Anaya, perdiendo el partido…

FOTO: MARIO JASSO /CUARTOSCURO.COM
 
Destacados Miércoles, 13 Diciembre, 2017 03:26 PM

Cuando Felipe Calderón Hinojosa, siendo dirigente nacional del Partido Acción Nacional, reflexionó sobre la lucha por el poder que se avecinaba en su partido al acceder al gobierno, decretó una de las frases que para los panistas habían tenido más peso político en la construcción de su proyecto democrático, de bien común, dignidad para el ciudadano y desarrollo para la sociedad. “Hay que ganar el Gobierno sin perder el partido”, aleccionó.

Más de diez años después, aquella frase es el antirreflejo de lo que hoy sucede en el PAN. Guiado por la batuta de Ricardo Anaya, el PAN quiere ganar el Gobierno y está perdiendo el partido.

La intensa lucha que desde 2015 planificó Anaya, para sucesiva e implacablemente apoderarse de la cúpula albiceleste, imponer candidatos, ganar elecciones en alianzas con la izquierda, pretender el manejo de las mesas directivas de las Cámaras Legislativas Federales, y hoy prácticamente autoproclamarse candidato del Partido Acción Nacional y sus aliados a la Presidencia de la República, van dejando una estela de militancia lastimada y en clara desbandada. Tras cada triunfo de Ricardo Anaya al interior del PAN con reflejo al exterior, hubo heridos, traicionados y minimizados liderazgos panistas en todos los Estados de la República.

Fue el empecinamiento de Anaya para lograr la candidatura del PAN a la Presidencia de la República, desde la dirigencia nacional del Partido lo que por ejemplo, llevó a Margarita Zavala a renunciar a su militancia azul. Impensable hecho considerando que fue la esposa de un dirigente de ese partido que a su vez fue Presidente de la República. Felipe y Margarita en muchos círculos panistas, representaban a lo más tradicional de ese instituto político, y hoy ella está fuera, y él se ha convertido en uno de los más férreos opositores a la cúpula anayista.

Fue el ansia de poder lo que llevó a las huestes de Anaya a querer controlar la mesa directiva del Senado de la República, la causal de la separación de tres de los más reacios albiazules en esa Cámara, a buscar apoyos con los partidos opositores para ganarle la Presidencia del Senado. Efectivamente, Ernesto Cordero –disidente al anayismo- fue electo titular de esa Cámara Legislativa con la ayuda de otros dos panistas, Roberto Gil y Javier Lozano, quienes a su vez fueron arropados por priístas en su mayoría para la lograr la victoria camaral. Los tres, Cordero, Gil y Lozano, acompañados de otros panistas, llevan la contra al precandidato a la Presidencia de la República, y lo más probable es que de ser Anaya el candidato, harán campaña para el abanderado de otro partido.

Al organizarse un acto de renuncia a la dirigencia nacional que fue mejor dicho el primer acto de precampaña, Ricardo Anaya pasó por encima de por lo menos tres panistas que aspiran también a la candidatura azul a la Presidencia de la República, Luis Ernesto Derbez, Juan Carlos Romero Hicksy Ernesto Ruffo Appel, no fueron considerados para hacer una “democrática” presentación de los aspirantes azules. Caso contrario fueron minimizados de la esfera electoral azul.

Apenas había tomado posesión como dirigente nacional del PAN, cuando Ricardo Anaya traicionó a quien lo apoyó en esa misión. Gustavo Madero, quien lo había dejado en la dirigencia cuando él mismo se retiró en busca de una diputación federal, regresó para apoyarlo en una contienda a ganar la posición. La aspiración de Madero era presidir la fracción panista en la Cámara baja, para lo cual contaba con el apoyo del nuevo dirigente, Anaya, quien decidió no darle el respaldo.

El rápido ascenso político de Ricardo Anaya, considerando que entró al panismo a los 21 años y 18 años después ya es candidato a la Presidencia de la República, está marcado por la división interna. Y está claro que el PAN dividido no gana elecciones, las pierde. Ahí está el caso más reciente de Josefina Vázquez Mota hace seis años y hace unos meses. Primero cuando buscó la Presidencia de la República, y panistas con seguidores y peso en el partido desviaron sus votos hacia el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto cuando vieron que la mujer no despegaba y Andrés Manuel López Obrador estaba cerca de ganar. Y recientemente, cuando le dieron la candidatura al Gobierno del Estado de México, y ocurrió lo mismo, solo que ahora a favor de Alfredo del Mazo y en detrimento de ella, para afectar a la abanderada de Morena, Delfina Gómez.

¿A qué le apuesta el divisor Anaya? A la fórmula que le hadado resultados en estados como Veracruz, Durango, Quintana Roo, y Baja California, gobiernos a los que el PAN ha llegado en coalición con el Partido de la Revolución Democrática. Es decir, el panismo que resta Ricardo Anaya, lo suma en perredistas, y ahora en simpatizantes de Movimiento Ciudadano, con cuyos dirigentes nacionales, Alejandra Barrales (aun), y Dante Delgado, respectivamente, ha conformado, primero el Frente Ciudadano por México, y ahora registrado la coalición Por México al Frente, en cuyas bases quedó asentado que en su alianza al 2018, la candidatura a la Presidencia de la República, recaerá en el partido que más representación y simpatías tenga de los tres, con lo cual el PAN se lleva la grande, haciendo a un lado al primer damnificado de Anaya en otro partido, Miguel Ángel Mancera, a quien la cúpula perredista ya había dado su respaldo para la candidatura a la Silla del Águila.

En las elecciones presidenciales de 2012, el Partido Acción Nacional quedó relegado a un tercer lugar nacional con los 12 millones 786 mil 647 votos que logró Josefina Vázquez Mota, contra los 15 millones 896 mil 999 sufragios ganados por Andrés Manuel López Obrador respaldado por el PRD, el PT y el MC, ambos fueron avasallados por el actual Presidente de la República, a quien en tribunales le validaron los 19 millones 226 mil 784 votos compra…, perdón, logrados por el PRI y su aliado el Verde.

Con todo que la capacidad de Anaya para ejecutar todos sus movimientos para llegar al partido primero, y obtener la candidatura después, ha sido ejemplar, especialmente para sobreponerse a los golpes de sus detractores, la estrategia del joven panista no da la sumatoria, pero si abona a la división interna que encamina a su partido, por segunda ocasión, a la tercera posición política nacional. Pero además, perdiendo el partido, entre alianzas, traiciones, rebases y desestimaciones, en su pretensión de ganar el Gobierno.

O lo que es lo contrario a la máxima de Felipe Calderón: perdiendo el partido para no ganar el gobierno.

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