Cuando el espíritu habla por la raza


 
Cartaz Lunes, 4 Septiembre, 2017 12:00 PM

La auténtica democracia no es quejarse del gobierno, es construir juntos la estructura social, con la exigencia de que cumplan lo prometido. No es ser cómplice de intereses mezquinos. En la democracia, no todos ganan ni todos pierden, pues no se trata de ganar o perder, se trata de construir un Estado de derecho y respetarlo. Lo más deleznable es atender y proteger a los compañeros de partido y familiares, con el fin de realizar negocios corruptos. ¿Por qué los políticos nos han perdido respeto cuando somos nosotros quienes los elegimos y mantenemos? Creo que entre los problemas de la ciudad figura de forma prominente la preocupación por una ordenación más justa y una pacífica convivencia entre vecinos y la sociedad.

El Estado, ciudadanos, gobernador, presidente, diputados y jueces tienen evidentemente un fin, el de decidir sobre el derecho. Lo promulgan, lo dan, pero no arbitrariamente, sino en vista de obtener un resultado determinado.

No porque las leyes civiles emanen de la voluntad y consenso de legisladores, hay que creer que todos las cumplen.

La finalidad del Estado de derecho es la justicia y la seguridad. La función del Estado, visto como la más elevada organización ciudadana, consiste en promulgar o en decidir sobre el Derecho. El Estado asegura el bien de la sociedad, está llamado a regir el bien de todos sus ciudadanos.

Por lo tanto, no de apreciaciones subjetivas ni variables, como ocurre cada vez que abre la boca Jorge Casillas, diputado panista de la XIX Legislatura, el cual es un protegido y socio de Osuna Millán, ex gobernador. El “honorable juez”, Mario Fernando Ruiz Sandez, que dio el gane al entonces diputado del juicio de interdicto de obra nueva, expediente 0792/2009B. Además, nos condena a pagar $ 957, 828.45 pesos al ex diputado por consultas y gastos. Si tu vecino construye un edificio, ¿tendrías que pagarlo por él?

Tenemos en contra a los tres poderes del Estado, ensañados en terminar con el esfuerzo familiar que representa el Restaurante “Acámbaro”, cerrado hace ocho años. Cruel paradoja, los ciudadanos generamos riqueza y los que gobiernan causan pobreza.

Pero, cuando estos tres poderes aparentan interés por solucionar la problemática entre vecinos, lo cual es parte de su trabajo, ocurre que abandonan ese camino, apostando a su olvido e indiferencia y, a su vez, le apuestan al desistimiento por el desgaste que ocasiona esta lucha. Jamás se aplica la ley: artículo 140 de la Ley de Desarrollo Urbano, la Ley de Edificaciones del Municipio de Ensenada y demás aplicables.

¡Esto es la negación de la razón!

En el acuerdo fechado el 5 de julio de 2017 y otro más efectuado cinco días después, los dos emitidos por la Administración Urbana, Ecología y Medio Ambiente, firmados por el arquitecto César Cuevas Ceseña, se apercibe al exdiputado Casillas a que cumpla con las leyes y reglamentos. Además, se reconocen que sí existen daños y riesgos, luego de ochos años de efectuadas nuestras denuncias y peticiones. Justamente, lo que el arquitecto Cuevas Ceseña no quiso ver en 2009. ¿Cómo le llamaría Usted a todo esto? Después de todo, ocho años pasaron para decir que sí existen daños y riesgos, de acuerdo a Protección Civil Municipal y Bomberos.

¿Cuántos años pasarán para darle solución final a esta problemática?

¡Señores, vivimos un Estado de derecho!

Nos espetó el gobernador.

 

Rubén R. Hernández Soto

Ensenada, B. C.

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