede ingresar a poner orden. Me parece más que ridículo el argumento.

Y lo que más lamento es el silencio de los universitarios. ¿Dónde están los egresados de la universidad que ahora son grandes investigadores, literatos, pensadores, políticos, doctores, líderes de opinión, comunicadores, deportistas, etc., para demandar lo más sagrado: seguridad y certeza para quien sí quiere estudiar?

Basta de mantenerse al margen por supuestamente no querer manchar a la UNAM, más daño le están haciendo con su silencio cómplice. Demuestren de qué están hechos y no solo se expresen cuando en medio de un estadio entonen un “goya, goya” que cada día luce más insípido y desabrido con acontecimientos como los que acaban de ocurrir.

 

Alejandro Caso Niebla es consultor en políticas públicas y comunicación; se ha desempeñado como vocero en la Secretaría de Hacienda y Secretaría de Desarrollo Social en el Gobierno Federal, así como Director de Medios en la Presidencia de la República. También fungió como Director de Comunicación Social en el Gobierno del Estado de Baja California. @CasoAlejandro

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