En última instancia, eso significa que Estados Unidos reconozca que su conducta imperialista es la causa del conflicto. También significa que los gobernantes estadounidenses acepten el hecho de que ya no tienen ninguna autoridad ni dominio militar para imponer su voluntad ilegítima sobre otras naciones.
Los iraníes se ubican en el Grupo “G” que tendrá como sede Los Ángeles, donde se medirá a Nueva Zelanda el 15 de junio y a Bélgica el 21 de junio para luego viajar a Seattle, donde enfrentará a Egipto el 27 de junio.
La Guardia Revolucionaria iraní advirtió que responderá con medidas “punitivas” ante cualquier ofensiva de Estados Unidos contra sus centrales eléctricas, incluyendo el cierre total del estratégico paso marítimo.
Lo que Washington y Tel Aviv no terminan de comprender es algo que los iraníes conocen por experiencia propia: la memoria histórica pesa más que cualquier cálculo geopolítico superficial. Irán no es un Estado creado artificialmente sobre un mapa colonial, como sí ocurrió con Irak o con varias naciones africanas. Es una civilización con miles de años de continuidad histórica, donde la diversidad étnica ha sido la norma y no la excepción.