Monseñor Salvador Cisneros,  45 Aniversario sacerdotal

Fotos: Ramón Blanco
 
Perfilez Lunes, 29 Agosto, 2016 12:00 PM

Al culminar sus estudios de primaria, confesó a sus padres el deseo de ingresar al Seminario. Fue en Morelia, Michoacán, donde cumplidos los 12 años de edad se integró al sacerdocio; han transcurrido 45 años de aquella ordenación que hoy Monseñor Salvador Cisneros Gudiño celebra con plenitud en Tijuana.

A tierras fronterizas arribó en 1970, por invitación del extinto Juan Jesús Posadas Ocampo, quien sería nombrado Obispo de la Diócesis de Tijuana; la misión que le encomendaron fue la de fortalecer el Seminario de la ciudad, ya que la falta de maestros era frecuente.

“Mi decisión de vida la tomé en experiencia a un tío sacerdote, además, mi padre fue seminarista en Morelia, pero también cuando estudié con los maristas la primaria, en ese tiempo di catecismo a los niños de la comunidad, que era una zona muy pobre, los ayudábamos a prepararse para su Primera Comunión; así es que la decisión tomada fue muy grata para la familia”, compartió Monseñor Cisneros.

En agosto de 1970, ingresó al Seminario -ubicado en el Cerro Colorado- como Diácono y con un cargo de Prefecto de Disciplina. Impartía clases de Filosofía. Poco a poco se fue integrando a las costumbres fronterizas. En ese tiempo se consideraba un maestro rígido, severo, pero con el paso de los años se ha vuelto más flexible.

En 1977 fue nombrado rector del Seminario, rondaba los 30 años de edad, siendo uno de los sacerdotes más jóvenes en ocupar el encargo.

En su trayectoria, Monseñor Salvador Cisneros también impartió cátedra en la Universidad Autónoma de Baja California, en la Facultad de Filosofía y Comunicación; así como en la Universidad Iberoamericana, en la Licenciatura de Derecho. Aunque se despidió de las aulas universitarias, sigue ejerciendo en el Seminario. También ha sido columnista en diferentes medios de comunicación.

Monseñor Cisneros reflexiona tras 45 años de sacerdocio en esta ciudad; tres comunidades lo han visto crecer espiritualmente: Seminario, Iglesia Estrella del Mar (Playas de Tijuana) y Santa Teresa (Gabilondo).

 

“Me ha tocado crecer al ritmo de la ciudad, momentos desafiantes como las inundaciones de los años 80s y del 93,  cuando se removió Cartolandia y el Seminario se convirtió en centro de acopio y distribución. Tijuana era una ciudad muy fraterna, humanista, tranquila, pacífica y de mucha apertura, una sociedad muy emprendedora y un turismo muy tranquilo. Después vino el terremoto de 1985 y hubo mucha migración, (la ciudad) cambió bastante de estilo; luego el narcotráfico, momentos muy violentos y crueles, de manera que me ha tocado vivir muchas cosas”, dijo.

Párroco desde hace siete años en Santa Teresa, señaló que en cada una de las comunidades donde ha impartido doctrina ha sabido ganarse a grandes amigos, de hecho a la celebración por su 45 Aniversario sacerdotal, celebrada el 19 de agosto, acudieron feligreses de distintas partes de la ciudad, así como varios religiosos encabezados por el Arzobispo, Monseñor Francisco Moreno Barrón.

Distinguido como una persona franca y concienzuda, no repara en opinar sobre temas espinosos que afectan al catolicismo: matrimonio igualitario y sacerdotes pederastas.

Del matrimonio entre parejas del mismo sexo, opina: “Hay que distinguir el plano de la naturaleza, ética humana y de la ley civil, son tres dimensiones que hay que saber ubicar en su justo lugar. La naturaleza nos dice que el hombre y la mujer son el complemento, si no respetamos esa relación, estamos atentando al futuro de una sociedad. La ética significa la valoración de las relaciones, porque a veces hay parejas, hombre-mujer, muy violentos, agresivos; y la ley tiene que mediar, los legisladores harán su trabajo. La Iglesia podría tomar una actitud menos fuerte confrontando a los legisladores, exhortando a que piensen, que hagan una valoración de las cosas, pero que no fomenten la desintegración social, el permisivismo moral.

Sobre los sacerdotes pederastas mencionó que los casos recientes han afectado a la Iglesia, influyendo en las vocaciones sacerdotales, “… un joven que escucha en las noticias esa información y toma su distancia frente a la vocación. Para mi gusto es una noticia que se ha exagerado un poco. Al sacerdote se le exige mucho más, cuando la pederastia es problema generalizado que se sitúa en todos los ámbitos sociales”.

Por último,  Monseñor Salvador Cisneros exhortó a las familias  a recuperar los valores básicos, que son fundamentales para el ser humano: “Sin Dios el hombre se queda solo, perdido”.

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