Ana Frank, pensamiento y espiritualidad


 
Opinionez Lunes, 6 Agosto, 2018 12:00 PM

¡Una conciencia tranquila te hace sentir fuerte!- Ana Frank, Diario.

 

Todos vivimos sin saber por qué ni para qué. Todos vivimos con la mira puesta en la felicidad. Todos vivimos vidas diferentes y sin embargo, iguales. Nos han educado en un buen ambiente; podemos estudiar, tenemos la posibilidad de llegar a ser algo en la vida. Tenemos motivos suficientes para pensar que llegaremos a ser felices, pero nos la tenemos que ganar a pulso. Eso es algo que no se consigue con facilidad. Ganarse la felicidad implica trabajar para conseguirla y hacer el bien, no especular ni ser un holgazán. La holgazanería podrá parecer atractiva, pero la satisfacción solo la da el trabajo.

No comprendo a la gente que no le gusta el trabajo, que no tiene ninguna meta fija y se cree demasiado ignorante e inferior como para conseguir cualquier cosa que se pueda proponer. No sabe lo que significa hacer felices a otros y yo tampoco puedo enseñárselo. No tiene religión, se mofa de Jesucristo, usa el nombre de Dios irrespetuosamente; aunque yo tampoco soy ortodoxa, me duele cada vez que noto lo abandonado, lo despreciativo y lo pobre de espíritu que es.

Las personas que tienen una religión, deberían estar contentas, porque no a todos les es dado creer en cosas sobrenaturales. Ni siquiera hace falta tenerle miedo a los castigos que pueda haber después de la muerte; el purgatorio, el infierno y el cielo, son cosas que a muchos les cuesta imaginarse, sin embargo, el tener una religión, no importa de qué tipo, hace que el hombre siga por el buen camino. No se trata del miedo a Dios, sino de mantener alto el propio honor y la conciencia. ¡Qué hermoso y bueno sería que todas las personas, antes de cerrar los ojos para dormir, pesaran revista a todos los acontecimientos del día y analizaran las cosas buenas y malas que han cometido! Sin darte casi cuenta, cada día intentas mejorar y superarte desde el principio, y lo más probable es que al cabo de algún tiempo, consigas bastante. Este método lo puede utilizar cualquiera, no cuesta nada y es de gran utilidad. Porque para quien aún no lo sepa, que tome nota y lo viva en su propia carne. ¡Una conciencia tranquila te hace sentir fuerte!

Los tres párrafos anteriores, íntegros, son de la joven adolescente Ana Frank, los escribió un 6 de julio de 1944. Un mes después de sus XV años, celebrados en la clandestinidad. El 4 de agosto, denunciada con sus padres y vecinos, fue trasladada al campo de exterminio de Auschwitz, Polonia. Entre febrero y marzo de 1945, murió enferma y desnutrida con su hermana Margot, en el campo alemán de Bergen-Belsen.

Oraciones, lecturas, luchas internas; humillaciones, privaciones, miedos, esperanzas, alegrías, persecuciones, regaños; problemas interiores del alma, su desarrollo corporal; cuatro años y más vividos encerrada en plena adolescencia, añorando la libertad, la vida sencilla.

Son desgarradores textos de esta niña judía a la que le sobrevivirá solo su padre, de las ocho personas que vivieron en la “casa de atrás”, en Ámsterdam, Holanda; perseguida y pisoteada por la Alemania Nazi y liberada por Rusia, Inglaterra y Estados Unidos.

Ana Frank, entre más limitaciones y dificultades, como San Ignacio de Loyola, propone como espiritualidad diaria, no dejar pasar lo que el fundador de la Compañía de Jesús (jesuitas) llamará Examen Diario. La joven Frank llegará a la conclusión ignaciana, claro, por su camino judío de pensamiento y espiritualidad, ¡qué hermoso y bueno sería que todas las personas, antes de cerrar los ojos para dormir, pasaran revista a todos los acontecimientos del día y analizaran las cosas buenas y malas que han cometido! (Diario de Ana Frank).

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali. Correo: saeta87@gmail.com

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